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Dueto indígena da a conocer su disco en rarámuri

  • Domingo 26 de marzo de 2017
  • en Cultura

por Gabriel Valencia

Tónachi, Chih. (OEM-Informex).- El chapareque es tocado desde hace mil años por los rarámuri, actualmente, por desgracia, lo desconocen los jóvenes, incluso lo desprecian por no saber su valor histórico y ancestral, expuso Martín Chávez, Makawi.

“Ya no se toca como antes el chapareque en las comunidades indígenas de la Sierra Tarahumara de Chihuahua”, dijo el cantautor rarámuri, oriundo de Rojogochi, del ejido de Basiware, rumbo a Creel, quien junto con su esposa Clorinda Palma Bustillo forman un dueto folclórico de música autóctona denominado “Makawia li Sewá”.

No son muchos los que tocan el chapareque en el municipio de Guachochi, sólo cuatro personas lo rasguean: tres hombres y una mujer, ellos son Toño Carrillo de Cusárare, Mateo Gardea de Simuchichi del ejido de Norogachi, Martín Ramírez Makawi de Rejogochi y Clorinda Palma de Ciénaga de Norogachi.

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“Es grave la situación de destrucción sistemática de nuestra cultura y espacio ancestral, se deriva de la influencia de la cultura mestiza, negativa y perjudicial en varios aspectos sobre las culturas indígenas, sus usos y costumbres, que poco a poco están desapareciendo”, apuntó el profesor Hermilo Aguirre Tapia.

“Los rarámuri somos milenarios, no somos de ayer”, dicen los conocedores de la música serrana y latinoamericana, mientras tocan el chapareque, el violín y la guitarra los integrantes el grupo Makawia li Sewá.

Al término de la cantata del dúo rarámuri se procedió a regalar a los indígenas que los escucharon, un CD con sus últimas composiciones denominado “Fusión Tarahumara”.

El dueto está integrado por Martín Chávez Ramírez y Clorinda Palma Bustillos, con el apoyo del Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (Pacmyc), grabaron el CD.

En la contraportada del disco se detalla la composición y forma en que tocan el chapareque, con sonidos naturales y sintetizados, a voz y con sonidos orquestales. El CD está integrado por 19 melodías grabadas.

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EL “ESLABÓN PERDIDO” ENTRE LA MÚSICA PREHISPÁNICA Y BARROCA

El chapareque es un instrumento musical de cuerdas ancestral, sin caja de resonancia, sustituida por la boca y la cabeza del ejecutante o rasgueador.

El chapareque, chapareke o chapahuela es un cordófono o instrumento mexicano de cuerdas, compuesto por palo de fuste de quiote, de poco más de medio metro de largo, con uno, dos o tres cuerdas tensadas, con puente y clavijas.

Para tocar el chapareque, el ejecutante puntea las cuerdas utilizando su boca como caja de resonancia, se trata de un instrumento originario de Chihuahua, del pueblo tarahumara o rarámuri, antiguamente las cuerdas eran de tripas de venado, hoy son de hule, explica Martín Chávez Makawi.

“Se trata de un instrumento antiguo de tres cuerdas montadas sobre un trozo de madera curvo que se saca del centro del maguey, es decir del “quiote de maguey”, pero ya seco, también se puede usar madera de encino, es parecido a un arco de cacería pero con tres cuerdas en lugar de una, como un arpa primitiva, similar a otros instrumentos que se tocan en lejanos países del continente africano.

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Podríamos decir que funciona como una guitarra, pero como no tiene una caja de resonancia, entonces un extremo del chapareque se debe colocar en la boca y sostenerlo con una mano, mientras que con la otra se tocan sus cuerdas.

El chapareque es utilizado en las fiestas junto con el tambor y los cantos, en ceremonias por las lluvias de temporal en las que los rarámuri danzan al ritmo del tambor como imitando los movimientos de los venados y sobre la tierra dibujan con sus pies “al sol, la luna y las estrellas”.

El aspecto más sorprendente del arco chapareque es que en el ámbito histórico social se le considera como “el eslabón perdido”, entre la música prehispánica y la barroca, porque es un instrumento de cuerda que se afina en cuartas, es de los pocos instrumentos de cuerda que existen y que se conocen en el mundo, donde la caja de resonancia es el mismo diapasón donde se toca, que por lo pequeño requiere de la cavidad bucal como resonadora.