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Sandra, la orangután en el limbo espera su suerte

Un cartel cercano al recinto donde está confinada Sandra
explica el significado de orangután: “Hombre del bosque” en
idioma malayo. Pero la simia de pelo rojizo permanece todavía
dentro de su obsoleto encierro en el antiguo zoológico de Buenos
Aires y es posible que nunca llegue a conocer la selva que
habitaron sus ancestros.

Sandra está en un limbo a la espera de que se decida su suerte:
el traslado a una reserva natural o su permanencia en el recinto
que habita desde hace más de 20 años en el viejo zoo,
recientemente convertido en Ecoparque. Para esa segunda opción,
sus condiciones de vida deberán mejorar ostensiblemente, coinciden
autoridades, funcionarios judiciales y biólogos.

El Ecoparque, creado por el gobierno capitalino con la idea de
transformar el centenario y obsoleto zoológico porteño rodeado de
edificios y del ruido de la ciudad, en un parque ecológico de
preservación de la biodiversidad, pretende liberar a decenas de
animales a reservas naturales. Y para aquellos que deban permanecer
a causa de su longevidad, limitaciones físicas y las dificultades
para su traslado, busca convertirse en un lugar de resguardo, donde
su bienestar esté asegurado.

“Sandra está con su piedra atada al cuello”, se lamentó a
The Associated Press la jueza de Buenos Aires Elena Liberatori. La
magistrada fue artífice de un fallo en 2015 que, en sintonía con
otro de un tribunal penal nacional de un año antes, consideró a
la orangutana sujeto no humano de derechos que merecía mejor trato
y ser liberada. Fue en respuesta a una demanda de la Asociación de
Funcionarios y Abogados por los Derechos de los Animales, que
alertaban que la simia habitaba en un lugar inadecuado.

Sandra, de 32 años, se hizo famosa fuera y dentro de Argentina.
Y su destino incierto es motivo ahora de preocupación para el
Ecoparque y la justicia, que coinciden en qué hay que mejorar su
estado. La cuestión es cómo.

La AP pudo observar días atrás a la simia de tierna mirada en
un espacio cerrado, enrejado y de aspecto más bien lúgubre. Luego
se trasladó a otro contiguo a cielo abierto, donde se tapó la
cabeza con cartones, una conducta habitual en estos primates, para
después llevarse a la boca pequeñas hojas que recogió del suelo.
Cerca había unas pocas rocas y una estructura hecha con palos de
madera y sogas. Parecía tranquila y curiosa ante las miradas
ajenas.

Liberatori parece estar resignada con la posibilidad de que el
animal continúe en esa residencia debido a las pocas opciones que
tiene de ser trasladada.

Por un lado, explicó, existen normativas sanitarias muy
estrictas de ingreso a otros países; por otro, acostumbrada a un
largo confinamiento, que se remonta a su nacimiento en cautiverio
en Alemania, Sandra podría sufrir un trauma con su eventual
traslado a un lugar más salvaje.

Además, es un híbrido de orangutanes de las islas de Sumatra y
Borneo y eso implica un problema a la hora de volver a esas zonas
naturales, donde no se adaptaría bien.

Liberatori debe velar porque el gobierno capitalino garantice a
la orangutana la mejor atención. Así lo dispuso en junio un
tribunal de alzada que, sin entrar a debatir si la simia es sujeto
humano, resolvió que por lo menos es un “ser sintiente” al que
hay que mejorar las condiciones de vivienda, nutrición,
actividades de entretenimiento y cuidados clínicos.

La magistrada, quien a los 14 años decidió hacerse abogada
para cuidar a los animales, dijo entre lágrimas que está decidida
a “empujar” lo que sea necesario para proteger a Sandra, de la
que tiene un retrato colgado en su despacho.

“Tengo una base, la del ‘ser sintiente’, para cambiar ese
lugar de cautiverio por uno de resguardo, de vida un poco más
digna”, dijo. Acotó que “desearía que Sandra tuviera pasto,
plantas, árboles” reales y no “un árbol de palos de madera”
como al que se sube en la actualidad.

Mientras mejora el lugar que habita Sandra, el gobierno
capitalino está facultado para decidir si la traslada, siempre que
asegure su bienestar. La vivienda actual está constituida por tres
espacios a los que se hicieron pequeñas mejoras como la
instalación de sogas para que se cuelgue y transporte en altura,
conseguidas por la propia jueza. Pero deberían ser agrandados y
contar con elementos que le permitan elegir distintas opciones para
aprender y entretenerse.

Rosario Espina, directora general de Biodiversidad en Ecoparque,
dijo a la AP que este centro coincide “con las intenciones de la
jueza de mejorar las condiciones de Sandra en términos de
infraestructura y enriquecimiento ambiental”.

Indicó que se evalúa la posibilidad de que el animal sea
derivado a la reserva privada de Sorocaba, en Brasil, habitada por
distintos primates, pero para ello es necesario solicitar la
opinión de las autoridades brasileñas y de biólogos.

Existen algunos problemas para que esa opción se concrete.
Sandra goza de buena salud pero, antes de cualquier traslado,
habría que someterla a análisis clínicos que obligarían a
anestesiarla, lo que pondría en riesgo su vida.

El etólogo Ricardo Ferrari consideró que con Sandra se tiende
a la “sobre simplificación” ya que por un lado están los que
opinan que “los animales no tienen derecho a la vida” y
aquellos que sostienen que “son personas”, lo que considera
apreciaciones excesivas de ambos lados.

Ferrari, consultado por la jueza, dijo que la simia “tiene una
conducta plástica, reacciona” y no muestra “movimientos
estereotipados”, es decir repetitivos y sin un fin determinado,
que hagan temer que sufra. Pero su ambiente debe ser mejorado
“con variadas estructuras donde elegir lo que hace y cómo”,
explicó. “Hay que colocar más estructuras en altura y zonas
donde ella puede interactuar, que le presenten problemas y los
resuelva”.

El canadiense Shawn Thompson, autor de “The Intimate Ape;
Orangutans and the Secret Life of Vanishing Species” (La
intimidad del simio; orangutanes y la vida secreta de las especies
en extinción), opinó que debe tener asegurados el derecho a la
privacidad y el de socializarse cuando quiera y con quien
desee.

“Sabemos que los orangutanes son seres
inteligentes…deberíamos tratar a una ‘persona’ inteligente
como Sandra con humanidad y reconocer que goza de ciertos derechos
básicos relacionados con la calidad de su vida”.