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Seria actuación de Ignacio Garibay

  • Lunes 27 de febrero de 2017
  • en Deportes

  • ENCIERRO PARA EL OLVIDO, FIN DE TEMPORADA

POR MIGUEL ÁNGEL GARCÍA

FOTOS: ALEJANDRO VILLA

EL encierro de La Estancia, propiedad de Alejandro Martínez
Vértiz, no funcionó, los toros derrocharon falta de casta,
algunos más ásperos y faltos de calidad. Tremenda pared con la
que los toreros se estrellaron, pues aunque la terna buscó sacar
pases a los toros para lucir, todo fue imposible. Bien presentados,
eso sí.

Ignacio Garibay fue al más destacado de la tarde gracias a que
impuso un toreo serio, toda madurez, que obligó a su lote embestir
un poco más, cosa que aprovechó sobradamente para lucir una
pequeña parte de su calidad torera y desparramando un toreo
señorial, de mando e imposición. Consiguió la única salida al
tercio tras caer su segundo toro, dejando prueba del momento
excepcional en el que se encuentra.

Arturo Macías salió con toda la actitud, estuvo más que
esforzado ante su primer toro, el cual no le dio opción para
lucir; intentó por ambos pitones para toda costa agradar, cosa que
el público no le agradeció. Estocada de la cual salió rebotado
el torero con un fuerte golpe. Aplausos al final. En su segundo
toro la historia no fue distinta, pero Macías se invento pases de
la nada. Mal matando dos avisos.  Fermín Rivera también se
estrelló ante su lote, no hubo despliegue artístico como es su
sello y gusto al ejecutar su toreo, y esto se debió a la falta de
calidad y transmisión de sus socios. Pero intentó y obtuvo
recompensa al extraer muletazos aislados de mucho merito, pues
jamás se aburrió y en todo momento exigió a sus toros dieran de
sí. No se salvó de un aviso en cada actuación.

HONOR A QUIEN HONOR MERECE

Tras el paseíllo se le entregó un reconocimiento al subalterno
en el retiro, Beto Preciado, por sus más de 40 años de
trayectoria, maestro de brega y con un ojo divino para saber llevar
los toros en la lidia de las diferentes figuras del torero con las
que anduvo puesto.

“¡Y QUÉ FELIZ ESTOY…!”

Un grito en la Plaza México puede ser gracioso, ofensivo o
acertado. Espontaneidad pura que surgen de los pulmones de
distintos aficionados; algunos son tradicionales ya y brotan
durante el festejo, arrancando las risas en él momento más
apropiado. Estos aficionados gritones nunca faltan a un festejo en
el coso de insurgentes. "¡Y qué feliz estoy y qué feliz estoy,
por que me trajo mi vieja, cabrones!" Fue un grito que se hizo
costumbre todos los domingos en los tendidos de sol general. No se
escuchará jamás, ya que su artífice, José Marcos Velázquez,
aficionado a los toros, falleció recientemente. Descanse en
paz.