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La “policía de los renos” pone orden en la tundra de Noruega

En el corazón de la aparente apacible Laponia noruega, una moto de nieve avanza por la tundra helada. Es la “policía de los renos”, una fuerza única en el mundo encargada de impedir que el Gran Norte se convierta en una tierra sin ley.

En Finnmark, condado en el extremo norte de Noruega, se ha puesto tope al número de cérvidos: 148 mil 800 cabezas. Aún así a veces estallan refriegas entre los ganaderos por el reparto de las zonas de pasto montañosas hacia las que los renos se retiran en invierno tras pasar el verano en la costa.

Acaban en insultos, amenazas, robos o masacres de animales y, en contadas ocasiones, en puñetazos o disparos (…). Aunque casi desértico, el Gran Norte no se libra de la violencia entre ganaderos samis (lapones), población autóctona del Ártico. Los agentes están autorizados a confiscar armas de forma preventiva.

En caso de necesidad interviene la “policía de los renos”. “Ejercemos de intermediarios y buscamos una solución. De alguna manera somos mediadores de paz”, explica Jan Tore Nikolaisen, un exsoldado que sirve desde hace un año en esta unidad de 15 agentes.
Nombre polémico

Y eso que ya existía. La “policía de los renos” nació en 1949 para combatir la caza furtiva en una región entonces devastada y hambrienta por la política de tierra quemada aplicada por los nazis años antes durante la Segunda Guerra Mundial.

A horcajadas en su moto de nieve o en cuatriciclo, más que en coche, estos agentes patrullan un territorio de uan superficie de 56 mil km2, a una distancia prudencial de los animales para no espantarlos.

“Pueden pasar semanas enteras sin que veamos un reno”, declara Jim-Hugo Hansen.

El nombre de “policía de los renos” no es de su agrado porque desempeñan muchas más funciones, como velar por la naturaleza y por el respeto de las normas de caza, pesca, tráfico…