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Jérome Hamon, el hombre de las tres caras aprende a vivir con nueva identidad

  • Miércoles 18 de abril de 2018
  • en Salud

PARÍS, Francia. Jérome Hamon ha tenido tres rostros durante su vida. Tras el fracaso de un primer trasplante de cara, realizado por culpa de una enfermedad genética, se le practicó otra operación de ese tipo en enero y ahora aprende a vivir con su nueva “identidad”.

Francés, de 43 años, que sigue hospitalizado tres meses después de su operación en París, es la primera persona en el mundo sometida a dos trasplantes de cara.

Por el momento, su rostro permanecerá terso e inmóvil y no se ajusta a la forma que tiene su cráneo, pero su aspecto debería mejorar poco a poco, a condición de que funcione el tratamiento inmunodepresor para impedir un nuevo rechazo del injerto.

En 2010, ese cirujano plástico ya había practicado un primer trasplante completo de cara al mismo paciente, en el hospital Henri Mondor de Créteil, cerca de París.

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El primer trasplante fue un éxito, tal y como contó Hamon en un libro publicado en abril de 2015: T'as vu le Monsieur? (¿Has visto a ese señor?).

Por desgracia, ese mismo año, utilizó un antibiótico incompatible con su tratamiento inmunodepresor para curar un simple resfriado. En 2016, mostró señales de rechazo crónico y empeoró.

Tuvo que ser hospitalizado a mediados de 2017, y en noviembre, los médicos le retiraron el rostro injertado, debido a la aparición de zonas necrosadas.

Permaneció dos meses “sin cara” y en reanimación en el hospital Pompidou, a la espera de que la agencia francesa de biomedicina encontrara un donante compatible.

Unos momentos dolorosos que no acabaron con sus ganas de luchar. “Todo el equipo de reanimación quedó impresionado por la valentía de Jérôme, su voluntad, su entereza en una situación trágica. Porque entonces estaba en una situación de espera y nunca se quejó. Al contrario, tenía bastante buen humor”, contó a la prensa Bernard Cholley, anestesista del Georges-Pompidou.

El donante fue un hombre de 22 años, fallecido a centenares de kilómetros de París. Lantieri se enteró de ello el domingo 14 de enero.

Un día después, se retiró la cara del joven y hubo que trasladarla lo antes posible hacia el hospital.

“ESTÁ BIEN, SOY YO”

Jérome Hamon entró en el quirófano el lunes 15 de enero. Hacia el mediodía, el equipo médico empezó a preparar los vasos sanguíneos y los nervios del paciente para poder realizar el trasplante, explicó Lantieri. Luego fue como colocar una máscara con cuidado, uniéndola a todo lo que compone la anatomía compleja de la cabeza. El injerto dio rápidamente señales alentadoras al tomar color.

“Tras el primer trasplante, acepté inmediatamente el injerto. Lo consideré como un nuevo rostro. Si no hubiera aceptado esa nueva cara habría sido un drama. Pero ahora está bien, soy yo”.