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Literatura: ¿Es usted un sicópata?

Por Roberto Rondero

Atrévase a emprender un viaje a través de la industria de la locura y responderse con la mayor sinceridad: ¿Es usted un sicópata? (Ediciones B, 286 páginas), libro escrito por el también presentador televisivo británico Jon Ronson (Extremistas: mis aventuras con los radicales, Los hombres que miraban fijamente a las cabras, llevada al cine por George Clooney, Ewan McGregor, Jeff Bridges y Kevin Spacey).

O todos estamos un poco locos o las definiciones sobre qué es locura deberían revisarse, es lo que pregona Ronson, famoso por su columna The Human Zoo”en The Guardian, a la par de que en esta historia un preso que, supuestamente, fingió una enfermedad mental para obtener una sentencia más leve, sigue ingresado en un penal siquiátrico porque ningún médico cree que esté cuerdo.

La última pieza del rompecabezas

Este es un relato sobre la locura –inicia su relato Ronson-. Un grupo de neurólogos recibe un correo tan desconcertante que decide contactar con el periodista Jon Ronson para tratar de resolver los enigmas que se esconden tras lo que acaban de conocer.

Ramson conoce a Robert Hare, un prestigioso sicólogo que desarrolló el test estándar que diagnostica la sicopatía, quien está convencido de que muchos ejecutivos y políticos son, de hecho, verdaderos psicópatas. Jon aprende de Hare a descubrir a estos psicópatas de altos vuelos y, armando con su nueva habilidad de cazador de locos, se adentra por los pasillos del poder y comienza a especular y a poner en tela de juicio la salud mental de amigos y conocidos.

…”David Baker se quedó mirando a Britton” mientras me hacía preguntas de forma casi inconsciente –como escribiría más tarde en sus memorias tituladas The jigsaw man (El hombre de los rompecabezas), que se convertirían en un éxito de ventas-. ¿Cuándo la había atado el asesino? ¿Cuánto tiempo había permanecido ella consciente? ¿Cuánto tardo en morir? Britton anunció finalmente a Baker que el asesino debía de ser un sicópata sexual de más de 15 años y menos de 25, solitario y sexualmente inmaduro, que probablemente vivía en casa con sus padres, un trabajador manual que se sentía cómodo con los cuchillos y poseían una gran colección de revistas y video de pornografía violenta.

“Resultó que había acertado de lleno, por lo que no tardaron en echarle el guante al culpable”, dijo Brtitton, un hombre llamado Bostock, creo.