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Élmer Mendoza, entre la narconovela y el género negro

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IJUANA, Baja California.- Élmer Mendoza es lector de Mario Benedetti y Ray Bradbury, ha sufrido un infarto, le gusta el béisbol, es carismático y endiabladamente talentoso al momento de plasmar en su narrativa los grandes dilemas que enfrentan México y muchos de los países que son parte de una Latinoamérica abatida por la inseguridad, el narcotráfico, la corrupción y las pasiones más elementales y tramposas del humano, como el amor, el deseo, el poder y la venganza.

Nacido en Culiacán, Sinaloa, en 1949; intentó comenzar su carrera literaria en la ciencia ficción y la “Novela negra”; se interesó en saber cómo lo policiaco se relacionaba con lo político para crear a detectives rebeldes capaces de cobrar justicia de mejor manera que la autoridad oficial.

El escritor y crítico tijuanense Federico Campbell lo describió como “el primer narrador que recoge con acierto el efecto de la cultura del narcotráfico en nuestro país”. Fue ganador del XVII Premio Nacional de Literatura José Fuentes Mares por su obra “El amante de Janis Joplin” (Editorial Planeta), y en 2008 fue merecedor del III Premio Tusquets Editores de Novela por “Balas de plata”.

Su personaje más emblemático es el detective Edgar “El Zurdo” Mendieta; sus libros han sido traducidos a más de 10 idiomas; su última novela publicada es “Asesinato en el Parque Sinaloa” editada por Penguin Random House, y recientemente presentada en nuestra ciudad durante la XXXVI Feria del Libro de Tijuana en las instalaciones del Cecut, donde tuvimos oportunidad de entrevistarlo.

-¿Qué país hemos construido los mexicanos?

-Hemos formado un país múltiple. Esa multiplicidad va desde lo negro a lo blanco, y esa matización de colores es según del cristal donde lo mires, de la región donde vivas. Son pocos los mexicanos que comparten una única visión. Por ejemplo, no tenemos vocación para el fatalismo absoluto, sino que, en los últimos años, hemos pasado muchas cosas que tienen que ver sobre todo con la violencia. No quisiéramos que hubiesen ocurrido, pero ocurrieron. Esos hechos que nos han marcado son un punto muy importante para considerar la definición del país; es algo que está ahí. Sin embargo, también hay mexicanos que seguimos pensando que la otra cara y los otros matices son muy importantes, pues no termina de deslumbrarnos la fatalidad. Yo soy uno de ellos; soy un hombre de mucha esperanza, tengo mucha fe en los mexicanos, confío en los niños, creo en la educación, creo en la fuerza de las regiones; esa definición hecha a partir de las personalidades, de lo peligroso que son las personalidades impuestas. Creo que la incorporación al mundo nos permite comparaciones mucho más convenientes para nuestro país siempre y cuando lo veamos desde lo que somos realmente. No quiere decir que dejemos lo doloroso a un lado. Hemos aprendido del dolor, pero también del amor, de la productividad, de la esperanza. Muchos de los mexicanos nos sentimos más de ese lado que del lado fatal.

-Algunos le llaman “Novela negra”, otros “Literatura del narco”. ¿Cómo defines tu narrativa?

-La “narconovela” tiene como tema fundamental el narcotráfico. La “Novela negra” es una novela de investigación, una novela policiaca; implica un delito, generalmente con una investigación, además del crimen y sus consecuencias. Mis novelas tienen un pie en un género y un pie en el otro. Eso me gusta mucho porque el día que escriba un género que solo se pueda definir de una manera estoy muerto. Mi literatura siempre aspira a responder muchos sentimientos, a tener muchas lecturas, y con la capacidad de ser clasificadas en varios casilleros sobre todo para aquellos que gustan de clasificar.

-¿La utilización de la ficción exime a los autores de la “narconovela” de aquellas amenazas que persiguen a quienes se dedican al pe-riodismo?

-Sí. Absolutamente. No al 100% pero sí muchísimo. Yo creo que es lo que nos ha mantenido a salvo. Yo no he recibido ninguna amenaza a pesar de que he publicado ya una decena de novelas, y creo que se debe a eso. Tendrá que ver también con la creación de los símbolos a partir de la violencia que tienden a ser símbolos que responden a una estética y no a una denuncia. En el caso del periodismo, los periodistas tienen un compromiso con la verdad y son fieles a ese compromiso. No siempre les va tan bien y eso todos lo sufrimos. Particularmente yo he perdido a un gran amigo, Javier Valdez Cárdenas (Huérfanos del Narco, 2015), quien estaba consciente de eso. No pisaba callos, pisaba los pies completos. Desgraciadamente fue víctima de un atentado. Él sí tenía un gran compromiso con la verdad, con esa realidad tan dolorosa que es parte de la definición de este país.

-¿De quién se cuida un autor que escribe estos géneros?

-Yo creo que eventualmente podrían molestarse algunos miembros de la clase política, pero creo que los más limitados; los qué leen menos, los que tienen más temor. Yo tengo muchos lectores universitarios que leen muchas cosas y también leen mi obra. Jamás he encontrado algún inconveniente o alguna amenaza por parte de ellos. Al contrario, cuando me lo comentan, aprovecho para pedirles que hagan todo lo que puedan para ayudar a transformar este país sobre todo ellos que tienen una responsabilidad inmediata y muy concreta, pero no he tenido amenazas; he tenido señalamientos pero más bien por parte de la gente bien, digamos. Dentro de mis lectores hay gente que me ha llegado a decir: “Élmer, no deberías escribir estas cosas; hablan muy mal de nuestro país, y tú que eres traducido a varios idiomas; pueden pensar que todos los mexicanos somos así”, y yo les he dicho que, al menos en mi experiencia en las presentaciones de otros países, nunca piensan que todos los mexicanos somos así; sería absurdo. Más que amenazas son solicitudes muy amorosas de que tengo que querer más a la generación con la que estoy conviviendo.

-Más de 900 homicidios en lo que va de este año en Tijuana, ¿una realidad que bien podría ser la exageración de una novela?

¿Apoco llevan tantos? Híjole, son muchísimos. ¿Qué les pasa? ¿Qué no se habían tranquilizado ya? Ahora sí me sorprendiste, perdón. Yo creo que sí es tema de una novela. Sobre todo lo que es el “breakpoint”, o sea, el punto de ruptura. ¿Qué fue lo que pasó ahí? Si más o menos había un control, ¿qué ocurrió que volvieron otra vez las balas a las calles y a los sitios de Tijuana? Ya presumíamos que estaba controlado.

-¿Es la verdad de la calle muchas veces la contraria a la verdad histórica, una herramienta para la ficción que escribes?

-Sí, porque existen ahí códigos de honor, de respeto, de convivencia y supervivencia. Para mí y mi obra esos códigos son importantes. Las utilizo porque me dan claridad, lenguaje y comportamientos. Los códigos son necesarios para sobrevivir en el mundo de la delincuencia y de la escritura.

-¿Qué características debe cumplir un buen detective?

-Bueno, en primer lugar, debe estar convencido de que hace un trabajo necesario y que es un elemento que no va a desaparecer, que es parte muy importante dentro de lo que son las organizaciones policiacas del mundo. Otra de las características que tiene que tener, sobre todo el detective contemporáneo, es que tiene que incorporar a su equipo a personas que dominan el tema de las redes sociales, los “hackers”, todo eso, porque son de muchísima ayuda sobre todo ahora que se han descubierto tantas cosas. Un “hacker” dentro de la policía puede ayudar muchísimo a fijar pistas y lugares donde los culpables pueden estar, donde hacen las llamadas telefónicas, de dónde responden, y creo que es muy importante. Un buen detective debe tener en la mente a alguien así. Creo que tiene que desarrollar su instinto de investigador y tiene que tener conocimiento sobre lo que son las transformaciones sociales cotidianas, porque esos cambios que ocurren en la sociedad tienen que ver también con el cambio de perfil de los delincuentes. Cada sociedad genera sus delincuentes, y cada sociedad tiene sus características particulares casi de un año a otro.

-¿Qué características que debería tener nuestro próximo presidente?

-En primer lugar, tener la capacidad de reconocer el país que realmente tenemos. Hay un país real que implica todos esos matices de los que hablé hace rato. Tiene que ser un presidente con la capacidad de relacionarse con todo el mundo, poder ver que México también es parte del mundo. Eso implica que la capacidad de comerciar, que la capacidad de los intercambios no solo de las embajadas, sino del arte. Un presidente que sea capaz de comprender toda la problemática interior del país que tiene que ver con educación, con la inseguridad, con el perfil de los administradores de justicia; con el tema del empleo, de los salarios. Un presidente muy humanista. México es un país donde la gente esta harta de tantas balaceras y tantos muertos. Tiene que ser capaz de hacernos comprender de nuevo el poder de vivir en paz.

-Tres libros que no pueden faltar en tu biblioteca personal.

-Híjole, pues, no puede falta “La Ilíada”; no puede faltar “Don Quijote”, y no puede faltar “Hamlet”.

-Último libro que abandonaste.

-No soy de los que abandona los libros; generalmente los termino. Los puedo abandonar por dos o tres meses, pero los retomo.

-Tu palabra favorita.

-Imbricar; es una palabra que indica que dos individualidades pueden estar unidas y cumplir una función. Por ejemplo, las tejas; las tejas no se pegan, pero, cuando llueve no pasa el agua.