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Bullying o el acoso escolar que enferma y mata

  • Viernes 7 de abril de 2017
  • en Salud

POR ÁNGELES WOLDER La Real Academia Española define el acoso
psicológico que extrapolamos al escolar o bullying como:

“Práctica ejercida en las relaciones personales, consistente
en dispensar un trato vejatorio y descalificador a una persona con
el fin de desestabilizarla psíquicamente”.

El trato vejatorio puede consistir en agresiones físicas,
verbales o psíquicas, molestias, actos de crueldad, insultos,
amenazas explícitas o veladas, persecuciones, exclusión del
grupo, ensañamiento con algo o una característica de la persona
acosada, menosprecio hasta un exceso de sadismo o barbarie que la
persona ya no puede soportar. Comienza lentamente, incluso con
acciones de forma graciosa o divertida que de a poco, va pasando a
tintes de monstruosidad intolerables, pero que los adultos o no son
capaces de detectar o no son capaces de detener. Es una lenta y
dolorosa tortura, hasta que el niño se da cuenta de que es
víctima de acoso o que un adulto lo puede percibir y consiga
auxiliarle.

Es una situación altamente problemática como ignorada, que
lleva a los que lo sufren a enfermedades como linfoma, leucemia,
tumores óseos, fracturas de hueso, el suicidio o a una vida
inestable. En el caso del acoso escolar, la mayor parte de las
veces, son los niños de la misma edad los que actúan acosando a
otros. Con mayor frecuencia se da en la etapa de la pubertad y
adolescencia o sea en un momento de cambio y por lo tanto de
fragilidad personal y relacional. Es fácil imaginar cuánto
sufrimiento guarda el niño sometido a este tipo de acoso. Los
niños que lo sufren suelen usar la estrategia de la evitación por
lo que comienzan a faltar al sitio en donde se encontrarán con
el/los acosadores, como por ejemplo la escuela. Eso les lleva a
sentirse aislados y desamparados. Simulan sentirse enfermos o si
van a la escuela lo harán con miedo, ansiedad, pánico y terror.
Están en constante vigilancia y por lo mismo tienen problemas para
dormir y el desgaste progresivo y la pérdida de movilidad
(pérdida de territorio) puede activar una depresión.

“El acoso es un tipo de comportamientos en el que todos
pierden y nadie gana”.

Y nos preguntamos ¿Por qué los niños aplican este tipo de
trato sobre sus compañeros? ¿Cuál es su utilidad? ¿Qué fin
persiguen? Por lo general el “acosador” tiene algún tipo de
ventaja que puede ser física, de popularidad o liderazgo, lo que
le permite ser avalado por sus pares a pesar del comportamiento
anómalo. Tiene espectadores a los que demuestra con sus actos su
supuesta “valentía”. Juega con ventaja y la aprovecha para
dañar a otros pero a la larga, también se está haciendo daño a
sí mismo. El acosador realiza una acción sobre otros para sentir
que vale, que es poderoso porque en su fuero más interno sabe que
tiene muchas carencias pero las quiere ocultar.  En una consulta
realizada en España en 2016, las personas que habían acosado
respondieron a la motivación de la siguiente manera: 20 por ciento
no sabe porque lo hace, un 14 por ciento para hacer una broma, un
10 por ciento para vengarse de algo y luego sigue una larga lista
de no me gusta, por ejemplo, lo que hace, sus hobbies, su color de
piel, orientación sexual, físico, cultura o religión por lo que
deducimos que lo que no hay en estas relaciones es aceptación.
Aceptación de como es el otro, de cómo piensa, de cómo quiere
vivir, de cómo siente y percibe la vida queriendo imponer una
única manera de ser y de hacer.

Aceptación es el término y la actitud que deberíamos aprender
desde edades muy tempranas. El mundo sería otro y las personas
crecerían sanas fortaleciéndose unas a otras.

Ángeles Wolder Helling

Directora académica de la Escuela de Descodificación
Biológica

Original® de España (EDBO)

Autora del libro “El Arte de Escuchar el Cuerpo”

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