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En México, cada año 400 mil nacimientos de madres adolescentes

  • Sábado 1 de abril de 2017
  • en México

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México.- En México, la maternidad adolescente es un problema
de salud pública. Poco menos del 20 por ciento de los nacimientos
que suceden cada año en el país –cuando menos 400 mil–
provienen de madres menores de 18 años. Ello determinará el
destino de esas chicas, sostuvieron académicos de la UNAM.

En el marco del Día de las Madres, Carlos Welti, del Instituto
de Investigaciones Sociales (IIS), dijo que aunque el embarazo
adolescente se relaciona con grupos en condiciones socioeconómicas
desventajosas y con bajos niveles educativos, ésta ya no es una
situación exclusiva de ellos. En otros sectores, especialmente en
áreas urbanas, la maternidad crece entre jovencitas con educación
media o media superior.

Tal fenómeno se explica por la falta de oportunidades de
desarrollo en otros ámbitos. Es decir, “se dan cuenta que
estudiar o terminar una carrera no garantiza el reconocimiento
social a través de un trabajo acorde con sus aspiraciones”. En
cambio, la maternidad es un papel avalado socialmente y les brinda
un estatus que no tienen ante la situación de carencias en otras
esferas, consideró el experto.

Al respecto, Angelina Rivera, de la Escuela Nacional de
Enfermería y Obstetricia (ENEO), explicó que se ha reportado que
las mujeres que se embarazan antes de los 16 años tienen una
probabilidad de morir cuatro veces mayor que quienes lo hacen
después de los 20. Las principales causas de enfermedad y muerte
son la preeclampsia y la hemorragia posparto.

En la etapa gestacional, los bebés presentan restricción en el
crecimiento intrauterino; además, están propensos a ser
prematuros y de bajo peso. El problema no termina ahí, pues los
pequeños tienen un riesgo alto de fallecer, y quienes llegan a
sobrevivir se ven afectados en su crecimiento y desarrollo durante
los primeros años.

El organismo de una adolescente es aún inmaduro para un
embarazo, porque se están terminando de establecer los diferentes
ciclos relacionados con el proceso reproductivo: ovárico,
menstrual, endometrial e hipotálamo-hipófisis. Si hay un óvulo
maduro hay posibilidad de embarazo, pero eso no significa que las
chicas, incluso niñas, estén biológica, psicológica, social o
económicamente preparadas para ser madres, sostuvo.

Además, 15 por ciento de las mujeres en esa situación van a
buscar un aborto en las condiciones menos favorables para su salud,
destacó la especialista.

El rol de la maternidad, invariable

En tanto, Welti refirió que a pesar del descenso significativo
del nivel de fecundidad en décadas recientes –donde pasamos de
tasas superiores a seis hijos por mujer en los años 70, a sólo
dos en la actualidad–, el menor cambio se registra entre las más
jóvenes.

En general, indicó el investigador, la población femenina ha
incrementado su nivel de escolaridad y su participación en las
actividades económicas y políticas. No obstante, lo que no se ha
modificado es el rol que juega la maternidad entre ellas.

Para una abrumadora mayoría de las mexicanas, su papel central
sigue siendo el de madres. En otras sociedades, 30 por ciento, o
incluso más, decide no tener hijos por considerar que otros roles,
como el profesional, son más importantes para su propio
desarrollo.

En México, debido al cambio positivo en el estatus social
femenino, se esperaría que al igual que sucede en otras naciones,
especialmente las más avanzadas, el porcentaje de quienes deciden
no tener descendencia fuera a la alza. No obstante, “podemos
documentar que las cifras no se modifican, pase lo que pase”.

Así, para nueve de cada 10 mujeres el rol central es la
maternidad, y en esa misma proporción tienen hijos. Además, de
ese 10 por ciento que al final de su vida reproductiva no procreó,
una parte importante no tuvo hijos porque biológicamente no pudo,
no porque no los deseara.

Rivera opinó que las causas de la maternidad temprana son el
inicio precoz a la vida sexual activa; la falta de oportunidades
(pobreza y nula educación); el desconocimiento y poco acceso a los
servicios de salud; el miedo y creencias falsas sobre los
anticonceptivos (como que son abortivos), y las barreras de
género, por ejemplo, cuando la pareja se niega a utilizar
condón.

Se calcula que del total de embarazos adolescentes, 55 por
ciento son no deseados, y la mayoría se da en la primera relación
sexual. Otros más son producto del abuso sexual.

Un rol con reconocimiento social

En nuestro territorio, todos los mecanismos sociales se han
enfocado en reforzar el papel de ser madres. En el pasado esto fue
importante por los elevados niveles de mortalidad: había que
garantizar la supervivencia de la especie. Además, la Iglesia
Católica ha fomentado la fecundidad.

De ese modo, abundó Welti, la chica que se embaraza
probablemente recibirá apoyo en el núcleo familiar de origen, y
la madre o la abuela se harán cargo de los nietos. En ese entorno
“la reconocen, porque ha cumplido con un papel
trascendente”.

Por eso, sin importar lo que se haga en términos de políticas
públicas, de campañas para el uso de anticonceptivos y relaciones
sexuales seguras, si no se logra transformar ese rol de manera
puntual y se brinda desarrollo a las mujeres en ámbitos diferentes
al de la maternidad, continuaremos con el problema del embarazo
adolescente, sentenció.

El especialista en el comportamiento reproductivo de la
población señaló que quien inicia su historia reproductiva en la
adolescencia tiene un número mayor de hijos que quienes lo hacen
en la edad adulta. Las primeras tienen, en promedio, al final de su
vida reproductiva dos hijos más que las segundas.

Se deben tomar acciones que permitan que la población
permanezca más tiempo en la escuela, que incremente su nivel de
escolaridad, y garantizar que tenga una mayor probabilidad de
insertarse en alguna actividad productiva, acorde a sus
necesidades, precisó Carlos Welti.

Angelina Rivera concluyó que los jóvenes obtienen información
sobre los métodos anticonceptivos de los profesores; de libros y
folletos; del personal de salud y, al último, de madres y padres.
Entre las estrategias preventivas que deben aplicarse están la
emisión de mensajes precisos y concisos, como “si no usas
condón te embarazas”, y la consejería en salud reproductiva de
joven a joven.