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Desafortunadas las decisiones en el aumento a las gasolinas

  • Viernes 13 de enero de 2017
  • en México

*Tres presidentes y seis legislaturas, responsables de la
abrupta alza de precios

*Subraya razones puntuales, entre las que destaca la no
corrección del gasto público

El alza de los precios de las gasolinas en 2017 es consecuencia
de seis decisiones “desafortunadas”, algunas tomadas hace
varios años y otras de reciente cuño, por diversos actores de los
poderes Ejecutivo y Legislativo, por lo que son aproximadamente
tres sexenios y tres Presidentes de la República, así como por lo
menos seis legislaturas, los involucrados.

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Así se entiende, de acuerdo al Instituto Belisario Domínguez
(IBD) del Senado de la República, el aumento de los precios de los
combustibles que hoy domina el país. La institución desglosa las
determinaciones:

Ante dicho panorama, el IBD expone cinco alternativas de
política pública que pudieran ser:

1. Promover la inversión en transporte público y
políticas urbanas integradas e incluyentes.

2. Aumentar las inversiones para la refinación de gasolinas en
México, al tiempo de hacer eficiente su producción y
distribución.

3. Redistribuir el gasto público de forma productiva y
orientado a reducir las brechas de desigualdad en el ejercicio de
derechos.

4. Retomar la política de deslizamiento gradual del precio de
la gasolina o asumir los costos sociales de la liberalización.

5. Establecer controles efectivos para evitar abusos y robo de
combustibles.

En el documento “Panorama del Alza del Precio de la
Gasolina”, apenas dado a conocer, precisa que en México las
ciudades han crecido de forma muy importante a consecuencia del
cambio demográfico y una política de urbanización y
construcción de vivienda activa y consistente, particularmente
entre 2000 y 2005.

“Sin embargo, este crecimiento no fue acompañado de una
vigorosa expansión del transporte público de pasajeros”,
precisa, al tiempo que en la gráfica correspondiente se observa el
incremento de los camiones públicos de pasajeros registrados en
circulación, básicamente entre 2004 y 2010, hasta llegar a 2015
con más de 140 mil unidades.

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También se registró un aumento, de forma considerable del
parque vehicular, como alternativa de movilidad urbana. Así, los
automóviles nuevos y los autos registrados en circulación suman
más de 800 mil.

Ello redundó, explica el IBD, en un “consecuente incremento
en la adquisición de gasolinas”, hasta alcanzar los 800 mil
barriles diarios en el año 2016.

En el documento se recuerda que desde 1990 prácticamente no ha
aumentado la producción de las refinerías en México. “Sus
inversiones se han destinado a la reconfiguración de sus
instalaciones para procesar crudos pesados apenas para mantener su
capacidad productiva, mas no para expandirla”, precisa.

Dicha falta de inversión adicional, explica, trajo como
consecuencia una menor capacidad de producción de gasolinas, de
tal manera que la producción de éstas en las refinerías de
México descendió de casi 500 mil barriles diarios en 2005 a poco
más de 300 mil barriles en 2016, mientras que el diésel de casi
350 mil barriles en 2008 a poco más de 200 mil en 2016.

Ante tal panorama, precisan los investigadores de la
institución del Senado, “la importación de gasolinas se elevó
de forma significativa sin parar desde 2004”, de tal manera que
mientras en 1994 la suma de las ventas internas era de 500 mil
barriles diarios, en 2016 alcanzó 850 mil; la importación que en
aquel año estaba en 100 mil barriles, el año pasado alcanzó los
500 mil y la producción interna, que hace 22 años era de 400 mil
barriles, cayó hasta poco más de 300 mil en 2016.

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“Consecuentemente, la importación de gasolinas en México ha
desplazado a la producción nacional respecto del total de ventas
de gasolinas en el país”, precisan, en tanto mencionan que la
importación de gasolina como porcentaje del total de ventas
internas en México aumentó de 20 por ciento en promedio en 1994 a
64 por ciento en 2016.

“Y a la par del crecimiento de las importaciones, los precios
internacionales de referencia también aumentaron en el mismo
periodo desde 2004. Aunque el precio internacional cayó desde 2014
con un ligero repunte en 2016, este beneficio fue borrado por la
depreciación del peso”, puntualizan.

Así, a la falta de inversión adicional en las refinerías
mexicanas y al aumento en los precios internacionales se sumó una
depreciación del peso desde 2014, lo que trajo como consecuencia
que se mantuvieran en altos niveles el valor de las importaciones
de gasolina, aseguran.

Explican además que, para limitar estos choques, de 2007 a 2014
se llevó a cabo una política de subsidio al precio de la
gasolina, para amortiguar el incremento de los costos de
producción.

Sin embargo, “no obstante, cabe señalar que la estructura de
los subsidios a la gasolina era profundamente regresiva al
beneficiar principalmente a los hogares con mayores
ingresos”.

Un comentario es: “… la estructura de los subsidios a la
gasolina era profundamente regresiva al beneficiar principalmente a
los hogares con mayores ingresos”.

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Además, consideran que los gastos presupuestarios han aumentado
de forma muy importante en términos reales, no así los ingresos.
Ello ha provocado que el déficit presupuestario sea cada vez más
alto.

Una explicación más es que los Impuestos Especiales para la
Producción de Servicios en gasolinas han pasado de ser un subsidio
al precio de las gasolinas a un ingreso que compensa las presiones
presupuestarias.

“Por ello, desde 2012 se inició un cambio en la tendencia del
cobro del IEPS hasta desaparecer el subsidio en 2014 y aumentar la
recaudación hasta mantener un nivel promedio de 25 por ciento con
ligeros altibajos entre 2015 y 2016”, agregan.

Dicen que para corregir el precio, hasta 2014 el Gobierno
dispuso una política de deslizamiento del precio de las gasolinas
(llamados “gasolinazos”) a fin de evitar un ajuste abrupto. De
haber seguido esta política, el ajuste en este periodo habría
sido gradual, y no uno abrupto como el que se tuvo que dar en
2017.

Recuerda el IBD que “no obstante lo anterior, en 2016 el
Congreso aprobó una política de topes máximos a los precios de
las gasolinas, por lo que el IEPS efectivamente recaudado (2.6
pesos por litro para diciembre de 2016) fue menor a lo previsto
originalmente en la ley de ingresos (4.16 pesos por litro). De esta
forma, el aumento en el IEPS a 4.28 en 2017 fue 65 por ciento mayor
impactando en el precio al consumidor”.

Y remata con el planteamiento:

“En el marco de lo dispuesto en la Reforma Energética, así
como el paquete económico 2017, la SHCP y la CRE anunciaron los
precios máximos de la gasolina en la mayoría de los municipios
del país. Los precios más altos se concentran en la Ciudad de
México, así como en el Norte y Occidente del país”.