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Con un superávit comercial récord, Alemania se expone a críticas

  • Viernes 10 de febrero de 2017
  • en Finanzas

BERLÍN, Alemania. (AFP) – Alemania registró en 2016 un
superávit comercial récord gracias a unas exportaciones sin
precedentes, lo que podría avivar las críticas a la política
económica de Ángela Merkel, empezando por las de Donald
Trump.

La primera economía europea exportó 252 mil 900 millones de
euros más de lo que importó, anunció la Oficina Federal de
Estadísticas. Es más que en 2014, cuando el excedente fue de 244
mil 300 millones de euros, y desde la crisis financiera de
2008-2009 esta cifra no ha dejado de aumentar.

Alemania también importa cada vez más (+0.6 por ciento hasta
los 954 mil 600 millones de euros), especialmente productos
agrícolas, gas natural, ropa o aparatos informáticos, pero el
éxito fuera de sus fronteras del “Made in Germany”,
maquinaria, productos químicos y en particular coches, es todavía
mayor, puesto que las exportaciones aumentaron un 1.2 por ciento
hasta los mil 207 billones de euros, una suma sin precedentes.

“El superávit comercial récord atizará el conflicto con
Estados Unidos y la Unión Europea” que acusan regularmente a
Alemania de aprovecharse de los otros países vendiéndoles sus
productos, sin hacer nada a cambio para impulsar el consumo interno
que podría beneficiar a estos últimos, señala el economista
Marcel Fratzscher, del instituto DIW.

Considera que en este récord no hay “ninguna razón de estar
orgulloso”. Los superávits de Alemania a menudo constituyen los
déficits de sus principales socios.

Alemania se mantiene muy por delante de países como Brasil, que
cerró el año con un superávit comercial récord, aunque de 47
mil 692 millones de dólares, o de Japón, que logró el primero
desde 2010, de 35 mil 800 millones de dólares.

El de China, aunque retrocedió, es todavía de 510 mil millones
de dólares.

Aficionado a los coches alemanes, Estados Unidos (EU), el primer
socio comercial de Alemania, agravó su déficit comercial hasta
los 502 mil 200 millones de dólares.

Es la espina en el zapato del nuevo presidente Donald Trump, que
se ha lanzado en una campaña para hacer que empleos y producción
vuelvan a suelo estadunidense.

Falta de inversión

Su administración tiene a Alemania en el punto de mira. A fines
de enero, un consejero del presidente estadunidense Donald Trump,
Peter Navarro, acusó a Berlín de “explotar” a otros países
de la Unión Europea (UE) y a EU con un euro “manifiestamente
devaluado” para hacer que sus productos sean más
competitivos.

La Canciller alemana Ángela Merkel rechazó la crítica
recordando que no tenía influencia en la política monetaria del
Banco Central Europeo (BCE), elaborada para el conjunto de la zona
euro.

El ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, llegó a decir
incluso que “no era un gran fan” de la política actual del BCE
que reduce los ahorros de los alemanes con sus bajas tasas de
interés.

Si la acusación de Donald Trump es más brutal, las críticas a
los superávits alemanes no son nuevas.

Antes de él, Barack Obama, el Fondo Monetario Internacional
(FMI), la Comisión Europea y otros países como Francia criticaron
el superávit de la balanza comercial alemana, exigiéndole que
invirtiera ese dinero.

Más que las exportaciones, Marcel Fratzscher señala que la
fuente del problema está en “la débil progresión de las
importaciones como resultado de una gran falta de inversión”,
que tiene “un costo económico elevado para Alemania”, sobre
todo reduciendo su productividad, cuando inversiones más
importantes “beneficiarían a sus vecinos europeos”.

La cuestión de la falta de inversiones en un país que envejece
es también fuente de polémica dentro de la propia Alemania.

Los conservadores de Ángela Merkel insisten en la importancia
de no crear nuevas deudas, mientras los socialdemócratas exigen
utilizar los superávits presupuestarios para fortalecer las
infraestructuras. Será un tema importante con miras a las
elecciones legislativas de septiembre.

El Estado alemán, fortalecido por una recaudación fiscal en
alza y un alivio del peso de la deuda gracias a las bajas tasas de
interés, aumentó sin embargo el gasto en los últimos años, para
financiar, entre otros rubros, la acogida de los refugiados.