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Chikorita, de alma espartana y el crossfit, su pasión

  • Martes 14 de marzo de 2017
  • en Deportes

HAY gente que dice que se engancha con la actividad física por
el placer que ésta produce. Otros, por los beneficios de la salud.
Pero para Chikorita, esto es poco. Esta atleta, campeona mexicana
de Spartan Race en 2016 y una espartana en la vida real, vive a la
máxima potencia el crossfit y las carreras con obstáculos: “El
ejercicio para mí es una obsesión”.

Alex Roudayna de la Huerta Susilla, conocida como Chikorita, es
la única mexicana en el Pro Team de Spartan Race de Estados
Unidos. Sus músculos definidos son resultado de un entrenamiento
que a diario le toma un mínimo de cuatro horas y puede llegar
hasta ocho, divididas entre velocidad, fuerza y técnica. Todo es
parte del proceso para llevar al máximo rendimiento su cuerpo.
Chikorita es la personificación del slogan “No pain, no gain”,
por eso fue elegida por RedBull para patrocinarla en todas sus
aventuras.

Sus 18 tatuajes completan un look rudo que camufla su
personalidad amable; el último que se hizo hace un mes es un Darth
Vader. “Siempre he dicho que soy del lado oscuro porque soy muy
honesta y no tengo miedo de ser quien soy”.

El apodo Chikorita, nombre de un Pokemon, es la única cosa
lúdica en la dura rutina de esta atleta. “Mucha gente no lograba
decir Roudayna y comenzaron a decirme así. Llegó un punto que ya
no era Alex, era Chikorita”, cuenta. “Siempre fui fan de
Pokemon. Entonces adopté a Chikorita como algo mío. Si escucho
Alex, pienso que me vienen a regañar”.

Cuando Spartan Race llegó a México, en 2013, Chikorita sintió
haber encontrado su lugar. Sin embargo, el deporte era parte de su
vida desde la niñez. En el taekwondo y el remo, ella llegó a las
selecciones nacionales juveniles. Además, la primera vez que
corrió 10K quedó en primer lugar. En marzo de este año, fue la
primera colocada en la Spartan Race Sprint Zacatlán.

Una de sus fortalezas tiene que ver con el control de la mente.
“En mi caso, yo tengo Aspergers, que es un trastorno del espectro
autista, y puedo decir que es un arma de doble filo. Puedo entrar
in the zone más fácilmente y quedarme ahí. Lo que más me
engancha es la exigencia. Llegar al punto del dolor máximo, en el
que el cuerpo te dice, ‘No lo vas a lograr’, y romper esta
barrera. Lo puedes aplicar a todo en tu vida. Llegar al momento de
Nirvana es la prueba de que valió la pena”.

La dieta forma parte de su disciplina y come los gramos exactos
de pollo y verduras que necesite y, si viaja, se lleva su báscula
para pesar los alimentos. ¿Y si alguien se atreve a pedirle una
nuez? “Fuera de broma, no comparto mi comida. La nutrición es el
80% del éxito en tu ejercicio”.

En los demás aspectos de su vida, las reglas están ahí. Tras
terminar la licenciatura de psicología, cursa una maestría.