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Voy a cantar un corrido… Lucio Blanco: ¿La cuenta saldada?

  • Sábado 7 de julio de 2018
  • en Cultura

Lucio Blanco, seguido por varios de sus oficiales, fue en busca de Álvaro Obregón a su cuartel para reclamarle su perfidia militar y política. Blanco alza la voz. Se desconcierta Obregón. Enmudece. Blanco, enardecido, golpea con el puño cerrado el pecho del divisionario sonorense retándolo.

– ¡Ni para eso eres bueno, Álvaro!- le espetó, y su mano cayó sobre el rostro de Obregón. Quienes presenciaron la escena, oficiales de estado mayor de ambos jefes se estremecieron. Obregón, dice Ramón Puente, permaneció impávido pero lívido. Lucio dio media vuelta y se fue a su cuartel general.

Había transcurrido poco tiempo después de la toma de Matamoros, Tamaulipas, por el general Lucio Blanco, en 1913. Se había firmado ya el Plan en la Hacienda de Guadalupe, Coahuila.

De ahí en adelante la relación de ambos sería difícil y peligrosa. Blanco era de carácter fuerte. Obregón vengativo. Ambos eran dos de los hombres más relevantes de la Revolución Mexicana.

Quienes lo conocieron afirmaban luego que Lucio Blanco, era muy querido por la gente, y por su gente; carismático, generoso, idealista y al mismo tiempo indeciso y soberbio.

Para Blanco, la razón de la lucha era el cumplimiento de una reforma agraria que permitiera al campesinado disfrutar del resultado de su trabajo en tierra propia. Para Obregón, lo militar, político y social deberían estar sujetos al poder acumulado en un grupo específico y el resto de la Nación someterse a ese orden institucionalizado.

No es difícil encontrar los orígenes sociales y revolucionarios de Lucio Blanco Fuentes. Nació en Nadadores, Coahuila, el 21 de julio de 1879, era presidente del país Porfirio Díaz. Sus antecedentes liberales le venían de su bisabuelo, Víctor Blanco, quien había sido gobernador de Texas…

Su abuelo paterno, Miguel Blanco, fue ministro de Guerra en el gabinete de Benito Juárez durante la Intervención Francesa. Aprendió a leer y escribir en su lugar de origen y muy joven se fue a Saltillo y luego a Texas, de donde regresó todavía muy joven para ocuparse, junto con sus nueve hermanos y hermanas, de “Los Ojos de Maria”, el rancho de su padre.

De 1900 a 1906 Blanco mantuvo correspondencia con Ricardo Flores Magón, lo que lo llevó a un primer intento de participación activa cuando, junto con tres amigos, quiso hacer contacto con los magonistas en Las Vacas, Villa de Acuña; hoy Ciudad Acuña. El impulso fracasó al ser delatados por un falso correligionario por lo que regresó a sus ocupaciones rancheras.

Los oaxaqueños Enrique y Jesús Flores Magón afirmaron que un número considerable de revolucionarios habían sido miembros del “Partido Liberal Mexicano”. En sus listas estaban Lucio Blanco y Manuel Chao, Salvador Alvarado, Adolfo de la Huerta, Benjamín Hill, Pascual Orozco, Pablo González, Benjamín Argumedo y más.

Blanco se afilió al maderismo y para 1911 alcanzó el grado de teniente coronel en el sector de caballería. A la muerte de Madero acudió al llamado de Carranza, y fue uno de los principales firmante del Plan de Guadalupe el 27 de marzo de 1913.

Enseguida a Lucio Blanco se le designó jefe de las operaciones militares en Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, con el grado de Coronel de caballería, quedando como jefe de operaciones. El 1º.de junio de 1913 con la toma de Matamoros, las fuerzas del coahuilense aportaron el primer gran triunfo militar al carrancismo. Y fue ascendido a General Brigadier por Carranza.

El primer reparto agrario

La tarde del 30 de agosto de 1913, Lucio Blanco llevó a cabo el primer reparto de tierras en nuestro país. Emocionado afirmó ese día “Por fin, después de muchos esfuerzos, de tres años de lucha y sacrificios, la Revolución comienza a orientarse en la manera de resolver uno de los grandes problemas que constituirá, sin duda alguna, el eje principal de la prosperidad de nuestra patria: la repartición equitativa de la tierra”.

Ese día un grupo de campesinos recibió por primera vez los títulos de propiedad de sus parcelas, firmado por el ranchero que había hecho crecer Los Ojos de María.

Pero Carranza no pensaba igual. A José Santos Chocano le dijo “el problema agrario carece de importancia”; José Vasconcelos recordó que Carranza decía con frecuencia que “por qué se hablaba tanto del problema agrario si ese no era el verdadero problema de México”.

… Y cuando se enteró del reparto de la Hacienda Los Borregos, que había sido de Félix Díaz, sobrino de Porfirio Díaz, Carranza castigó a Blanco porque “Nuestra única misión es destruir a la dictadura e implantar el gobierno de la Revolución. El sentido común -añadió- aconsejaba no alarmar a terratenientes, industriales y capitalistas. Un ataque frontal a la propiedad habría inquietado a los Estados Unidos”.

Y Carranza infligió una doble humillación a Blanco. Una, al ponerlo a las órdenes de Álvaro Obregón, un general con el que nunca se llevaría bien; y la segunda, al nombrar en su lugar a un militar de escasos méritos y poca inteligencia: Pablo González.

Blanco se disciplinó. Pero todo esto lo llevó a simpatizar con la causa zapatista, aún desde las filas del carrancismo. Y por ello, estableció contacto con los jefes del movimiento del sur a fin de iniciar un intercambio de opiniones y unificar los ideales de ambos bandos; al enterarse Carranza y Obregón se despertó una severa desconfianza hacia su fidelidad constitucionalista.

En tanto Zapata veía con recelo el acercamiento de Blanco por sus orígenes carrancistas, aunque le tenía tal consideración que en 1914 le escribió: “Yo le diré a usted con toda franqueza que este señor Carranza no me inspira mucha confianza, le veo muchas ambiciones y dispuesto a burlar la obra del pueblo” [John Womack Jr.]

En 1915 Convencionistas y Constitucionalistas dividían al país. La indecisión e indefinición de Blanco lo llevaba a guardar fidelidad al constitucionalismo, pero sus simpatías personales estaban del lado convencionalista.

Al ser nombrado presidente provisional por la Convención de Aguascalientes, Eulalio Gutiérrez nombró a Blanco Secretario de Gobernación, mientras que José Vasconcelos fue designado ministro de Instrucción Pública.

A la renuncia de Eulalio Gutiérrez, Blanco quedó inerme, teniendo enfrente a un enemigo rencoroso: Álvaro Obregón. Aquel golpe; aquella humillación; aquella preferencia popular; aquella confianza en los ideales sociales; aquellos deslices convencionalistas serían cobrados pronto.

El 18 de septiembre de 1915, Rafael Cepeda, a las órdenes de Venustiano Carranza informó a éste que con esa fecha se hizo prisionero al general Lucio Blanco y al coronel Francisco Álvarez, por fuerzas del general Maycotte, en Saltillo, Coahuila. Obregón insistía en el fusilamiento, mientras que Carranza sugirió la expulsión del país.

“Hipólito, Coah., septiembre 20 de 1915. Primer Jefe del E.C. Veracruz. Enterado su mensaje cifrado de ayer, relativo a jefes detenidos en Saltillo. Lucio Blanco será juzgado por el tribunal militar. Firma "Álvaro Obregón”.

La acusación: responsable de la defección de las caballerías del noroeste y que por ello se perdió la ciudad de México en el mes de octubre del año anterior. Desobediencia, traición y malversación de fondos. El 22 de septiembre de 1916 se inició el juicio popular del ex general Lucio Blanco en el salón de jurados del palacio penal de Belén. El 25 del mismo, se reforzó el jurado con elementos de franca filiación obregonista, ya que el primero había resultado muy “blando”.

Lucio Blanco fue declarado culpable. Se le impuso una pena de cinco años nueve meses en prisión, los que fueron sustituidos por su expulsión a Laredo, Texas.

‘Junio 6 de 1922: el licenciado Gustavo Figueroa, juez de distrito de Nuevo Laredo, ve pasar en Laredo, Texas, a Lucio Blanco acompañado del general Marciano González y de un desconocido. Este es Ramón García, agente del servicio secreto mexicano, quien se hace pasar por desterrado político para que Lucio tenga confianza en él.

‘Van hacia donde se encuentra la mueblería Dubin y van hacia el Hotel Saint Anthony al cual penetran. Momentos después salen ya sin el general Marciano González, pero con el mayor Manuel Escalante.

‘El agente Ramón García los invita a pasear con unas muchachas y luego habla al general Lucio Blanco de que en Nuevo Laredo está un coronel del Ejército Mexicano que tiene deseos de hablar con él, por lo que debe cruzar el Río Bravo para reunirse con los revolucionarios que lo esperan impacientes.

‘Junio 7 de 1922: Lucio Blanco cruza en una barca el Río Bravo con Ramón García y el coronel Aureliano Martínez. A eso de las 7 de la noche entran en un esquife atracado en la ribera estadounidense, atado a una cuerda tendida a lo ancho del Río y que termina en la orilla mexicana; ya cerca de ésta, García preguntó al general Lucio Blanco: “¿Sabe usted nadar, mi general?, casi nada, contesta Blanco”, García le advierte: “pues va a tener que hacerlo porque ha llegado al fin de su viaje”.

‘La escena la ven desde el lado americano el alguacil Duke Caver y Jim Hozelring. García es el primero en desembarcar. Tiende la mano a Lucio Blanco para aparentar que trata de ayudarlo a pisar tierra, pero rápidamente le pone una esposa en la mano derecha. El otro aro lo coloca en la mano izquierda de Martínez.

‘Se esperaba el cruce de ambos militares a las 7:30 p.m. en el Paso del Indio, a cinco millas de Laredo. Veinte hombres montados del 40 Regimiento, con el comandante de la aduana, Jesús Anaya Terán, acuden y en esos momentos, cae al agua Lucio Blanco arrastrando al coronel Martínez y a Ramón García.

‘Anaya Terán y los soldados disparan sin importarles matar a García. Éste y Martínez reciben varios balazos mientras Lucio Blanco sin poder nadar debido a que su mano está unida a la de otro sujeto, muere ahogado y su cadáver, con los otros dos, aparece flotando sobre el Río Bravo días después…’

Al final Lucio Blanco quedó a la orilla de la historia. ¿La cuenta quedó saldada?


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