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“Santa Anna y el México perdido”

  • Lunes 27 de marzo de 2017
  • en Cultura

Roberto Rondero

Una novela histórica por donde transitan el amor, humor, pasión romance y muerte con uno de los sucesos más polémicos y que sigue produciendo reacciones contrastantes en los mexicanos, es “Santa Anna y el México perdido” (Ediciones B, 420 páginas), el retrato que presenta el escritor y novelista Alejandro Basáñez Loyola (“Tiaztlán, el fin del imperio azteca”, y su trilogía “México en llamas”, “México desgarrado” y “México cristero”).

En “Santa Anna y el México perdido” se detalla cómo la familia Escobar cuya tragedia fue verse dividida por las guerras de Texas y México, a pesar de que estaba compuesta por ciudadanos mexicanos arraigados en Santa Fe, Nuevo México, pierde todo en el momento en que el coronel norteamericano Sterling Price invade su territorio, en febrero de 1847.

¿AVENTURA PERDIDA?

Concebida como una novela diferente sobre la vida del controvertido general presidente, Antonio López de Santa Anna, y esa enorme parte del territorio mexicano que fue perdida ante Estados Unidos en la polémica guerra de 1847.

“El norte de México de mediados del siglo XIX –refiere Basáñez Loyola- era un territorio poco poblado y gobernado por el centralismo de Antonio López de Santa Anna. Al pasar a manos de los norteamericanos, por su triunfo en la guerra contra México, se desató una fiebre de colonización que fue seguida por las expediciones de los pioneros en las sendas de Oregón y California, partiendo del río Mississippi, en Independence Missouri.

“Aquellos territorios, que según se pensaba era mexicanos, en realidad desde tiempo atrás pertenecían a tribus indígenas, las cuales empiezan a padecer el acoso y la destrucción de su mundo por parte de los norteamericanos, los nuevos invasores y dueños de sus tierras”.

En uno de los pasajes de esta novela que tiene narraciones muy descriptivas, se hace referencia a la entrevista Jackson-Santa Anna: “Santa Anna estaba que no podía con los nervios. Era su segundo día de espera en el lujoso hotel que ofrecía hospedaje a los huéspedes importantes que visitaban a algún funcionario de prestigio dentro de la Casa Blanca, en Washington.

“El solemne edificio presidencial se levantaba majestuoso en el centro de un hermoso y amplio jardín. Desde un enorme ventanal del hotel, Santa Anna se asombraba de pensar que en el interior de aquella casa pudiera vivir el presidente de Estados Unidos. La construcción era sencilla y no le pedía nada a cualquier casa de algún funcionario de Gobierno de tercera en México”.

…”Yo me imaginaba un palacete del doble que el Castillo de Chapultepec –meditaba Santa Anna al recargarse sobre el ventanal que miraba hacia el palacio de Gobierno de Washington. Tímidas hojuelas de nieve caían menguadas sobre el marco de la ventana, presagiando una nevada”.