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Llega a su fin la era de las guerrillas en América Latina

  • Viernes 16 de febrero de 2018
  • en México

Ayer concluyó una era en América Latina, la de las guerrillas.
Permaneció desde finales de los años cincuenta hasta nuestros
días. Y aunque aún existen acelerados, aquellas formaciones
político-militares llegan a su fin. La seducción de las urnas fue
el camino seguido por la última guerrilla del continente
americano, la de Colombia. El voto es el objeto del deseo.

Con ello, en la realidad, los conflictos regionales empiezan a
alcanzar solución, esperamos que duradera en el caso de las FARC.
Ayer se firmaron los acuerdos de paz, que no son otra cosa que una
amnistía a través de la cual los antiguos guerrilleros abandonan
las armas y pueden participar en política electoral.

Ocurre cuando en este 2016 se cumplen 39 años de la Reforma
Política de 1977 en México, estructurada por Jesús Reyes
Heroles, en busca de una alternativa político-electoral para los
guerrilleros y para revitalizar el sistema de partidos.

Eran aquellos los tiempos en que por vez primera unas botas
guerrilleras ingresaban al Palacio Nacional mexicano. Tomás Borge
y el poeta Jaime Wheelock, entre otros. Sí, los sandinistas fueron
los pioneros en 1979, después de la caída del dictador Anastasio
Somoza y del triunfo de la Revolución con el Frente Sandinista de
Liberación Nacional por delante.

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En México, la reforma, además, permitió una mejor
participación política que se cumplió en ese 1979, al realizarse
elecciones para diputados. Fue cuando los partidos de izquierda
ingresaron a la legalidad, como el Partido Comunista Mexicano y el
Partido Socialista de los Trabajadores. Después competiría un
mayor número de organizaciones de izquierda hasta abarcar a
marxista-leninistas, trotskistas, socialdemócratas, oposicionistas
y colaboracionistas.

En agosto de 1979, se instaló la histórica LI Legislatura del
Congreso de la Unión, en la que fueron incorporados diputados
opositores de la izquierda. Con ello la pluralidad de la Cámara de
Diputados se vio incrementada de manera significativa, aunque en
términos reales la oposición no tuviera el número suficiente de
representantes para crear un congreso equilibrado.

Guatemala es otra historia. Los acuerdos de Paz iniciaron en
1987 y concluyeron en 1996. Fueron doce y principiaron en México.
El último se denominó Acuerdo de Paz Firme y Duradera, tras el
cual la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (que agrupaba a
varias organizaciones guerrilleras) ingresó a la legalidad en
condiciones de seguridad y dignidad, lo que evidentemente se
tradujo en una conciliación y en el perfeccionamiento de un
sistema democrático sin exclusiones, aseguran los estudiosos.

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En el caso de los Acuerdos de Paz firmados entre el Gobierno de
El Salvador y la guerrilla del Frente Farabundo Martí para la
Liberación Nacional (FMLN), fueron signados el 16 de enero de 1992
en el Castillo de Chapultepec, México. Con la firma concluyeron 12
años de guerra civil en El Salvador, de 1980 hasta 1992.

En Uruguay durante la primera presidencia de José María
Sanguinetti (1985-1989), se buscó la respectiva inserción en la
legalidad de los guerrilleros del Movimiento de Liberación
Nacional-Tupamaros. Sería hasta la segunda presidencia de este
hombre y una vez que falleció el líder de la guerrilla Raúl
Sendic, cuando se presentó la denominada “seducción de las
urnas” e inició el ingreso a la legalidad, de tal manera que dos
hombres de izquierda han llegado a la presidencia: el exguerrillero
tupamaro José Mujica y Tabaré Vázquez.

En Brasil la docena de organizaciones guerrilleras de los
setentas con Carlos Marighella, como uno de sus líderes más
visibles, aseguran los estudiosos fueron derrotadas y en 1979
inició la primera Amnistía. En Venezuela fue el presidente Rafael
Caldera quien la decretó también por aquellos años, mientras que
en Argentina los Montoneros fueron indultados (también los
militares) por el peronista Juan Carlos Menem.

Son solamente unos ejemplos en América Latina, de quienes han
abandonado las armas para participar en política electoral con
respeto a las instituciones.

En diciembre de 2014, cuando fueron anunciadas las relaciones
diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba escribimos:

“¡Vaya campanazo como obsequio! Sus posibilidades para el
cambio geopolítico, para la modificación de posiciones globales y
para acabar con los conflictos regionales son enormes”.

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Está ocurriendo. Ayer se firmó la paz en Colombia entre las
FARC y el Gobierno de Juan Manuel Santos y Cuba estuvo presente
para impulsar la voluntad de participación política y abandono de
las armas y la violencia de los grupos guerrilleros.

Pero falta su alejamiento del narcotráfico, ya que desde hace
varios años se sabía de los vínculos de la FARC con
narcotraficantes. Esto también ocurrirá, por lo menos así lo dio
a conocer el presidente Juan Manuel Santos en las Naciones Unidas,
donde anunció la disposición de las Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Colombia de romper cualquier vínculo con el
narcotráfico, lo cual quedó asentado en los acuerdos de paz.

“Cuando firmemos, las FARC van a comenzar a ayudar al Estado
en lugar de combatirlo, en la sustitución de cultivos ilícitos
por cultivos lícitos y en la eliminación de los corredores y del
narcotráfico propiamente dicho”, dijo durante la inauguración
del foro sobre los nuevos retos de la política
antinarcóticos.

Además, señaló que a partir de la firma, la guerrilla se
tornará en aliada; un cambio de 180 grados que tal como señaló
abre a los colombianos una inmensa oportunidad de ser efectivos en
ese frente.

¡Ojalá!