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Desde un cuarto lleno de recuerdos, pide no ser olvidada

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Necesitamos que nos recuerden", dice Bertha Ramírez, madre, abuela y bisabuela, que vive con plenitud su estancia en Casa Beti. Al platicar un poco sobre vida cuenta que el 10 de mayo lo celebrará con un desayuno en un restaurante con su familia.

En su cuarto lleno de recuerdos, recibe a El Sol de México. Ahí destaca su altar a la Virgen y al Sagrado Corazón, donde también coloca un rosario. También están sus estantes con maletas, como esperando una mudanza, cajas, bolsas y recuerdos.

A su mente llegan los años 40. Las orquestas, los salones de baile, el tren que recorría y cruzaba la capital del país. Los recorridos de Niño Perdido -hoy Eje Central- hasta la Calzada Camarones, “porque antes la gente era diferente, más amable, sin violencia; hoy salimos con miedo".

Acompañada de su hija de nombre Bertha, busca ansiosamente entre los álbumes una foto de su juventud, y de recuerda:

“todo eso se quedó guardado en tu casa -dice a su hija- aquí no tengo nada"..

Nos lleva a recorrer los espacios del asilo, mientras saluda a quienes se han convertido en entrañables amigas. Camina por jardines arbolados, una fuente y una capilla. "Ayer me trajeron unas rosas, pero se las puse a mi virgencita".

Al final, con un fuerte abrazo y unas lentas y suaves palabras al oído dice: “no nos olviden, nosotras también necesitamos que nos recuerden, no sólo el día de las madres sino todos los días”.