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No hagamos una tormenta de una llovizna: Alfonso Romo

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Parte 2

“No hagamos una tormenta de una llovizna”, dice Alfonso Romo mientras le recordamos que el titular de la Secretaría de Hacienda, Carlos Urzúa, pide no hacer una tormenta en un vaso de agua por la baja en la perspectiva de la calificación del gobierno y de decenas de empresas en el país, como Pemex.

“Coincido con el secretario Urzúa. No hagamos una tormenta de una llovizna. Tiene toda la razón el secretario. Pero también le digo, vamos conquistando a las calificadoras, porque si los mexicanos hablan bien de México, si los extranjeros hablan bien de México, y las calificadoras nos dan el voto de confianza, pues en lugar de ser la tormenta perfecta, va a ser la oportunidad del siglo”.

El empresario Alfonso Romo Garza, quien se alejó de los reflectores tras vender Seminis, Cigarrera La Moderna y la aseguradora Comercial América a finales del siglo pasado, saltó nuevamente a la escena pública al encabezar el equipo de expertos que elaboró el proyecto de nación que Andrés López Obrador utilizó como argumento para ganar la Presidencia de México.

Él conoce y apoya al mandatario desde 2011 y hoy es un estratega fundamental del gobierno, incluso muchos observadores lo perciben por encima de los secretarios de Estado, con más poder. Pero le gusta mantener su bajo perfil: “Callado, sordo, como hormiga”, dice él.

Romo cuenta que desde que el presidente López Obrador lo nombró jefe de la Oficina hizo un paréntesis formal en su vida privada y sus negocios, para dedicarse de tiempo completo a ayudarlo en la Cuarta Transformación del país. “Ahorita no estoy haciendo nada de negocios. Por supuesto que estoy enterado, por curiosidad, porque mis hijos están al mando, pero prácticamente el 99.99 por ciento del tiempo estoy dedicado a que le vaya muy bien a este gobierno”.

Casi no lo notamos en las conferencias de prensa, en las mañaneras, en las imágenes de las giras de trabajo del mandatario, ni en Palacio Nacional. “Cuando el Presidente me nombra Jefe de la Oficina en la Presidencia, pues ni soy vocero ni secretario de Hacienda, y los jefes de la Oficina del Presidente deben de mantener un perfil bajo para poder articular y ayudar al Presidente, y ese fue el mandato que me dio, pero nunca me quitó la responsabilidad de tener contacto permanente con el sector privado y lo tuve muy activo, pero en silencio (…) Aparentemente estaba yo rezagado, pero no estaba. Estaba bastante activo”.

Foto: Roberto Hernández

Es por eso que sorprendió el pasado 18 de febrero, cuando el jefe de la Oficina de la Presidencia apareció en Palacio Nacional junto a Andrés Manuel López Obrador y al menos 800 de los empresarios más poderosos de este país. Ahí asumió la responsabilidad de liderar el Consejo para el Fomento a la Inversión, el Empleo y el Crecimiento Económico.

—Hablando de empresarios, ¿qué es lo que está haciendo para calmar las aguas?—, pregunta el reportero.

—Creo que el plan de gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador es un plan de Centro Izquierda, porque tiene la convicción de no nada más combatir la corrupción, acabar con la impunidad, pero sí tiene especial (interés) en reducir drásticamente los márgenes de pobreza. No tengo duda. Y ahora en los últimos mensajes que ha estado dando ha sido muy preciso en decir que la única forma de repartir riqueza es creando riqueza. Entonces, el plan que hicimos para impulsar el sector privado como motor de la economía es crucial para combatir la pobreza. Y aunque hemos tenido decisiones controversiales, que han causado confusiones en muchos empresarios, y muchas veces con razón, creo que en el todo vamos caminando por el buen camino.

Alfonso Romo dice que hay que aplaudirle a los hombres de negocios que fueron a decirle a López Obrador a Palacio Nacional: “Aquí estamos, señor Presidente. Aquí estamos, no nada más los Carlos Slim, Alberto Baillères, el grupo Monterrey, Rogelio Zambrano Lozano, Lorenzo, Armando Garza Sada (…) también estaba José Santos Gutiérrez, José Luis González Íñigo, de Jalisco. Y estaba Don Carlos Álvarez Bermejillo, de industrias Guadalajara, de Farmacias Guadalajara. Había mucha gente de todo tipo, de todos los sectores, diciendo al Presidente: Aquí estamos listos para cooperar con México. Y lo más importante es que estaban 800 empresarios de toda la República y no quiero omitir nombres, porque había muchos, de todos los tamaños. Estaba todo el gabinete legal y ampliado y estaba el sector social, y el mensaje del Presidente fue: Aquí todos juntos, a crecer al 4 por ciento.

“Y luego, tu pregunta es correcta, los empresarios estaban escuchando el mensaje porque tienen ganas de ser convencidos de que esto va en serio, y fue un día muy importante para el país, porque como tú bien dices, hubo una historia de confrontaciones y ya. Vamos a caminar juntos”.

—¿Por qué nadie le explica al Presidente que estas declaraciones que a veces lanza contra calificadoras, los mensajes que da, o explicaciones que da de Pemex o de los órganos autónomos, en determinado momento sí le pueden hacer daño a la economía del país?

—El Presidente es el Presidente. Y su personalidad no la vamos a cambiar. Y voy a tratar de interpretar. El Presidente le está dando, no 24 horas al día al país, 24 horas y media, apasionadamente, y no tiene por qué estar de acuerdo o entender por qué una calificación, y voy a hablar de calificadoras. Las calificadoras sabían perfectamente bien cómo estaba la situación de Pemex, o de CFE, o del sector energético. No hay duda. Sobre todo porque en los últimos tres años subió la deuda de Pemex 50 billones de dólares y no producimos un barril de petróleo más. Entonces, estamos heredando un problema muy serio, con una mejor calificación en ese momento. Entra la nueva administración. No llevábamos ni 60 días, sale un reporte de las calificadoras desfavorable y el Presidente dice: “Oye, no es mi culpa, esto ya venía”.

El señor Presidente no viene del sector financiero, no tiene por qué entender que las calificadoras son frías, pero tampoco es explicable por qué había una mejor calificación antes, tres meses antes. Entonces, ahí se viene la confusión, sin embargo te lo digo, el equipo económico de Hacienda, nosotros aunque no estamos en Hacienda, sabemos perfectamente bien que ellos están calificando fríamente, financieramente a Pemex, y no les está gustando el futuro ¿Cuál es nuestro reto? Tener una buena historia de Pemex para poderla vender y que nos den tiempo a corregir los problemas.

—¿Por qué nadie le dice al Presidente que estamos hablando de futuro? Con un buen mensaje se puede frenar eso.

—¿Qué te puedo decir? Tienes toda la razón. Sí lo decimos, sí lo mencionamos, pero él quiere mandar un mensaje diciendo: “Esto lo heredé, que quede claro que lo heredé”. Ya nosotros tendremos que aclarar, más que reparar, esa situación.

—Don Alfonso Romo, ¿estamos en peligro en este momento?

—Yo no creo. Yo creo que… A mí me dio gusto, fíjate. No me dio gusto esto de la calificación, de las calificadoras, nos están llamando la atención de que debemos de poner atención y que tenemos que oirlas, de que algo no les está gustando. Y nosotros tenemos que ser lo suficientemente maduros y responsables para ponernos a trabajar, ganarnos su confianza a través de un esfuerzo de mejora, de que se vea la mejora que se está haciendo en Pemex, porque se está haciendo. Ahora nos falta saber contar la historia y que nos la crean. Entonces, yo lo agradezco que lo hayan hecho. No me gustó que haya sido tan rápido, pero ahora que yo la estoy viendo, nos ha puesto a trabajar para poder demostrarles que vamos a sacar a Pemex y a CFE más rápido de lo que piensan.

—Háblenos del 4 por ciento.

—Mira, el 4 por ciento es una medida. Para que todo el mundo entienda tienes que poner algo cuantitativo, y el Presidente es muy hábil, 4 por ciento es una medida alta, difícil, muy difícil de alcanzar, pero alcanzable.

Foto: Roberto Hernández

—No lo hemos alcanzado en mucho tiempo.

—En muchos años. Por eso lo estamos poniendo, porque es la Cuarta Transformación. Ahí está el cuatro. ¿Qué dije yo en el mensaje? Mi compromiso es el cambio de tendencia. Sin embargo, también te lo digo, si logramos transformar en hechos los grandes objetivos que tenemos, sí podemos terminar con un 4 por ciento, siempre y cuando se cumplan tres cosas. La primera, que el Presidente nos siga ayudando con un marco de confianza, de certeza jurídica y de seguridad física.

—El Estado de derecho que tanto se ha estado comentando.

—Por supuesto. Que esto es certeza. Segundo, que el mundo no se nos complique de más, porque eso sí no lo controlamos. Y tercero, que todo el gabinete cumplamos y le cumplamos al Presidente para poder llegar a ese 4 por ciento. Y yo creo que sí lo logramos.

—Pero de pronto, nosotros desde afuera lo que observamos y también lo que nos advierten es que vamos a tener tal vez un primer trimestre sin crecimiento, probablemente sea un semestre sin crecimiento, porque no se están atrayendo inversiones extranjeras por estos mensajes contradictorios, y usted al interior ¿cómo lo está viendo?

—Yo no estoy tan negativo. Yo calculo que probablemente sí, no crezcamos al 2 por ciento este año, pero sí vamos a crecer 1.7 por ciento. Es un cambio radical, la gente está observando todos los cambios. A todo cambio, la población siempre es muy conservadora, y prefiere pagar por ver.

Alfonso Romo asegura que hay un panorama mucho mejor de lo que todo el mundo cree. “Ahora, yo soy un optimista ¡eh¡ y el mundo se hace con optimistas, no con pesimistas”.

Sobre los primeros 100 días del gobierno de López Obrador dice que sustentan su optimismo. “Por eso estoy tan animado. Mira, tener una aprobación del 85 por ciento es fuera de serie”.