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En la Mira | Culiacán y el poder de las redes sociales

Lo primero que vimos en el operativo fallido de Culiacán fue ese video de una camioneta blanca con dos sujetos aferrados a una ametralladora Barret

Ulises Castellanos

Lo primero que vimos el pasado 17 de octubre en el operativo fallido de Culiacán, fue ese video en picada de una camioneta blanca con dos sujetos aferrados a una ametralladora Barret en pleno centro de la capital sinaloense.

A partir de ahí el “tsunami” de imágenes en video y fotografías de usuarios de las redes, en particular Twitter, inundaron todo nuestro time line. Era imposible abrir la aplicación sin toparse cada dos segundos, con una nueva imagen de lo que pasaba en las calles de Culiacán. Así durante horas, en contraste con el silencio gubernamental hasta que salieron por la noche a dar una conferencia de prensa desde la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana.

Para entonces, ya circulaban en redes, miles de imágenes y cientos de versiones de lo que sucedía en Culiacán, millones de usuarios consumían esa información a la espera de saber a ciencia cierta qué pasaba.

Las principales imágenes durante las primeras seis horas nunca fueron hechas o realizadas por profesionales, el 99% eran imágenes de gente atrapada en las balaceras, escondida en sus casas, agazapada en sus autos, corriendo sobre las calles y así al infinito. Nunca habíamos sido testigos de semejante “cobertura” realizada por el ciudadano de a pie. Un cálculo conservador arroja el breve dato, de que se registraron más de 200 millones de tuits al respecto, sólo en el transcurso de las primeras 24 hrs.

Sin embargo, no vimos fotografías o videos de nuestros colegas por allá en las primeras horas, pero en los hechos así fue, sí de casualidad pudieron hacer algo, no se notó en redes. La cosa no estaba nada fácil.

Ese sencillo dato nos lleva a preguntarnos sobre el sentido de “oportunidad” que ya ha sido dominado por los usuarios de redes, y tratar de comprender sobre la eficacia o no del periodismo profesional en los primeros minutos de un acontecimiento inesperado. Vamos, ¿quién consultaba portales, mientras todo sucedía en Twitter?

Pero, analicemos los contrastes. Más allá de los trending topics que se posicionaron en México ese día, se calcula que un 33% de los tuits eran negativos, mientras un tímido 12%, defendía la decisión del gobierno, frente a un 55% que permanecía neutral o sólo leyendo sin participar.

Según un estudio realizado en Holanda, el 35% de los periodistas cree que las publicaciones de las redes sociales son poco fiables, sin embargo, el 50% de ellos las utiliza como principal fuente de información.

La gente huyo despavorida buscando refugio, incluso las mujeres corrían con sus hijos en los brazos para no resultar heridos. / Foto: EFE / Debate de Culiacán

Teniendo en cuenta esto, es necesario responder a una pregunta: ¿Cómo las redes sociales han cambiado la forma de hacer periodismo?, y ¿de qué manera esto influye en la opinión pública que mayoritariamente sigue información por redes, por la ventaja de ser gratuitas?

Hoy no hay manera de llegar primero a una balacera sin que lo difunda antes un tuitero; en cosa de segundos los testigos y víctimas de cualquier evento trágico suben sus videos a la red y es así cómo nos enteramos en principio de cualquier desastre; lo que sigue es verificar, sintetizar y narrar las historias de manera profesional. Sin embargo, eso también tardó en el caso de Culiacán.

El flujo de noticias en la red es instantáneo y su acceso, prácticamente universal. Cualquier usuario de smartphone puede conocer al instante qué está ocurriendo en cualquier parte y desde cualquier lugar en donde se encuentre. Los medios estamos llegando tarde ya siempre, y eso es grave.

El potencial de las redes sociales como medio de comunicación horizontal, instantánea, visual y globalizada está dominando la conversación, sin embargo, eso no está reñido con el buen ejercicio del periodismo si se entiende como herramienta seria y que contribuya con información verificada.

Foto: Especial

En minutos, por ejemplo, ese mismo día empezaron a circular imágenes de Siria o las favelas en Brasil como si fueran hechos en Culiacán, hasta que fueron desmentidas. De ahí el cáncer de las fake news que circulan a la par de información cierta. Sin embargo, el usuario final no le da seguimiento a todo lo que consume, ni profundiza, quedándose con versiones falsas y verdaderas en su menú informativo al final del día. De ahí la importancia de que las autoridades sepan reaccionar rápido para llenar esos huecos informativos, cosa que tampoco sucedió aquel jueves fatal.

Pero ¿cuáles son las ventajas y desventajas de la información en redes? Inmediatez frente a precisión, el falso dilema. Primero, la cobertura de la información se da en tiempo real, nadie puede competir con ello. La información se genera desde cualquier punto del caos y está al alcance de nuestra mano. Incluye la posibilidad de añadir localización del hecho y eso es invaluable.

Las redes suman la ventaja de incluir links, fotos, videos o documentos, y el ciudadano puede informarse, denunciar o contrastar inmediatamente lo que está recibiendo. Y es, en este último tramo, donde el ciudadano se siente con una función de contrapeso que nunca antes experimentó y le fascina. Por eso la adicción a las redes. Todo esto, a pesar de que el flujo de información es inabarcable.

Sin embargo, éstas son sus desventajas: las fuentes de Twitter, son en su mayoría anónimas o desconocidas, lo cual se presta a propaganda o mentiras sin consecuencias para el emisor, generando también una falta de credibilidad en términos generales, de ahí la importancia de que la información sea corroborada por periodistas o medios acreditados.

La velocidad de los acontecimientos evita contar con tiempo para contrastar la noticia o los hechos referidos, la gente primero consume, difunde y después verifica; esto también derivado, de una falta total de rigor periodístico que al final afecta a la sociedad en su conjunto y perjudica a los involucrados; en redes es imposible profundizar, matizar o contextualizar, de ahí que se pierdan valores añadidos y la información al final sea una mezcla de “mentiras verdaderas” que solo generan confusión, incertidumbre y desinformación.

Esto nos lleva a reflexionar sobre el objetivo actual del fotoperiodismo, antes, nuestra tarea era la de difundir: “así fue”; pero hoy se trata de verificar, de investigar y compartir el: “así lo vi” y con esa perspectiva, contar las historias de sus protagonistas y compartir datos verificados.

Así las cosas, derivado de los hechos en Sinaloa y más allá de los errores operativos o de comunicación oficial. Lo que pasó en Culiacán, es un buen ejemplo de los tiempos que vivimos y el resultado de una cadena de errores que no deben repetirse nunca más.

Y al final ¿por qué no vimos fotografías de los fotógrafos profesionales radicados en Culiacán? Eso se los contaré la próxima semana. Hoy por lo pronto, les dejo una foto tomada de Twitter.