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Entren santos peregrinos… Llegan las posadas y pastorelas, ¿conoces su origen?

Entérate de dónde surgió la idea de las tradiciones Navideñas muy a la mexicana

Ana Martínez Gracida | El Sol de México

Más allá de una simple tradición, la celebración de la Navidad en México está llena de elementos muy propios de nuestro país que se encargan de darle calor a una de las temporadas más coloridas y animadas del año.

Muchos de nosotros aprovechamos este último mes del año para reunirnos con amigos o familiares que no vemos más que en esta época; de ahí que las fiestas decembrinas tienen un toque especial en toda la república.

Aunque cada región tiene su sello distintivo, existen algunas expresiones que se celebran por igual a lo largo y ancho del territorio debido a su arraigo familiar muy marcado.

Posadas: En el nombre del cielo
Se trata de una serie de fiestas para recordar el peregrinaje de la Virgen María y San José desde su salida de Nazaret hasta Belén, para buscar un lugar donde alojarse y esperar el nacimiento del niño Jesús.

Empiezan desde el 16 de diciembre y se extienden por nueve días, que recuerdan los meses previos al nacimiento de Jesús, concluyendo el día 24. De hecho, cada día tiene un significado: humildad, fortaleza, desapego, caridad, confianza, justicia, pureza, alegría y generosidad.

Cuando se canta la posada, los anfitriones, que permanecen dentro de su casa, representan a los hosteleros. Afuera deben estar “los peregrinos” que piden posada con un canto llamado letanía.

Tras esta ceremonia, se organiza la partida de la piñata. Tradicionalmente es una olla de barro cubierta con papeles de color, a la que se le da forma de estrella de siete picos, que representan los siete pecados capitales.

A las personas se les vendan los ojos, lo que implica un acto de fe y la fortaleza del individuo para vencer la tentación del pecado sin necesidad de ver, y se les entrega un palo de madera con el que golpean la piñata hasta romperla. Del cielo caen los dulces y frutas que significan el amor de Dios.

Al final se reparten los aguinaldos, pequeñas bolsas con dulces o colación, y se ofrecen algunos alimentos, mayormente antojitos como tamales, buñuelos y pan de dulce. De beber, hay ponche, atole o café de olla.

Pastorelas: Císcale, císcale, diablo panzón
Con humor y mucha tradición, estas representaciones teatrales evocan la anunciación del nacimiento de Jesús a los pastores.

Sus antecedentes los encontramos en la época de la evangelización, en 1530, cuando el primer obispo de la Nueva España, Fray Juan de Zumárraga, expidió una ordenanza para celebrar una “Farsa de la Natividad Gozosa de Nuestro Salvador”, surgiendo de aquí diversos entremeses creados principalmente por franciscanos.

En la mayoría de los argumentos de las pastorelas encontramos elementos comunes, como los pastores que intentan llegar a Belén a visitar al niño Jesús, un grupo de diablos que representan los pecados capitales, quienes los acosan con trampas, tentaciones y obstáculos para que desistan, la lucha entre el Arcángel San Miguel y Lucifer, donde este último termina vencido y un final feliz donde los pastores logran su objetivo y cantan villancicos.

El dramaturgo mexicano Miguel Sabido ha sido uno de los principales promotores de la pastorela mexicana. Como lo indica la Secretaría de Cultura federal, ha dedicado gran parte de su trabajo a la investigación y elaboración de textos, en los que incluyó el sentir del pueblo, que añoraba los festejos de las fechas decembrinas.

Entre los lugares donde más tradición existe al montar estas puestas en escena está Tepotzotlán, Estado de México, donde se escenifica en la Hostería del Convento, que forma parte del complejo que alberga el Templo de San Francisco Javier y el Museo Nacional del Virreinato.

La pastorela conserva su formato tradicional y tiene más de 50 años escenificándose.

Villancicos: Hacia Belén va una burra, rin, rin
¿Quién podría imaginar una Navidad sin un buen villancico? Los hay en todos los géneros, ritmos e idiomas y de todas partes del mundo, pero en esencia los villancicos proclaman el júbilo por el nacimiento de Jesús.

Según Catholic.net, originalmente eran canciones profanas con estribillos que registraban la vida cotidiana de las villas de una forma poética. Posteriormente comenzaron a cantarse en las iglesias y el villancico no sólo se consolidó como género, sino que se convirtió en el arquetipo de la canción de Navidad.

La temática se concentra en el niño Jesús, la Virgen María, San José, los Reyes Magos, los pastores y la Estrella de Belén; sin embargo, con el paso del tiempo, la antigua forma de los villancicos ha tenido un declive y en su lugar, se han escrito canciones cuyas letras retoman otros elementos como la nieve, Santa Claus, el árbol de Navidad o los calcetines en la chimenea, esto debido a la gran influencia de la cultura norteamericana en el mundo.

Entre los villancicos más populares encontramos “Campana sobre campana”, de origen andaluz; “Los peces en el río”, en el que en algunos párrafos se percibe cierta influencia árabe; “La Marimorena”, de origen español escrito en el siglo XVIII; o “Blanca Navidad”, escrito por Irving Berlín en 1940, incluido en el Récord Guinness como uno de los temas más vendidos en la historia.