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Sedena cumple sueño del pequeño “Chochi” y se convierte en un valiente militar

Santa María Rayón, México.- Ni una sola palabra emitió pero no fue necesario, ya que su mirada y su sonrisa expresaron la alegría que sintió “Chochi”, como le nombran de cariño a José Luis Loza Mendoza, un pequeño proveniente de uno de los albergues del DIF Estado de México, quien se vistió con atuendo militar para convertirse en un “soldado honorario”, que ha enfrentado durante sus 14 años de vida al síndrome de Coffin Lowry y una discapacidad leve.

Desde una hora antes de la llegada de José Luis Loza, la disciplina militar no podía pasar por alto un último ensayo, y aunque el desfile de honor duró unos cuantos minutos, se practicó. Los fuertes gritos del mando no faltaron para llamarle la atención a los siluetas verdes que ocuparon con un orden casi geométrico la explanada de la 22 Zona Militar.

La llegada de “Chochi” fue minutos antes de las 10:00 horas y al bajar del auto donde era acompañado por autoridades del DIFEM, de inmediato sus ojos mostraron sorpresa al ser rodeado por un grupo de militares encabezados por el Gral. de Brigada Diplomado Estado Mayor, Enrique Dena Salgado, comandante de la 22 Zona Militar de Santa María Rayón.

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De la mano militar fue recibido y acompañado hasta los dormitorios. Después de un breve mensaje de bienvenida, de inmediato su placa de identidad le fue puesta en el cuello. Así, luego de recibir las normas que contiene el reglamento del lugar, recibió su uniforme militar; a partir de ese momento el niño José Luis Loza ya era un “soldado honorario”.

Envuelto con el atuendo respectivo fue llevado hasta el comedor donde desayunó jugo, fruta, cereal con yogurth, así como puré de papa acompañado con trozos de carne de pollo en mole verde.

Posterior a este acto, “Chochi”, quien cursará el quinto grado de primaria en el albergue del DIFEM, se trasladó con los mandos militares a la ceremonia de bienvenida que incluyó una orden extraordinaria, un reconocimiento y un regalo.

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Mientras sus manos tocaban la placa de identidad que le había sido obsequiada, sus pies se movían al ritmo del sonar de los tambores y las trompetas, como parte del desfile de honor.

Instantes después, su mirada y su mente quedó hechizada por el tanque de guerra recibido. Y es que a partir de ese momento se subió al tanque de guerra -de juguete- y ya no se bajó.

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El módulo siguiente fue el área de transmisión donde el pequeño José Luis logró comunicarse con elementos de la Sedena ubicados en la zona de Valle de Bravo vía radio, para luego dar un paseo en un camión militar. Su rostro no dejaba de sonreír hasta llegar y casi montar una aeronave militar.

Finalmente su recorrido terminó y previo a su despedida con los mandos militares que lo acompañaron en esta aventura, el niño abrazó y no volvió a soltar su juguete. Al filo de las 11:49 horas, su día como soldado honorario terminó, sin embargo, su batalla continuará toda su vida.

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