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Recuerdan a Hellen Keller en el aniversario 49 de su muerte

  • Miércoles 31 de mayo de 2017
  • en Cultura

Sorda y ciega a causa de una enfermedad que la aquejó cuando apenas tenía poco más de año y medio, la estadounidense Hellen Keller llegó a ser escritora y activista social, un ejemplo de tenacidad humana y
superación personal.

Al día de hoy su legado sigue siendo recordado, por ejemplo, en Italia, donde hoy dedican una
jornada para hablar de su vida y obra, participarán, entre otros, Mónica Coppi, Enrica Dameri, Mariella Frascarolo, Mariavittoria Delpiano, Rosalba Marenco y Daniela Finollo. El acto tendrá lugar en la biblioteca Francesco Calvo de Alejandría.

Keller nació el 27 de junio de 1880, en Tuscumia, Alabama, Estados Unidos, y cuentan que era una niña con todas sus capacidades físicas, pero a la edad de 19 meses de vida sufrió una congestión aguda del estómago que afectó su cerebro y le impidió desarrollar el habla.

En 1887, los padres de Helen, el capitán Arthur H. Keller y Kate Adams Keller, se pusieron en contacto con Alexander Graham Bell (1847-1922), quien trabajaba con jóvenes sordos, y quien les sugirió contactar al Instituto Perkins para ciegos en Watertown, Massachusetts.

De acuerdo con la biografía que de ella difunde la página oficial (www.hellenkeller.cl), allí fue donde los padres de Keller encontraron a la profesora Anne Sullivan (1866-1936), quien trabajó con Keller para intentar estimularla y enseñarle el lenguaje de signos.

Sullivan le exigió y recibió permiso del padre de Helen para aislar a la niña del resto de la familia, en una pequeña casa en su jardín. Su primera tarea era disciplinar a la niña mimada. El gran paso lo dio Helen cuando se dio cuenta de que los movimientos que su maestra estaba haciendo con sus palmas simbolizaban la idea de “agua”, por lo que Sullivan le exigió nombres de otros objetos familiares en su mundo. Sullivan le enseñó a Helen a pensar y a hablar usando el método Tadoma: tocando los labios de otros mientras hablan, sintiendo las vibraciones, y deletreando los caracteres alfabéticos en la palma de la mano. También aprendió a leer francés, alemán, griego, y latín en braille.

De acuerdo con el portal www.biografíasyvidas.com, con el apoyo de su maestra Hellen siguió sus estudios especiales en la institución Horace Man School para sordos, de Boston, y en la Wright-Humason Oral School, en Nueva York.

La obra de Keller es básicamente autobiográfica, sus libros se convirtieron en un ejemplo de tenacidad y resistencia frente a las dolencias eventuales de la vida, especialmente las físicas.

Entre sus publicaciones destacan La historia de mi vida (1902), Optimismo (1903) y El mundo en el que vivo (1908), libro que le valió fama internacional y en el que narra el contraste entre la riqueza de la vida íntima que su alma albergaba y la menguada vida sensorial de la que fue víctima.

Canción del muro de piedra (1910), Fuera de la oscuridad (1913), Mi religión (1927); En medio de una corriente (1929); Paz en el atardecer (1932); El diario de Hellen Keller (1938) y Déjanos tener fe (1940). Keller murió hace 49 años, el 1 de junio de 1968.