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Marco Antonio Zaragoza ultramaratonista por curiosidad

  • Miércoles 27 de diciembre de 2017
  • en Deportes

El sobrepeso lo estaba agotando. Entonces comenzó a correr sobre el circuito de Ciudad Universitaria en la UNAM, donde estudia. Fue acumulando kilómetros cada día en el amanecer antes de entrar al postgrado de su facultad.

Fue así como Marco Antonio Zaragoza se convirtió en ultramaratonista en tan solo dos años y medio de hacer ejercicio por gusto.

Algo increíble para alguien que jamás en su vida había ejercido una disciplina deportiva y exigente.

Y más que compitió en el ultramaratón organizado de Grecia hacia Esparta, donde quedó en el lugar 94, y donde compitieron más de 300 deportistas mundialistas.

“Solo quería bajar mi peso  a 63 kilos. Pero nunca pensé en correr y mucho menos a larga distancia. Y la verdad que el haber corrido en este evento me cambió la vida. Ves el atletismo de otra manera, viajas y descubres que hay muchas cosas que se logran solo poniendo decisión y mucha disciplina”.

Antonio Zaragoza venció al Spartatlón con un recorrido de 246 kilómetros, que es además considerado el Santo Grial de las grandes distancias. Fueron 36 las horas que tuvo que hacer sin dormir, para superar el reto que solo él se había impuesto en su mente, en su corazón y en su familia.

Atrevido y aventurero, Marco visitó el ESTO y con mucho entusiasmo narró su hazaña.

“Existe mucha incertidumbre antes de iniciar la carrera. No es fácil tantos kilómetros sin parar, pero cuando llegas a la meta sabes que cumpliste algo que parecía inalcanzable. Ahí demuestras realmente si estás apto para este tipo de eventos. Alguien manifestó que al llegar a los 160 kilómetros es cuando pierdes la energía, las sensaciones, todo, pero también es cuando tu mente te dice que continúes y lo haces muchas veces sin medir las consecuencias sobre algo que te pueda pasar, sino solamente en llegar al destino de la competencia”.

El atleta viene de una familia sencilla, su padre Enrique es de Oaxaca y su madre Trinidad de Puebla. Ellos solo sabían que su hijo iba bien en la escuela y que estaba en el postgrado. Hasta que corrió el Spartatlón supieron cómo es que se habían ido acumulando preseas en su cuarto, así como trofeos y ropa deportiva, la cual nunca tuvo en su niñez ni en su juventud.

“Es curioso el saber que mucha gente a veces no se entera que eres un corredor de más de cien kilómetros. Principalmente porque no es muy difundido el ultramaratón en el país. Y la verdad que en el país debe haber por ahí muchos corredores que no se les ha detectado”.

Su armadura de atleta la trae puesta. La historia de Zaragoza sorprende por su valentía de adentrarse en un mundo inimaginable, donde además debe vencer las inclemencias del tiempo y el clima de cada país que visita.

Así fue como llegó hasta los pies del Partenón entre los mejores del mundo de la Ultradistancia. Sin duda un monstruo del deporte que no se consideraba deportista, ya que solo jugaba futbol en el barrio pero nada de buscar trascender. Hasta que su ropa ya no le quedó.

“El correr fue adquiriendo fuerza en mi cuerpo y la mente. Primero 10, luego 20 hasta alcanzar los 30 kilómetros. Corrí el maratón de la Ciudad de México, lo que me fue dando una idea de seguir participando en los más de 42 kilómetros y después carreras de mayor distancia y ahora más”.