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La crisis del Deutsche Bank pone en alerta la zona euro

  • Viernes 16 de febrero de 2018
  • en Finanzas

PARÍS, Francia. (OEM-Informex).- El Gobierno alemán prepara un
plan de emergencia para salvar el Deutsche Bank, la mayor
institución financiera del Europa, cuyo eventual derrumbe podría
provocar una crisis mayor en el sistema bancario europeo. La
información, revelada ayer por el semanario Die Zeit, fue
inmediatamente desmentida por el portavoz del ministerio de
Finanzas, Martin Jäger: “La noticia es falsa”, comentó
secamente.

El periódico había afirmado que el plan que estudiaba el
gobierno de la canciller Angela Merkel prevé que, en caso de una
crisis de solvencia, el Estado compraría una participación del 25
por ciento del capital del banco. En relación a la capitalización
bursátil actual (14 mil 770 millones de euros), esa participación
representaría una inversión de 3 mil 700 millones.

“No vamos a entrar en este tipo de especulaciones ni a
comentar escenarios hipotéticos”, agregó el portavoz del
ministerio de Finanzas.

El regulador del sector financiero germano, la Bafin, también
desmintió las informaciones el semanario.

Pese a las desmentidas, los grandes actores del mercado están
persuadidos de que, tarde o temprano, el Gobierno terminará por
intervenir: “No hay que creer en la prescindencia de las
autoridades. El tema es demasiado importante para la economía
alemana como para pensar que Angela Merkel se mantendrá al
margen”, declaró Andreas Utermann, responsable de inversiones en
Allianz Global Investors, uno de los mayores fondos europeos de
gestión de activos.

La situación del Deutsche Bank se agravó por la reciente
decisión de la justicia norteamericana de aplicar una multa de 14
mil millones de dólares a la filial en Estados Unidos por negocios
inmobiliarios dudosos realizados entre 2005 y 2007 con las famosas
subprimes que provocaron la crisis de 2008. Esa sanción tomó por
sorpresa a las autoridades del banco que solo habían provisionado
5 mil 500 millones para hacer frente al costo del litigio.

Por su parte, el presidente del Deutsche Bank, John Cryan,
también descartó la posibilidad de recibir ayuda del Estado
alemán: “No comprendo cómo alguien puede pensar que hemos
pedido ayuda a la canciller. Ni siquiera nos lo planteamos”,
afirmó. Igualmente desechó una ampliación de capital. “La
situación es mejor de cómo se percibe desde fuera”, aseguró en
una entrevista al diario popular Bild tras señalar que en los
pasados meses se ha avanzado mucho para mejorar la situación del
banco.

La actitud reticente que mantiene Merkel por el momento deriva
del escándalo que provocó la ayuda aportada en 2009, en plena
crisis financiera mundial, al Commerzbank-Dresdner Bank y el
Landesbanken, así como la nacionalización de Hypo Real Estate, la
primera desde 1932. Esas prácticas son extremadamente mal
percibidas en Alemania, país donde la ideología ordoliberal
reinante considera que el Estado debe abstenerse de respaldar a las
empresas en mal estado.

Después de haber caído el lunes al punto más bajo desde 1983,
la acción del banco se recuperó 2.04 por ciento en la bolsa de
Fráncfort. Ese sobresalto se debió sobre todo al anuncio de la
venta de su filial británica de seguros Abbey Life en mil 100
millones de euros.

El futuro del Deutsche Bank mantiene en vilo a los medios
financieros alemanes y a los mercados europeos, que temen una
caída comparable al derrumbe del banco estadunidense Lehman
Brothers en 2008. Inquietos por el futuro del banco, los inversores
comenzaron hace meses a realizar ventas masivas que debilitaron
peligrosamente las acciones del banco.

Los títulos del Deutsche Bank perdieron 50 por ciento desde
comienzos de año y la capitalización bursátil del grupo, que era
de 31 mil 200 millones de euros al 31 de diciembre de 2015 se
redujo a 14 mil 700 millones en la actualidad.

Los mercados temen que la actual desconfianza de los inversores
pueda precipitar una crisis de liquidez. En principio, el banco no
tendría ningún problema para refinanciarse gracias a su balance
colosal estimado en 1.5 billones de euros. Esa cifra representa
aproximadamente 12 por ciento del PIB de la zona euro.

El problema reside en que una crisis de confianza podría
desencadenar una corrida por parte de los inversores asiáticos y
los grupos financieros norteamericanos, que poseen aproximadamente
60 por ciento del capital flotante del banco. El 40 por ciento
restante está en poder de las grandes instituciones financieras de
la zona euro. Ese es, precisamente, el mayor peligro porque el
escenario de una amenaza a la estabilidad de los bancos del área
euro podría precipitar una crisis sistémica en toda la
región.