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El precio de ser indocumentado en Estados Unidos

  • Domingo 22 de enero de 2017
  • en México

PARRAL, Chi.- Tras haber sido deportado tres veces de Estados Unidos, Jesús Iván Allende Gonzales ya no puede volver. Desde los 12 años hizo su vida en la ciudad de Kansas City, donde dejó a su hijo, a su madre y a sus tíos, y a pesar de las amenazas del presidente Donald Trump, sueña con regresar con su familia.

A sus 39 años ha tenido una cruda experiencia, una historia que comparte con otros mexicanos y latinos que viven o han vivido del otro lado de la frontera.

Dice no temer a las amenazas racistas del magnate presidente. Asegura que los protocolos de migración conllevan demasiadas acciones para que el político cumpla con sus amenazas.

Jesús cruzó ilegalmente por primera vez a los 12 años. Se adaptó al estilo de vida “americano”. Su madre, recuerda, perdió el trabajo en Parral y decidió migrar con todo y familia. Una decisión que miles de mexicanos han asumido igual para enfrentar problemas económicos o de violencia.

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Curso la High School como cualquier otro chico de su edad, gracias a que su madre, con ayuda de familiares instalados allá logró tener un empleo en un restaurante de comida italiana. Cuando llegó a los 17 años tuvo una novia con la que, poco después tuvo un hijo.

Todo parecía “un sueño”, que tuvo un amargo despertar, cuando un día estaba reunido con otros jóvenes del barrio, llegó la policía migratoria buscando indocumentados y los encontró.

A pesar de alegar su edad —la ley prohíbe la deportación de menores— los “migras” actuaron hicieron caso omiso.

Era 1993 y Jesús tuvo que regresar a México, a Parral, donde le quedan familiares. Pero no estaba a gusto y al poco tiempo tomó la decisión de cruzar nuevamente como “mojado”. El reencuentro con su familia era el motor que lo impulsaba a tomar esa aventura.

 

Logró cruzar, pero el acercamiento con su familia fue posible. Lo vencieron las distancias. Se tornó más cuidadoso y así logró pasar desapercibido hasta 2005, cuando nuevamente lo ubicó la policía migratoria y volvió a deportarlo.

El puerto de regreso fue Parral, desde donde planeo su tercer cruce, arriesgándose con un “coyote”, pero fue detenido en el intento.

El delito por inmigración ilegal cuando ya se es deportado se paga con cinco años de cárcel si no se cometió un delito mayor, solo el delito de desobedecer las normas migratorias. Jesús terminó esa tercera odisea en la cárcel rodeado de asesinos y narcotraficantes.

Dentro del penal de Kansas se hacía la pregunta “¿Cómo es que te tachan de delincuente si lo único que hiciste es buscar estar con los tuyos? El 70 por ciento de los mexicanos que estaban encerrados ahí, estaba por lo mismo, por “soñar con el sueño americano”. Por cruzar varias veces. El otro 30 por ciento, asesinos violadores y narcos. “Pero igual todos estábamos en el mismo piso, en las mismas rejas… en reclusión”.

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Un abogado que defiende los derechos de migrantes en Estados Unidos tomó su caso, objetando que debió haber solicitado ayuda cuando fue deportado siendo menor puesto que esto es un delito federal.

Aunque fue apoyado por el defensor, no logró reducir la condena ni que se enmendara la injusticia de haber sido deportado siendo menor de edad.

Tuvo que permanecer en prisión hasta 2010 y fue deportado, no sin antes recibir la amenaza de recibir más años de condena si alguna vez vuelve.

Jesús Iván Allende tiene un hijo en Estados Unidos que tiene la nacionalidad; su madre lo extraña, sus tíos, y sus primos, casi todo su entorno familiar se encuentra allá. Todos con estatus ilegal.

En Parral vive en casa de sus tíos, en la colonia ampliación Juárez son su familia pero no pierde comunicación con su gente del otro lado.

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—¿Tienes aún la intención de arriesgarte a cruzar?

—Si algo le pasa a mis familiares, no lo dudaría, aunque sí me iría mal.

—¿No le tienes miedo a Trump?

—No podrá cumplir su promesa de corte racial que gestó en su campaña, aunque no me deja de preocupar mi familia, porque sé que estaría en las listas de las deportaciones masivas.