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El 2017 será el año de la revolución de los autos eléctricos

  • Martes 26 de septiembre de 2017
  • en Finanzas

La industria de los automóviles eléctricos experimentará este año un punto de inflexión y su impacto sobre los productores de materias primas se sentirá primero en el mercado de metales, particularmente en el de cobre, y solo después en el del petróleo, dijo ayer el jefe comercial de BHP, la minera más grande del mundo.

Arnoud Balhuizen, un veterano ejecutivo que lidera la estrategia comercial de BHP desde Singapur, señaló: “En septiembre del 2016 publicamos un blog y planteamos la interrogante: ‘¿podría ser 2017 el año de la revolución de los vehículos eléctricos?’”.

“La respuesta es sí, 2017 es el año de la revolución de la que hemos estado hablando. Y el cobre es el metal del futuro”, agregó el empresario.

Europa ha iniciado un cambio radical desde los motores de combustión interna, aunque a nivel mundial solo hay cerca de 1 millón de automóviles eléctricos de una flota total próxima a los mil 100 millones de vehículos. BHP estima que la cantidad de autos eléctricos aumentaría a 140 millones de unidades en 2035.

“La realidad es que un vehículo eléctrico mediano todavía necesita subsidios para competir por lo que mucho dependerá de las baterías, las medidas políticas y la infraestructura”, dijo Balhuizen.

Los pronósticos apuntan a que los autos eléctricos pronto costarán lo mismo que los vehículos tradicionales y algunos creen que eso sucedería en 2018.

Los gobiernos también se están sumando al cambio, con subsidios y ambiciosos planes como algunos anunciados por China y Reino Unido.

Balhuizen dijo que prevé que, entre los productores de materias primas, el auge se sentiría primero en el mercado de cobre, donde la oferta tendrá problemas para satisfacer una mayor demanda porque las principales mineras del mundo están añejas y no ha habido grandes hallazgos mineros en dos décadas.

El mercado, según señaló, habría subestimado el impacto en el metal rojo: los automóviles totalmente eléctricos necesitan cuatro veces más cobre que los vehículos con motor a combustión. Pero el impacto en el sector petrolero tardaría más en llegar.