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¿Qué pruebas hay de la existencia de Cristo? 

||Segunda parte de cuatro||

¿Qué pruebas hay de la existencia de Cristo?  Obviamente contamos con los testimonios de los evangelios, que no son cuatro, sino diez por lo menos, además de las narraciones de historiadores de la época: Flavio Josefo, los Plinios, Tácito, Suetonio y Filón.  El más auténtico es Flavio Josefo, quien no conoció personalmente a Jesús pero tuvo información de primera mano de sus discípulos.  La primera referencia no cristiana aparece en el libro “Antigüedades de los Judíos”, de Flavio Josefo, quien dice: “…por aquel entonces vivía Jesús, un hombre santo, si es que puede ser llamado hombre, pues realizaba cosas maravillosas y enseñaba a los hombres y recibía gozosamente la verdad.  Y fue seguido por muchos judíos y muchos griegos.  Era el Mesías”.  Flavio Josefo, entre paréntesis, era un judío llamado en realidad José Ben Matatías, diestro en el manejo de las armas y quien fuera general del ejército judío. En alguna ocasión, hacía el año 55 de nuestra era luchó, defendiendo a su pueblo, contra los invasores romanos comandados por el general Vespasiano.  Josefo, derrotado, le pronosticó a su vencedor que con el tiempo sería emperador de Roma. Eso le valió que, posteriormente, el emperador Flavio Vespasiano lo llevara a vivir a Roma, le hiciera acreedor del regio nombre de su familia Flavia, lo instalara como cronista, y fuera un historiador privilegiado.  Escribió mucho sobre las costumbres y los sucesos del primer siglo de la era cristiana.  Murió en Roma hacia el año 100.  En “Antigüedades de los Judíos” narra acontecimientos a los que tuvo acceso en la zona de lo que hoy llamamos Medio Oriente. 

Otras fuentes históricas son los cuatro evangelios que han llegado a nosotros y que son sobrevivientes de un número mayor de libros del primer siglo. Los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas son sinópticos, o sea que su contenido y episodios pueden ser ordenados en columnas paralelas y vistos conjuntamente; fueron escritos en griego Koiné, del habla popular y no eran un modelo de perfección gramatical. Sin embargo la naturalidad y fuerza de su estilo sencillo, la viveza de sus antologías y escenas; la hondura de sus sentimientos y la intensa fascinación del relato dan incluso a los toscos originales un encanto sin par que algunas traducciones han realizado. Las obras originales fueron escritas entre los años 60 y 120 de nuestra era, y por eso se han visto expuestas durante siglos a errores en la transcripción y a alteraciones para acomodarse a ideas teológicas o a los propósitos de la época del copista. 

Marcos compuso su evangelio con recuerdos que le comunicó Pedro; transcribió los 
logia
, que son una colección de dichos de Jesús en arameo.  Este evangelio de Marcos que hoy conocemos fue puesto en circulación cuando todavía vivían algunos de los apóstoles o discípulos inmediatos.  Puede decirse que el evangelio de Marcos es en lo fundamental “historia auténtica”.

Por encima de los otros evangelistas, Mateo concede más importancia a los milagros atribuidos a Jesús y revela un sospechoso empeño en demostrar que muchas profecías del Antiguo Testamento se cumplieron en Cristo.  Es el más conmovedor de los cuatro y merece lugar especial entre las obras literarias. 

El evangelio de Lucas fue compuesto en la última década del siglo primero, y coordina y armoniza los primitivos relatos sobre Jesús, y tiene por objeto la conversión, no de judíos sino de gentiles.  Con toda probabilidad Lucas, quIien era médico, fue amigo de Pablo y autor también de los Hechos de los Apóstoles.

Finalmente el evangelio de Juan no pretende ser una biografía de Jesús, sino una presentación de Cristo desde el punto de vista teológico, como el creador del mundo y redentor de la humanidad; está en contradicción con los evangelios sinópticos en numerosos detalles y en la pintura general de Cristo. (continuaré)



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