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Angie Rodríguez rumbo a los Juegos Olímpicos de la Juventud de Buenos Aires

  • Miércoles 16 de mayo de 2018
  • en Deportes

H
a derramado lágrimas.

A sus 16 años está lejos del nido, de la familia.

Hay un vacío en su alma.

Pero la piragüista Stephanie Rodríguez no detendrá su camino olímpico. El deporte la ha llamado a combatir por el país, por su estado tijuanense.

Así que ha tomado sus remos y el bote rumbo a los Juegos Olímpicos de la Juventud de Buenos Aires.

“Los primeros días de mis concentraciones lloraba porque deseaba estar en mi casa, con mis papás Felipe y Judith, pero me gusta también el deporte, competir. Primero hacía atletismo, pero después me dijeron que tenía potencial y me adentré al canotaje”.

Angie –su otro nombre- ha luchado contra la nostalgia.

Sabe que debe ser fuerte porque la disciplina así lo exige. Porque también se ganó el boleto para los Juegos Centroamericanos y del Caribe.

“Todo ha sido muy rápido pero es porque también me he dedicado a lograr los mejores resultados. Al principio no estaba segura de que podría clasificar, entonces entrené y fui pasando las tomas de tiempo. Los entrenadores me han dado mucha confianza y siempre me dicen que puedo lograr más. Fue así como logré mis boletos y la verdad queme siento super contenta. Gracias a Dios estoy cumpliendo mis objetivos”.

Ahora ya no tiene tiempo para la tristeza, más bien entrena en la mañana y la tarde, además de que continúa con sus estudios.

“El primero de mayo cumplí 16 años. Hice una fiesta en mi casa y me sentí muy alegre porque hace un año que no estaba con mis amigas y amigos, además de la familia. Pero sabía que sólo será un instante, ya que al otro día volví a tomar el avión hacia la Ciudad de México, para seguir la concentración en Cuemanco”.

Para ella el escenario del ciclo olímpico pinta bien. Está consciente de lo que implica ser deportista. Su familia la motiva y le dice que mientras sus amigas se divierten, ella está viajando por el mundo.

“Hay mucha confianza con mis papás que me abren los ojos cada vez que quiero regresarme a la casa. Sé que ellos también se ponen tristes, pero prefieren verme luchar por mis sueños. Me miman cuando estoy con ellos. Cuando no, sé que cada día me mandan sus bendiciones para que todo me salga bien”.