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¿Por qué se da tanto en los lugares de trabajo?

Para algunas personas los chismes son la sal de la vida. A otras
de solo oírlos se les revuelve el estómago. Sea de un modo o de
otro, es difícil imaginar un lugar de trabajo sin chismes. “¿Te
enteraste de que…?”. “¿Viste lo que dijo…?”. Una frase
tan simple puede ser la introducción a toda una serie de
habladurías que muchas veces van seguidas de un iluso “pero tú
no se lo comentes a nadie”. No hay vuelta que darle. Los chismes
pueden convertir al compañero más introvertido en una verdadera
comidilla.

¿Pero qué es en definitiva un chisme y qué no? ¿Cómo saber
qué es cierto y qué es falso? ¿Cómo diferenciar si es algo
comentado al pasar sobre un tercero o si los comentarios empiezan a
ser más bien un mobbing que toma de punto a alguien en
particular?

Hay diferentes grados de chisme, por decirlo así. Una cosa es
comentar algo sobre un tercero cuando uno se encuentra con un amigo
del trabajo y habla en general de los compañeros. Otra cosa es el
rumor que hace foco puntualmente en una persona y que se vende como
si fuese una verdad.

Es decir, el primer tipo de chisme consiste en comentar cosas de
la vida privada de alguien a pesar de que esa persona no tenía la
intención de compartir con todos esa información. Otra cosa es
comentar y fomentar la circulación de un rumor del que nadie sabe
si es verdad o no, pero que se pone a rodar y se va alimentando de
malas interpretaciones.

Sin embargo, no todo es tan negativo en el hecho de chusmear. La
profesora Birgit Althans de la Universidad de Lüneburg publicó un
libro sobre la historia cultural del chisme. Allí dice que
chismosear en el trabajo también tiene una función positiva
porque ayuda a reducir las tensiones en un momento muy estresante
o, también, a ponerle algo de “condimento” a una rutina
laboral más bien tediosa.

Además, tal como apunta Althans, hay un efecto muy claro: el
chisme agrupa, genera cohesión, porque si uno habla “a
escondidas” sobre un tercero, siente que el vínculo con su
interlocutor se afianza.

Pero justamente todos esos elementos que parecen muy positivos
viven de segregar a otro. La cohesión que puede generar un rumor
entre dos que lo comparten o incluso entre todo un grupo se basa en
la exclusión de alguien que pasa a ser foco de las
habladurías.

El límite entre el chisme y el mobbing se vuelve muy frágil, y
la línea roja de pronto no es nada difícil de cruzar.

“En realidad los chismes son, entre otras cosas, un indicador
de que la persona que chusmea no tiene mucha seguridad en sí
misma”, sostiene la psicóloga Juliane Dreisbach. Al hablar mal
de alguien o hablar de él a sus espaldas, lo que se hace es
intentar ponerse por encima de ese otro, explica Dreisbach.

¿Cómo puede reaccionar uno si nota que en el equipo está
circulando un rumor? ¿Puede evitar comentar los rumores? Es
difícil. Si uno no forma parte de los rumores, puede quedar fuera
y dejar de enterarse de muchas cosas o incluso volverse en objeto
de las habladurías de los demás.

Mucha gente se suma a la ola de los chismes justamente por ese
motivo. Quiere estar del lado de los que hablan, dentro del grupo
que genera de ese modo cohesión, y no del lado de quienes son
señalados. ¿Pero es realmente la mejor actitud?

Algunos “coaches de equipo” dicen que, al entrar a trabajar
en un lugar nuevo, lo mejor es contarles a los demás algo de la
vida privada, porque eso tiende a evitar que se generen rumores por
falta de información.

¿Y cómo reaccionar si uno mismo es el foco de los chismes? En
general, si uno está bien integrado, no suele tener ese problema o
puede tener un amigo que le ponga freno a lo que se esté diciendo
dentro del grupo.

¿Pero qué actitud se recomienda tomar? En algunos casos está
bien ignorar el asunto. En otros, es bueno reaccionar, sobre todo
si el rumor está haciéndole mucho daño a uno.

Hay miles de ejemplos. Si uno escucha, por tomar un caso, que
se anda diciendo que un compañero tiene problemas con el alcohol,
lo primero que se puede preguntar es quién se beneficia de que
circule un rumor semejante. Eso muchas veces ayuda a detectar
quién fue el que echó a rodar esa supuesta información y de ese
modo uno puede ir directamente a hablar con esa persona para ver
qué sucede. Otra alternativa sería, si es un rumor muy corrosivo,
plantearlo ante alguna instancia superior.

Pero, en definitiva, los chismes en el trabajo son como tantas
otras cosas de la vida: un poco está bien, pero si a uno se le va
la mano, puede arruinarlo todo. (DPA)