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Autoridades mexicanas muestran miedo y sumisión, advierte “Desde la Fe”

  • Lunes 27 de febrero de 2017
  • en México

Lo que hace Donald Trump no es solo la aplicación de un
legalismo inhumano, sino un verdadero acto de terror al deportar a
todo mexicano sin miramiento alguno, todos serán tratados como
criminales y enviados a México, pero no solo eso, también serán
devueltos a nuestro país los inmigrantes no mexicanos que hayan
cruzado por nuestro territorio, advirtió en su editorial el
Semanario católico "Desde la Fe".

Y mientras nuestros hermanos indocumentados sufren una verdadera
sicosis, “las autoridades mexicanas no aciertan a actuar, no
hacen más que declaraciones y promesas; son tibias sus reacciones,
muestran también miedo, y peor aún, sumisión. Siguen esperando a
que el mandatario norteamericano entre en razón, cuando ha
demostrado, desde que era candidato, que lo suyo, su método, es
justamente la sinrazón”.

Todo eso ocurre, mientras los partidos políticos y altos
funcionarios reciben inmoralmente miles de millones de pesos, y el
Gobierno gasta de forma irresponsable millonadas en su fallida
publicidad;  apenas se dan unas migajas –mil millones de
pesos– para atender esta emergencia humanitaria. Eso es lo que
valen para el Gobierno todos los mexicanos que anualmente envían
casi 30 mil millones de dólares para aliviar la miseria de
incontables de familias a las que nuestra clase política no ha
sido capaz de brindar un desarrollo digno.

Por ello destacó el editorial titulado “Terrorismo
migratorio”, que la cobardía no es prudencia, ni la estridencia
es virtud; sin embargo, no vemos firmeza en la defensa de nuestra
soberanía; no vemos dignidad en el trato con nuestro vecino del
norte; no vemos estrategias eficaces para ayudar a nuestros
connacionales; no vemos altura ni inteligencia en los responsables
de atender esta crisis humanitaria.

Porque para enfrentar los embates de esta agresión en contra de
nuestros connacionales, puntualizó “Se necesita pericia,
experiencia, no aprendices donde hace falta verdaderos maestros del
arte de la diplomacia, y sensibilidad humana y política”.

Porque recordó que Donald Trump amenazó como candidato, y
ahora lo cumple como Presidente de los Estados Unidos: los
mexicanos indocumentados, todos, sin excepción, serán deportados.
Pero no solo aquéllos que tienen algún antecedente penal –lo
cual podría ser comprensible–, sino cualquiera que haya
ingresado sin papeles, no importa si es un trabajador ejemplar, si
paga sus impuestos y es parte del desarrollo de ese país.

Todo mexicano indocumentado será deportado sin miramiento
alguno, sin ningún respeto a su dignidad humana, sin tomar en
cuenta sus derechos fundamentales, sin importar en qué situación
quede su familia. Todos serán tratados como criminales y enviados
a México; pero no solo eso, también serán devueltos a nuestro
país los inmigrantes no mexicanos que hayan cruzado por nuestro
territorio.

Lo que hace el señor Trump, no es solo la aplicación de un
legalismo inhumano, sino un verdadero acto de terror. ¿Qué otro
nombre se puede dar a las órdenes ejecutivas del Presidente
norteamericano, que autoriza realizar redadas de indocumentados,
dando autoridad a todo policía local para actuar como agente
migratorio?

Nuestros hermanos indocumentados tienen miedo, sus hijos sufren
una verdadera sicosis, mientras las autoridades mexicanas no
aciertan a actuar, no hacen más que declaraciones y promesas; son
tibias sus reacciones, muestran también miedo, y peor aún,
sumisión. Siguen esperando a que el mandatario norteamericano
entre en razón, cuando ha demostrado, desde que era candidato, que
lo suyo, su método, es justamente la sinrazón.

Nuestro Gobierno continúa explicando lo del gasolinazo mientras
el país arde en la violencia, la inestabilidad económica y la
obscena corrupción; mientras nuestros hermanos inmigrantes no
tienen quién los defienda ni a quién acudir; están huérfanos y
no saben qué hacer, pues no confían en un Gobierno que es el
causante de su exilio; es más, se han dado cuenta que a la clase
política no le interesa su suerte.

Las Comisiones Episcopales de México y Estados Unidos hacen un
gran esfuerzo por atender esta crisis. El Papa Francisco ha hecho
varios pronunciamientos, manifestando su preocupación, y ha unido
a estas dos Iglesias para que trabajen juntas en favor de los
indocumentados, pero hace falta mucho más, y se echa de menos no
solo la solidaridad nacional, sino también la solidaridad
internacional para poner un freno al racismo, al odio y al
terrorismo del indigno Presidente norteamericano.