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Primer Aniversario luctuoso del ” Pana”

En octubre de 1977 salta del tendido hasta el ruedo de la Plaza México, una figura espigada que portando una camisa blanca anudada en la cintura y tocado con una gorra. realizó pases de rodillas al gran toro llamado Pelotero de San Martín al que El “Capitán” indultaría.

Se trataba del tlaxcalteca Rodolfo Rodríguez quien al lanzarse de espontáneo también surgió a la palestra en busca de una oportunidad para torear en la temporada. Y repitió la acción en otros cosos hasta que obtuvo resultados.

Hoy lo recordamos con cariño y respeto, toda vez que, martes 2 de junio de 2016, a los 64 años de edad, este personaje del toreo mundial, falleció, tras haber sufrido una voltereta tremenda en una modesta plaza del norte de México donde un toro lo había dejado desmadejado y tras un mes de intentos infructuosos por salvarle la vida, decidió marcharse de este mundo. El percance ocurrió en uno de esos lugares lejanos en los que tantas veces mordió el polvo a lo largo de su carrera. Su dolor le une de nuevo al pueblo, a la gente que lo vio encanecer y encorvarse siendo fiel a sus ideas.

¿Por qué El “Pana” potó por torear unos meses antes una encerrona en Texcoco?
¿Por qué aceptó ir a torear a Ciudad Lerdo en ese cartel?
Los enterados taurinos darán muchas razones. Pero la más simple, clara y directa de las respuestas, me llegó entonces de la voz de un lego y fue la siguiente: “Porque el toreo es su adicción”. Afirmación contundente y si posibilidad de réplica.

El Pana había perdido la movilidad del cuello hacia abajo y atravesó por una larga agonía. Por ello, a un año de su fallecimiento, en esta relfexión merece la pena recordar lo que aconteció con él, tras ese salto a la arena de la Plaza México a finales de los años 70.

Ya popularizado como “El Pana”, apocope de panadero, su oficio en esos momentos; era un “veterano” en comparación con quienes se estaban presentando en esos tiempos. Logró debutar en el máximo coso del país durante el tercer festejo de la siguiente temporada novilleril. Era el 6 de agosto de 1978 y su presentación se saldó con el corte de dos orejas al astado Reyezuelo de Santa María de Guadalupe en una novillada de selección con otros cinco toreros.

Ese fue el principio de una temporada en la que Rodolfo se convertiría en la revelación, toda vez que tras ese triunfo fue incluido de nueva cuenta al domingo siguiente en la primera de las nueve tercias que torearía en ese ciclo. El balance fue de vuelta al ruedo y la clavícula luxada.

Regresó para la séptima fecha y suma otras dos orejas del toro Donato de La Paz. Para ese momento ya se había ganado el cariño de la masa que se identificaba con ese tlaxcalteca que enmarcaba al antihéroe, dispuesto a hacer lo imposible por lograr su sueño a pesar de las limitaciones que la vida la había puesto enfrente.

Con carisma y con ambición; llegando a la plaza en calesa; entre el humo de puros enormes, ternos decolorados y mordiendo bolillos, se fue abriendo paso. En su repetición estuvo a punto de cortar un rabo, sin embargo, falló con la espada. Esa falta de destreza con el acero también le complicó el panorama al momento de obtener resultados en otras tardes.

Volvió a la Monumental en un festival en memoria del fallecido monosabio Rafael Domínguez El “Gamuza” donde este hijo de Apizaco sufrió una grave cornada. Regresó a torear hasta la decimotercera novillada en noviembre donde corta una oreja a un ejemplar de Garfias. La siguiente fecha cortó otra oreja a un toro de San Felipe Torres Mochas. Luego tuvo una tarde que no fue la suya. En diciembre entra al cartel por El Estoque de Plata, donde, el trofeo se le escapó de las manos.

Otro de los novilleros que había destacado en la temporada era el hidrocálido César Pastor por lo que la empresa decidió enfrentarlos en mano a mano dos tardes consecutivas. En la primera Rodolfo indulta a Cariñoso de Begoña, al que cuajó el hoy popular “Par de Calafia”. En la otra obtiene la única oreja del festejo por la faena aun toro de Campo Alegre. Al concluir la temporada y ante los siete llenos que provocó su presencia en los carteles, era obligado recibir la alternativa en un cartel postinero.

Sin embargo, su posición en la vida aunando a un hablar en el que las formas perjudicaban el fondo, obligaron a retrasar su doctorado el cual finalmente se pactó para el domingo 18 de marzo de 1979. Su padrino fue Mariano Ramos ante el testimonio de Curro Leal con el toro Mexicano de Campo Alegre.

Entonces su destino lo llevó por diversos derroteros con ausencias prolongadas en ese y otros cosos, donde asegura, estaba vetado. Años más, se le vio aparecer en los Jueves Taurinos Nocturnos de la Plaza México. Sin perder ni su estilo ni su esencia. Cautivando con su personalidad. Pero se le fue pasando el tiempo y llegó la ausencia de contratos hasta que un buen día se puso en huelga de hambre en las afueras de la Plaza México. Desde entonces me dijo en una entrevista: “Quiero morir en el ruedo como Manolete”. Así, convence al empresario y vía José Antonio González “Chilolín” para el 7 de enero de 2007 se volvió a ver anunciado en la monumental de Insurgentes.

Era una despedida que se convirtió en un resurgir o como el propio Pana decía: “un renacimiento”, cuando bordó al estupendo y noble Rey Mago de Garfias. De nueva cuenta volvería a cimbrar aficionados pero esta vez su aventurera vida lo llevaría hasta a torear en España y de nuevo a correr la legua.

En este recuerdo para el torero tlaxcalteca, no puedo evitar evocarlo cuando en la edición del año 2016 en la feria mexiquense de Texcoco, en su mencionada encerrona, entre la noche que caía, brindó el último toro a la afición, tras lo cual, con el pie derecho excavó en la arena y enterró ahí su montera. Por añadidura con los machos hacia arriba. Entonces lo escribí en otra instancia periodística: ¿Qué significaba esa actitud del Pana? ¿Era su adiós al toreo…se trataba de un guiño al destino? Al paso de los días quedó claro: era su manera de decir adiós. El Pana, un auténtico e irrepetible de la tauromaquia que supo llegar al pueblo y seguirá en su corazón por siempre.