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La inteligencia artificial tendría una mente creativa

¿Puede una máquina crear arte de forma autónoma? ¿Es la
inteligencia artificial capaz de generar nuevos géneros
artísticos? ¿Puede existir un arte no humano? En el corazón de
Google Brain un equipo de artistas e ingenieros intenta responder a
estas cuestiones.

“Tenemos la oportunidad de gestar una nueva generación de
herramientas para los artistas que podría derivar en el
descubrimiento y la generación de un nuevo tipo de arte, en algo
nunca visto”, explica en una entrevista con Efe Douglas Eck,
músico y responsable de Magenta, el proyecto de Google que
investiga si la inteligencia artificial puede ser una aliada del
arte.

Esa nueva generación de herramientas son las redes neuronales
artificiales, o “deep learning”, un tipo de sistemas de
inteligencia artificial capaces de aprender a entender realidades
complejas para, a partir de ahí, solucionar problemas
puntuales.

Artistas, ingenieros e investigadores trabajan juntos en el
proyecto Magenta -un grupo dependiente de Google Brain, la
división de inteligencia artificial de la compañía tecnológica
estadunidense- para implicar a su corazón de redes neuronales,
TensorFlow, con música y arte visual.

Se imponen las preguntas y se prevé un largo camino hasta las
respuestas. De hecho, el proyecto nació de los siguientes
interrogantes: “¿Podemos utilizar el “machine learning” para
crear arte y música cautivadores? Si la respuesta es sí, ¿cómo
lo hacemos? Si es negativa, ¿por qué no?”.

De momento, mucha experimentación. Los primeros modelos de
inteligencia artificial de Magenta están ideados para la
interacción en tiempo real con músicos electrónicos. El artista
compone e interpreta y la máquina responde a esa actividad con
propuestas propias complementarias.

“Es como un instrumento más, de software, pero más grande y
más inteligente. Pero tendremos que andar un buen trecho para
movernos desde ahí hasta lograr que la inteligencia artificial
interactúe con una orquesta sinfónica o con un solo de guitarra.
(…) Y no tengo nada claro que podamos generar un modelo para el
flamenco”, aclara.

Magenta ha empezado por la música porque las redes neuronales
pueden aprender de su estructura temporal. Para entrenar a la
máquina y conseguir que componga de forma autónoma con un estilo
determinado, la música clásica es ideal por su estructura y
regularidad.

Sin embargo, el objetivo no es “crear un millón de
composiciones de Bach”, sino dar con fórmulas y estilos
inéditos.

“Consigamos lo que consigamos con las redes neuronales, que
aún están en un punto muy primitivo, Magenta ofrecerá una
tecnología para que los artistas intenten desbaratarla, romperla,
ponerla del revés para llegar con ella a un sitio inesperado.
(…) A los artistas les encanta romper cosas. Y ese efecto
sorpresa es una de las claves del arte”, continúa.

El equipo pretende que los “modelos generadores” de la
inteligencia artificial sean tanto “aliados rompedores” de los
artistas como creadores autónomos. Eso sí, su actividad
artística siempre estará influida por su contexto social y
cultural.

“Visto desde las matemáticas, las máquinas podrán crear por
sí mismas. Pero dudo que vayan a dar un salto brutal hacia algo
totalmente nuevo que seamos incapaces de comprender. Porque si no
lo podemos comprender, no nos interesará”.

¿Y llegará un momento en el que consideremos arte una obra
gestada por un ordenador?

Eck cree que hoy sería impensable, pero que a medida que las
futuras generaciones se adapten a la convivencia con la
inteligencia artificial no es un escenario descabellado.

“Puedes imaginar una situación en la que, en un concierto de
jazz, el modelo Magenta improvise por su cuenta y lleve la
interpretación hacia una dirección imprevista y que el público
pueda decir ‘qué hermoso’. Poco a poco asumiremos que los
ordenadores pueden crear cosas bellas. Incluso entonces surgirán
debates sobre la creatividad y la belleza”, piensa el
responsable.

“La tecnología siempre ha despertado preguntas acerca de qué
es el arte, hasta lo ha desafiado en varias ocasiones. Incluso algo
tan simple como que los pigmentos al óleo se introdujeran ya
mezclados en tubos asustó a algunos en su momento”, alega.

Eck está convencido de que las redes neuronales tendrán un
impacto en el ejercicio artístico al igual que la aparición de la
cámara fotográfica lo tuvo en el arte visual y la guitarra
eléctrica en la música. Y de que serán los artistas quienes
descubran sus utilidades.

“Rickenbacker y Gibson crearon la guitarra eléctrica para
competir con el ruido y la multitud, no querían distorsionar la
guitarra tradicional. No esperaban que apareciera alguien como
Jimmy Hendrix”, ejemplifica.

En los próximos meses, se publicarán algunos estudios
académicos acerca de Magenta -un proyecto en código abierto- y el
equipo ya empieza a trabajar en el campo del arte visual. El
abordaje de la literatura, a día de hoy, no entra en sus
planes.

“Hemos puesto los cimientos de la infraestructura. Creo que
Magenta aún no ha creado nada que sea tan hermoso y perfecto como
para levantar de la silla y arrancar aplausos. Pero ya hemos dado
con los primeros ingredientes de la receta”, subraya.

Hoy es imposible prever el papel que tendrá la inteligencia
artificial la creación, si es que termina teniendo alguno, pero
Magenta es una excusa ideal para reflexionar, una vez más, sobre
qué es eso que llamamos arte.