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Rebeldía y honestidad, la herencia de Francisco Toledo a México

  • Alejandra Trujillo
  • Viernes 6 de septiembre de 2019
  • en Arte, Cultura

El artista plástico Francisco Toledo falleció a los 79 años en su casa de Oaxaca, confirmó su hija Natalia

Símbolo de la cultura oaxaqueña, Francisco Benjamín López Toledo nació en Juchitán en 1940. Hace poco más de un mes (el 17 de julio) cumplió 79 años. La noche de este jueves, en su casa de Oaxaca, falleció uno de los artistas más apreciados en el país y fuera de él.

El colorido de su obra quedó plasmado en diversas técnicas, desde la acuarela y el óleo, hasta la litografía, grabado, tapicería, cerámica y escultura. El maestro fue un artista precoz, que no solo fue becario en el taller de Stanley Hayter en París entre 1960 y 1965, sino que desde 1963 comenzó a exponer en galerías de la Ciudad Luz, en la prestigiada Tate Gallery de Londres (en una muestra cuyo catálogo escribió Henry Miller) y en otras sedes de Francia o Nueva York.

Su genio se manifestó siendo niño, alentado por su abuelo Benjamín, con quien salía al campo a buscar resinas naturales, mientras compartía narraciones extraordinarias que luego plasmaba en dibujos sobre las paredes de su casa. Desde entonces, un universo de color emanaba de su imaginación.

Su formación artística comenzó a mediados del siglo pasado, en la capital del país, primero en el taller de Arturo García Bustos y luego en el Taller de Grabado de la Escuela de Diseño y Artesanías del INBA.

Depuró su talento durante su estancia en Europa, gracias al contacto con la obra de artistas como Paul Klee o Marc Chagall, pero se nutrió desde la cuna de los símbolos prehispánicos que luego habría de reinterpretar.

En 1965 regresó a México, desde donde su obra comenzó a ser requerida por museos y galerías de todo el mundo, seducidos por el trabajo que recupera técnicas antiguas y explora con nuevos métodos, en colaboración con los artesanos oaxaqueños. Vinculó las artes plásticas con la literatura en la serie Zoología fantástica, inspirada en textos de Jorge Luis Borges de 1997, el mismo año que presentó en la Bienal de Venecia un grupo de esculturas bajo el título La fragilidad del alma.

El amor de Toledo por el país en general y Oaxaca en particular no solo se plasmó en su obra, sino en sus actos. Fundó el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca, fue promotor del Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca y del Centro Cultural Santo Domingo. Creó en Etla un taller de papel y fue un promotor y defensor de las lenguas originarias.

En sus creaciones quedó plasmado el orgullo por su tierra, pero Francisco Toledo fue también un hombre crítico, un activista en favor de la ecología que se opuso a la utilización de transgénicos, defendió las zonas verdes y logró parar el proyecto del Centro de Convenciones que se pretendía construir en el cerro del Fortín. Uno de los actos recientes más recordados del artista, fue la liberación de papalotes creados por niños del taller de papel de Etla en diciembre de 2014, dedicados a la memoria de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, una tradición oaxaqueña para atraer las almas.