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Las horas contadas; testimonios del Colegio Enrique Rébsamen

  • Miércoles 19 de septiembre de 2018
  • en CDMX

Sobrevivir, es la palabra con el que los padres de los niños que perdieron la vida en el Colegio Enrique Rébsamen describen sus vidas actualmente.

La soledad se ha vuelto protagonista, sus hijos, sus razones de vida se han ido, ellos no buscan dinero, sólo buscan justicia, que les expliquen qué sucedió y aunque se cansan de buscar razones, no se dan por vencidos, sus hijos no tenían que morir.

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La tragedia se hizo presente, el 19 de septiembre del 2017, cuando les informaron que la escuela en la que estudiaban sus pequeños había colapsado por el fuerte terremoto que una vez más y luego de 32 años azotó a la Ciudad de México.

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Mireya, Alejandro, Miriam y Oscar experimentaron el dolor más fuerte de un padre, perder a un hijo y con lágrimas en los ojos, aún buscan una explicación para lo que les sucedió.

Miss Pilly, fue una de las maestras que ayudó hasta el último segundo, ella salvó a sus alumnos y otros tantos, sin embargo, no pudo evitar ver como la vida de muchos niños se le iba de las manos.

José Eduardo

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“Te amo mucha mamá”, fue lo último que Luis Eduardo le dijo a Miriam, su madre.

Ese día, ella lo fue a dejar al colegio, de camino siempre platicaban de algo en específico, el tema aquella ocasión fue el simulacro y el miedo que el pequeño sentía.

“Le dije que no tuviera miedo, que obedeciera a sus maestras y todo iba a estar bien”, dijo la mamá de Luis al recordar como lo vio entrar a la escuela, nunca pensó que no lo iba a volver a ver.

Paola



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“Yo le decía que era una princesa, ella se negaba y decía: No, soy la Mujer Maravilla”, contó Alejandro.

Mireya y Alejandro son los padres de Paola, una víctima de la tragedia del Enrique Rébsamen, que, de acuerdo con su padre, era una niña muy activa y quería ser una superheroína.

La mañana del 19-S, Alejandro llevó a sus dos hijos a la escuela, les pidió que se portaran bien y obedecieran a las maestras durante el simulacro para conmemorar el sismo de 1985.

Alejandro se fue directo al trabajo.

Adrián es el hermano de Paola y también asistía al mismo Colegio, a diferencia de su hermana, él logró salvarse porque su salón estaba en el primer piso del edificio que se colapsó y pudo desalojar rápido.

Una nube de polvo se atravesó en su camino, sus ojos se llenaron de polvo.


“Gritaba Paola, Paola, así siempre le llamaba, pero no la encontré, su salón estaba en el mismo piso que el mío” explicó.

Las horas pasaban, sus padres no llegaban y él no encontraba a su hermana. Lo siguiente fue que sus padres tuvieron que informarle que su hermanita había muerto.

“Sentí un balazo en el pecho cuando me lo dijeron, lloré mucho al lado de mi abuelita” describió Adrián al recordar esos difíciles momentos que para él han significado “vivir un infierno”.

Alexis

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Alexis fue el único de los alumnos de tercero de primaria que falleció, al momento del movimiento telúrico, él se encontraba en el baño con su amigo, Carlitos.

Óscar su padre, siempre le había inculcado la obediencia, aunque Carlitos le dijo que tenían que correr al patio, Alexis recordó que su miss le había dicho que durante una emergencia la buscaran, así lo hizo y el pequeño se quedó a mitad de las escaleras.

Óscar su padre hizo todo lo humanamente posible para llegar al lugar, pero cuando llegó ya era tarde.

Miss Pily

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“En esos momentos nos puse en manos de Dios y dije, somos ángeles no nos va a pasar nada” recordó, Miss Pily

Mis Pily, quien apenas llevaba un año en la institución, logró encariñarse con los niños y el personal de la escuela. Durante la emergencia salvó a sus 14 alumnos de quedar atrapados bajo los escombros y fue ella la única que permaneció dentro del colegio para ayudar en las labores de rescate.

A partir del 19-S la vida para los habitantes de la CDMX dio un giro de 180 grados, para Óscar, Miriam, Alejandro, Mireya y Miss Pily las heridas aún no cierran, se les han acabado las preguntas y ahora sólo quieren respuestas.

Ninguno se imaginó que esa mañana sería la última vez que verían sus hijos con vida.

Los días se han vuelto largos, al igual que las noches, la vida para los cinco se ha vuelto una lucha constante, pero no se cansan ellos pelean por la memoria de sus niños, porque la justicia llegue y la paz vuelva a ellos.