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La cólera de los “deplorables” convierte la elección francesa en una bomba de tiempo

  • Miércoles 12 de abril de 2017
  • en Finanzas

Carlos Siula / Corresponsal

PARÍS, Francia. (OEM-Informex).- Como ocurrió en Estados Unidos con Donald Trump y en Gran Bretaña con el Brexit, la próxima elección presidencial en Francia será decidida por una gran parte del electorado decepcionado y asqueado por la política, y que acude a la urnas para depositar un voto de cólera.

A 10 días de la primera vuelta, prevista para el 23 de abril, 67 por ciento de los franceses reconocen que la campaña les provocó frustración, repugnancia y rabia, según una encuesta divulgada por el instituto Ipsos/SopraSteria.

Una proporción apenas inferior (64 por ciento) afirma que la campaña electoral “no les aportó gran cosa sobre los programas y las personalidades” de los 11 candidatos.

Ese sentimiento generalizado de cólera permite comprender las razones del elevado abstencionismo previsto para la primera vuelta: solo 66 por ciento de los franceses tiene intenciones de acudir a votar el domingo 23 de abril. Si se confirma esa tendencia, esa cifra pulverizaría el récord de 28 por ciento de ausentismo registrado en 2002.

Como siempre sucede, la franja más movilizada corresponde al electorado senior: 73 por ciento de los mayores de 65 años están decididos a votar. Los más abstencionistas, en cambio, son los jóvenes de 18-24 años. Solo 45 por ciento de ese grupo acudirá a las urnas.

Una encuesta diferente de Ipsos reveló otra tendencia inquietante. Los llamados “primo votantes”, es decir los jóvenes que acuden a las urnas por primera vez, parecen resueltos a votar en forma masiva por Marine Le Pen, candidata del Frente Nacional (FN) de extrema derecha: 29 por ciento de esa franja, que representa 3.3 millones de electores, confiesan que votarán por el FN para “patear la mesa” o “para ver si funcionan las ideas [de Le Pen] que nunca fueron aplicadas” en Francia.

Muchos de esos jóvenes reconocen que su actitud está inspirada en la exasperación y no les importa que Marine Le Pen represente un peligro para la democracia: “No me importa nada que sea elegida”, declaró Rudy Le Blanc cuando fue interrogado por la cadena de noticias BFM TV.

Otro fenómeno novedoso de esta elección es que el voto a favor del FN dejó de ser “vergonzoso” y ahora nadie tiene miedo ni rubor en declarar que se pronunciará por Marine Le Pen.

Una parte más reducida de la juventud (23 por ciento) se siente atraída por el candidato social-liberal Emmanuel Macron del movimiento En Marcha. En la lista de las preferencias juveniles el candidato de la derecha conservadora François Fillon, del partido Los Republicanos (LR), llega en quinta posición con solo 10.5 por ciento de intenciones de voto.

El fenómeno más sorprendente reside en que “la juventud, que es por lo general el principal vector de cambio de una sociedad, muestra una gran desconfianza con respecto al poder político”, explica AnneMuxel, investigadora del CNRS (Centro Nacional de Investigaciones Científicas) que trabaja para el Centro de la Vida Política Francesa (Cevipof).

Más que en cualquier otra elección anterior, en la que siempre había un “candidato de esperanza”, esta vez “los electores parecen resignados a escoger el menos malo”. Una gran parte de la población se considera “no representada” por la clase política y los candidatos a esta elección: “¿Votar? ¿Para qué? No creo más en nada […] las cosas no cambian”, es una de las respuestas más escuchadas por los encuestadores del Cevipof.

Esa atmósfera sugiere que en Francia también puede haber una protesta masiva de los “deplorables”, como calificó Hillary Clinton a los partidarios de Donald Trump.

En un país con tres millones de desocupados —según las cifras oficiales— y otros dos millones de desempleados de larga duración que salieron de las estadísticas, “existe una sensación generalizada de ser víctimas del abandono y el desprecio de la clase dirigente, que no hizo el menor esfuerzo para protegerlos de la crisis y de la erosión del nivel de vida”, afirma el economista Michel Santi, autor del libro Miseria y opulencia.

En nueve años, el impacto de la crisis mundial que estalló en 2008 trituró a una parte de la clase media y pauperizó a los sectores más postergados de la sociedad.

Sobre los 67.5 millones de habitantes que tiene Francia, quinta potencia económica del planeta, 9.6 millones de personas (14.3 por ciento de la población) vive bajo el umbral de pobreza, casi un millón de personas no tiene domicilio fijo, tres millones carecen de vivienda digna, y cuatro millones de personas pueden comer gracias a los alimentos distribuidos por las ONG y las asociaciones caritativas.

Ese panorama permite comprender por qué razón algunos analistas piensan que la próxima elección es, en verdad, una auténtica bomba de tiempo.