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MARLON BRANDO

Biog

Bud, como lo llamaba su abuela, nació el 3 de abril de 1924 en una familia modesta de Omaha (Nebraska). Su madre era una actriz depresiva y alcohólica y su padre era un vendedor mujeriego “con la sangre compuesta de testosterona, adrenalina, alcohol e ira”, según el propio actor.

Tras su expulsión de una escuela militar, el joven Brando se mudó a Nueva York para estudiar arte dramático en el conservatorio de Stella Adler y en el Actors Studio, donde perfeccionó el “método” Stanislavsky, que consiste en recurrir a sus propias emociones para encarnar a un personaje.

En 1947, Brando causó sensación en Broadway con el papel del brutal Stanley Kowalsky en la adaptación de la obra “Un tranvía llamado deseo” (de Tennessee Williams), que luego le abrió las puertas de Hollywood.

Inicialmente, sin embargo, rechazó las ofertas de la meca del cine, al indicar en 1948 que los productores de Hollywood “nunca han hecho una película honesta en su vida y probablemente nunca la harán”.

Dos años más tarde, debutó con gran éxito de crítica en la película de Fred Zinnemann “The Men” (“Hombres”), donde interpretaba a un soldado parapléjico, antes de ponerse a las órdenes de Elia Kazan para la adaptación cinematográfica de “Un tranvía llamado deseo”.

Además de valerle en 1952 la primera de cuatro candidaturas consecutivas al Oscar a mejor actor, la película dejó grabada la imagen de Brando con camiseta blanca sudada.

Luego encarnó al famoso revolucionario mexicano en “Viva Zapata”, también de Kazan, y a Marco Antonio en “Julio César”, de Joseph Mankievicz, antes de convertirse en el símbolo de la rebeldía al interpretar al líder de una pandilla de motociclistas en la película de Laslo Benedek “¡Salvaje!” (1954).

“Ninguno de los que estábamos involucrados en la película imaginamos nunca que instigaría o incitaría una rebelión juvenil”, escribió Marlon Brando en su biografía autorizada “Las canciones que mi madre me enseñó”, publicada en 1994.

Brando ganó el Oscar en 1955 por su retrato de un ex boxeador en “La ley del silencio”, otra película de Kazan.

Su poder taquillero disminuyó en los años 60, debido a los films mediocres en los que participó y a una conducta cada vez más temperamental, pero el papel de Don Corleone en “El Padrino”, de Coppola, reactivó su carrera en 1972.

Aunque le mereció un segundo Oscar a mejor actor, Brando envió a la ceremonia de entrega de los premios a una supuesta india, Sacheem Littlefeather (que luego resultó ser una actriz hispana), para rechazarlo y hacer público su descontento por la manera cómo Hollywood había degradado a los nativos estadounidenses.

La polémica se asentó en su vida tras el estreno del drama erótico “El último tango en París”, de Bernardo Bertolucci (1973), donde encarnaba a un hombre maduro desorientado tras el suicidio de su esposa.

Reconciliado con la fama, Brando -quien decía actuar para “sobrevivir”- hizo la película más comercial de su carrera, “Superman”, antes de interpretar al desesperado coronel Kurtz en “Apocalipsis Now” (1979), de Coppola.

A partir de ese momento, anunció repetidamente su retiro para dedicarse a fondo a las causas sociales, aunque continuó apareciendo esporádicamente en la pantalla grande. Su última película, “The Score”, se estrenó durante el verano de 2001.

En el ocaso de su vida, Brando se convirtió en el héroe trágico de una sórdida saga familiar.

Brando tuvo al menos nueve hijos fruto de las numerosas relaciones que mantuvo en su vida con mujeres generalmente morenas y exóticas, incluidas las actrices puertorriqueña Rita Moreno y mexicana Movita Castenada.