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Creatividad y erudición para bautizar las fases de la Operación Lava Jato

No es común que expresiones en sánscrito o latín o con
referencias operísticas salten a los medios, como ocurrió en 2008
con la operación “Satiagraha” de la Policía Federal
brasileña o, más recientemente, con varias fases de la
investigación Lava Jato.

“Satiagraha” (“firmeza en la verdad”, una palabra
sánscrita usada por Mahatma Gandhi en la lucha por la
independencia de India) fue el código de los procedimientos que
permitieron desmantelar en Brasil una red de lavado de dinero y
detener al banquero Daniel Dantas, entre otros.

Desde 2014, el imprevisible thriller del multimillonario fraude
a Petrobras puso de moda locuciones como “Erga Omnes” (“Vale
para todos”, en latín) o “Nessum Dorma” (“Que nadie
duerma”, en italiano), que evoca una famosa aria de la ópera
Turandot, de Giacomo Puccini.

La institución no cuenta con una normativa para la elección de
los nombres.

La decisión se toma “según la creatividad del comisario que
dirige la misión, pero siempre teniendo en mente algún vínculo
con lo que se está investigando”, resume Luciano Leiro, director
de la Asociación Nacional de Comisarios de la Policía Federal en
Brasilia (ADPF).

A inicios de la década pasada, la PF tuvo una gestión que
incentivó esas ocurrencias y la búsqueda de títulos creativos
acabó convirtiéndose en una tradición.

El mismo sistema informático exige que las operaciones se
registren con un nombre. Para ello, el responsable de la
investigación suele reunir a su equipo -presencialmente o por
Whatsapp- para proponer ideas, explicó Leiro. ÓPERA
INSPIRADORA

La 19na fase de la Lava Jato (ya van 37) se llamó “Nessum
Dorma”, como una alerta a los corruptos, afirma el comisario Igor
Romário de Paula, coordinador de la operación en su base de
Curtiba. “Fue una época en la que hubo un intervalo muy grande
entre las fases de la operación, se decía que la Lava Jato había
acabado, y la elección de ese nombre tenía la idea de ‘no se
duerman, estén atentos, que la operación está avanzando’”,
explica De Paula, que empezó a apreciar el arte lírico con sus
abuelos italianos.

Esa tendencia demuestra el mayor nivel cultural de los policías
reclutados en los últimos años, afirma el comisario Cairo Duarte,
superintendente en ejercicio de la Policía Federal en
Brasilia.

“Erga Omnes”, en junio de 2015, condujo a la detención del
presidente de Odebrecht, la mayor constructora del país, Marcelo
Odebrecht, considerado hasta ese momento un intocable.

Esa noción, de una ley que se aplica sin distinciones, aparece
en los cursos de Derecho impartidos a candidatos a comisarios.

Lo mismo sucede con “Omertá”, una palabra napolitana que
define el código de honor de las mafias italianas.

Así se llamó la 35ª fase de la Lava Jato, en septiembre de
2016, en una doble referencia al voto de silencio que imperaba en
Odebrecht y al nombre en clave con que los directivos de la empresa
se referían al exministro de Hacienda Antonio Palocci, “el
italiano”, detenido en esa ocasión. POLÉMICA CREATIVIDAD

Además de “facilitar la organización interna y el trámite
de informaciones”, la práctica de bautizar una operación tiene
la función de generar “un efecto en los medios”, afirma el
comisario Leiro. Se busca un nombre original, para hacerla más
“atractiva” para el público, explica.

Pero no solo de ideas brillantes vive la PF. En la mayoría de
las ocasiones, un simple elemento de la investigación es el gancho
para denominarla, como en el caso de las fases “Acarajé” (un
pastel de frijoles típico de Bahía) y “Pixuleco”, términos
usados por los sospechosos para referirse a los sobornos.

Se recurre igualmente a locuciones populares, a nombres
irónicos y a juegos de palabras. Tirando del archivo, se encuentra
la operación Matusalén, que investigó en 2004 el desvío de
dinero del fondo de jubilaciones, o la Ctrl+Alt+Del, contra fraudes
en servicios bancarios en línea.

Esos términos accesibles son de hecho los que tienen mayor
repercusión en la sociedad. Pero no siempre la que se buscaba.

En la operación “Acarajé”, el impacto se convirtió en
polémica cuando las asociaciones de religiones de origen africano,
que consideran esta especialidad un alimento sagrado, protestaron
por la vinculación del término con el crimen organizado.