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La Chascona, la Sebastiana y la Isla Negra; lugares donde Neruda vivió romances y aventuras

  • Jueves 12 de julio de 2018
  • en Cultura

Al entrar a la casa de alguien puedes percibir su aroma único, y por cada detalle y estilo de su hogar te brinda la información de cómo es esa persona. El misterio, la historia y el arte, contiene el acervo del prestigioso autor de poemas; Pablo Neruda y sus tres casas – transformadas en museos – que están entre los atractivos más visitados de Chile.

LA ISLA NEGRA

En 1937, el poeta regresó de Europa a su país natal y . buscaba un lugar para dedicarse al libro que trata sobre la historia y la naturaleza americana; Canto General.

El poeta lo rebautizó como Isla Negra por el color de sus roqueríos y quizás porque ahí podía aislarse para escribir.

“La costa salvaje de Isla Negra, con el tumultuoso movimiento oceánico, me permitía entregarme con pasión a la empresa de mi nuevo canto” anotó el poeta en sus memorias.

Las colecciones más importantes que se conservan en esta casa, se vinculan con el mar: mascarones de proa, réplicas de veleros, barcos dentro de botellas, caracolas marinas, dientes de cachalote. Hay también espacios que conmemoran su amistad con algunos poetas muertos, cuyos nombres hizo grabar en las vigas del bar.

En las fiestas patrias de 1973 Neruda estaba esperando a sus amigos para celebrar ahí, luego del golpe de estado de Pinochet, el artista se sintió mal y fue llevado al hospital de Santiago donde murió en seguida.

Se dice que fue envenenado en el hospital; sin embargo, su cuerpo fue exumado años después y no se encontró evidencia alguna.

Neruda sólo volvería a Isla Negra en diciembre de 1992, cuando sus restos fueron trasladados allí, junto a los de su esposa, Matilde Urrutia.

Se cumplió así la voluntad que Neruda había expresado hacía casi cincuenta años en su poema “Disposiciones” de Canto general:

“Compañeros, enterradme en Isla Negra, / frente al mar que conozco, a cada área rugosa de piedras/ y de olas que mis ojos perdidos/ no volverán a ver…”

LA CHASCONA

La más emblemática casa fue la casa que surgió como un escondite para su vida amorosa con Matilde Urrutía, su amante. En su honor la bautizó “La Chascona”, que era el apodo que él le daba a ella por su abundante y despeinada cabellera rojiza.

“Yo trabajaba todo el día en mi jardín – recuerda -, no hubo un árbol, una planta que no fuera escogida y plantada por mis manos…”

Matilde vivía sola en la casa. Entretanto, el poeta seguía con su esposa, Delia del Carril, en la residencia de avenida Lynch a la que le habían puesto el nombre de Michoacán.

Entre las obras que se encuentran ahí está una de su querido amigo Diego Rivera, quien era su cómplice al ocultar su amorío, y quien pintó un retrato de Matilde con dos cabezas.

Si se mira con atención el pelo de ella, se ve aparecer difuso el perfil de Neruda, el amante que todavía permanecía oculto. Ésta es una de las piezas que se muestran hoy en la casa museo.

El 23 de septiembre de 1973, días después del golpe militar que derrocó al Presidente Salvador Allende, “La Chascona” había sido objeto de actos de vandalismo.


Matilde se esmeró en reparar los daños de la casa que había construido junto a Neruda, y siguió viviendo en ella hasta su muerte en 1985. Sin embargo, ha resurgido gracias al gobierno que lo convirtió en museo.

LA SEBASTIANA

“Siento el cansancio de Santiago. Quiero hallar en Valparaíso una casita para vivir y escribir tranquilo. Tiene que poseer algunas condiciones. No puede estar ni muy arriba ni muy abajo. Debe ser solitaria, pero no en exceso. Vecinos, ojala invisibles. No deben verse ni escucharse. Original, pero no incómoda. Muy alada, pero firme. Ni muy grande ni muy chica. Lejos de todo pero cerca de la movilización. Independiente, pero con comercio cerca. Además tiene que ser muy barata ¿Crees que podré encontrar una casa así en Valparaíso?”

Éste fue el encargo que Pablo Neruda les había hecho, en 1959, a sus amigas Sara Vial y Marie Martner y tras una búsqueda infinita, Neruda conoció la casa que sería bautisada como “La Sebastiana” en honor a su constructor.

La casa se inauguró el 18 de septiembre de 1961 con una fiesta memorable. Cada uno de los invitados fue incluido además en una “Lista por méritos inolvidables”, donde se destacaba la ayuda que habían prestado para convertir esa obra abandonada en un cálido espacio para pensar sus poemas.

Para esa ocasión escribió el poema “La Sebastiana”, que después incluiría en el libro Plenos poderes. En su parte inicial dice:

“Yo establecí la casa. / La hice primero de aire. / Luego subí en el aire la bandera / y la dejé colgada/ del firmamento, de la estrella, de / la claridad y de la oscuridad…”

En la casa se conservan colecciones de mapas antiguos, de marinas y otras pinturas. Hay muchas otras reliquias del puerto y piezas curiosas, como cajas de música y un viejo caballo tallado en madera.

El doctor Francisco Velasco cuenta que poco después de la muerte del poeta, una mañana al llegar a “La Sebastiana”, encontró al vecindario alborotado. Le dijeron que algo raro ocurría dentro de la casa. Subió con cautela para averiguar qué pasaba. Al llegar al living encontró un águila. Abrió el ventanal para que saliera, pero nunca pudo explicarse cómo entró, porque todo estaba cerrado. “Me vino inmediatamente a la memoria aquella vez que Pablo confidenció que, si hubiera otra vida, le hubiese gustado ser un águila – escribió el doctor Velasco.

Actualmente las tres casas forman parte del turismo en el país chileno y muchos de sus admiradores la han visitado decenas de veces. Así que si tienes en mente visitarla es mejor que vayas ahorrando ya que el costo de entrada por persona es de ¡siete mil pesos mexicanos!