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Ser prostituta en Rusia, una vida clandestina y llena de abusos

  • Domingo 5 de marzo de 2017
  • en Cultura

San Petersburgo, Rusia .-
Vladimir Putin elogió, con
sarcasmo, a las prostitutas rusas "como las mejores del
mundo

", pero obvió decir que están obligadas a trabajar
en la clandestinidad y la indiferencia en un país que casi siempre
ignora sus denuncias.

"Las prostitutas rusas son parias absolutas, no tienen ninguna
posibilidad real de defenderse", resume con amargura
Irina
Maslova

,
fundadora de la única asociación del
país que ayuda a estas mujeres, "La rosa plateada"

.

La prostitución es ilegal en Rusia
, donde
puede sancionarse con una
multa simbólica de 1.500 rublos
(alrededor de 23 euros).

Según los defensores de los derechos de las prostitutas, la
policía se apoya a veces en esta prohibición para no investigar
los abusos contra ellas.

"Los policías se niegan a registrar las denuncias de
las chicas sobre las agresiones a las que las someten los
clientes

.
Y con frecuencia les abren un expediente
por prostitución en lugar de defenderlas"

, explica
Maslova.

Las agresiones, las extorsiones y las amenazas de revelar su
actividad a sus familias son moneda corriente, lamenta.

inter-mujer-irinamaslova


Soñar con un sindicato 

Irina habla con conocimiento de causa. Esta esbelta rubia
cuadragenaria fue prostituta durante seis años en San Petersburgo
hasta que en 2003 comenzó a militar por los derechos de las
trabajadoras sexuales.

Intenta, por ahora en vano, crear "
un sindicato de
trabajadores sexuales

" en Rusia porque está convencida de
que es la única forma de acabar con los abusos. Pero "nos
contestan oficialmente que este oficio no existe".

En San Petersburgo, la segunda ciudad más importante de
Rusia, entre 4.000 y 6.000 mujeres viven de la
prostitución

, según diversas estimaciones. Sólo el 10%
de ellas ejercen en la calle;
la mayoría lo hace en salas
clandestinas

: apartamentos compartidos, con una secretaria
que contesta al teléfono y un guardia a la entrada.

En la época de la Unión Soviética, la prostitución no
existía oficialmente.
Empezó a verse en las calles de
Moscú en los años 1990

. Y desde el comienzo de los años
2000 se lleva a cabo en locales ilegales, a menudo bajo "la
protección" de policías corruptos.

Promocionan su actividad pegando pequeños anuncios en los muros
de los edificios, en las paradas de autobuses y en otros
lugares
. Prometen "pasar un buen rato".

En teoría los proxenetas se exponen a hasta tres años de
cárcel pero pocas veces se concreta ante la dificultad de trazar
el dinero de los servicios de las prostitutas.


Perfil 

"El perfil es muy variado", explica Regina Ajmetzianova, una
militante de la asociación "La rosa plateada". "
Hay
estudiantes, mujeres divorciadas, incluso amas de casa.

Su
marido no está al corriente o dice no estarlo".

Por la noche, Reguina acude a estos locales clandestinos para
distribuir preservativos y proponer
pruebas de detección
del virus VIH a las prostitutas.

Y es que la enfermedad causa estragos en el país, con más de
103.000 nuevos casos registrados en 2016, un alza de 5% en un
año.

Llama a una puerta en la sexta planta de un gran edificio de
estilo estalinista del sur de San Petersburgo. Una rubia
treintañera le abre y le da la bienvenida con una sonrisa. Regina
la llamó por teléfono para avisarle de su visita.

"Vaya a la cocina. Nadia trabaja, Nastia y Madina están allí",
dice la rubia. Se llama Inna y es la administradora del local.

Nastia, de 31 años, y Madina, de 20, beben té. Encima de un
minicamisón sexi, visten una camiseta.

Las tres chicas reciben entre 10 y 15 clientes por noche pero
cobran la mitad de los 2.000 rublos por hora (33 euros) que les
pagan.



Ocultar el
miedo 



"Por supuesto que he vivido situaciones difíciles con clientes
en varias ocasiones. He aprendido a no mostrar el miedo", cuenta
Nastia, una pelirroja de ojos verdes originaria de los Urales.

En voz baja, Madina, una uzbeka que apenas habla ruso, enumera
los abusos: "Sí, me han pegado, amenazado con un cuchillo, forzado
a hacerlo sin preservativo…"

Regina prepara los test. De repente alguien llama al
interfono.

"¡Venga, chicas, rápido!", exclama Inna mientras mira las
imágenes de las cámaras, en las que se ve a un hombre subir al
apartamento. Nastia y Madina se quitan las camisetas, se calzan
zapatos de tacón y desaparecen.

Unos diez minutos más tarde, Madina vuelve sola: el cliente ha
elegido a Nastia.

"Hacemos lo que  hacemos por iniciativa propia, es
verdad. pero somos seres humanos y nos gustaría que nos tratasen
como tales",

suspira Nadia, justo cuando se va un
cliente.

/cpg