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No soslayamos problemas de indígenas: EPN

  • Martes 13 de diciembre de 2016
  • en México

  • Avanzamos, pero falta mucho, admite el presidenteFernando
    Benítez se plantó ante el presidente José López Portillo y le
    demandó:

“Presidente… Presidente… Un gesto en favor de los indios
de México…

Se estremecía el Salón de Recepciones de Palacio Nacional.
Fernando Benítez recibía Premio Nacional. El Presidente de la
República lo mimaba. Juan José Bremer, Juan Rulfo, José Carreño
Carlón -entonces en tareas de Coplamar- prodigaban cuidados al
investigador-autor de “Los Indios de México”.

Fernando Benítez se ufanó:

“He sido el hombre mejor vestido en esta muchedumbre”.

Estrenaba un traje gris raya de gis. Esmeraldas engarzadas como
mancuernillas. Flamante la camisa. Notable el gis -la greda- del
sastre.

“¿A dónde quieres ir a comer? ¿A Prendes? ¡Dí, Fernando!
¡Dí!”

Ayer, 36 años después de aquella escena, los indígenas
mexicanos volvieron a ocupar un lugar en la Presidencia de la
República. Ocurrió en la casa Los Pinos. Al mediodía. Lunes
híbrido. Medio frío. Desapacible. Previsible. Como si los
participantes supieran “al dedillo” lo que les aguardaba.
Mediodía para los derechos humanos. O su ausencia. Con tiempo para
trasladar a los interesados al Centro Nacional de las Artes para
despedir entre dilatadas ovaciones los actos de Rafael Tovar y de
Teresa.

Homenaje a don Rodolfo Stavenhagen. Antropólogo. Científico
Social. Investigador. Escritor. Defensor. Admirador de la cultura
de los indígenas. De México y otros países de América.
Estudioso infatigable. Luchador de las causas indígenas. Las del
respeto a su propiedad. Que se extendieran a su forma de vivir,
lengua, trabajo, tradición. No más “mexican or indian
curious”. Personas. Mujeres. Hombres. Niños. Pueblos. ¡Basta de
despojos y atropellos!

Meses después de su muerte se le reconoce. Se entrega a su
familia el Premio Nacional de Derechos Humanos 2016. Insuficiente
el Salón Adolfo López Mateos. “¡Que se vayan al Ávila
Camacho! ¿Va a entrar la Prensa? ¿Cuántos? ¿Qué?

Nerviosismo de los responsables de la seguridad en la casa Los
Pinos. Alzan la voz -gritan casi- hombres habituados a estas
concentraciones. “Estos de los Derechos Humanos son muy
exigentes. La arman por cualquier cosa… Los importantes ocupan la
primera fila.

Envían adelantados “que les aparten su lugar”. Arrogantes
exhiben ayudantes. Los hay que echan mano de un individuo al que
ordenan imperiosos:

“Dame una tarjeta…

“Tómame la foto ahorita que venga el Presidente…

Ayer eran cientos los que se apretujaban en el Salón López
Mateos. A buenas horas echaron atrás sillas para buscar la
cercanía con el presidente de México, Enrique Peña Nieto. Hasta
personas de conducta moderada como Juan Carlos Sánchez Magallán y
el abogado Romero Apis sepultaron los buenos modales para colocarse
en la primera fila:

“Es que tengo que entregarle el compendio de los artículos
que he escrito y publicado en el periódico, -presumió Carlos
Sánchez Magallán, quien mostró un ejemplar de sus
“Quijotes”. Un consumido Caballero de la Triste Figura ilustra
la portada.

“Quijotes los que coleccionó y mostró el maestro José
Pagés Llergo, dijo el reportero.

“Creo que Beatriz Pagés los presta. Los cuida mucho”,
opinó Juan Carlos Sánchez Magallán.

Llegada precipitada del Presidente de la República. Casi sin su
habitual escolta. Lo seguía un apresurado secretario de
Gobernación, Miguel Osorio Chong. Funcionario que -contra toda
etiqueta- también salió precipitadamente del López Mateos. Lo
hizo cuando el presidente Enrique Peña Nieto conversaba con la
familia del desaparecido Rodolfo Stavenhagen.

Tocó al decidido -muy enterado y cauto- don Luis Raúl
González Pérez- presidente de la Comisión Nacional de los
Derechos Humanos- reseñar la marginación, el abandono, la
injusticia, la exclusión, la explotación que padecen los
indígenas mexicanos. “Casi se les ve como obstáculo al
desarrollo. Casi se les quisiera desaparecer. Una y otra vez son
víctimas de honda desigualdad. El desdén los acompaña. Son unos
15 millones de mexicanos que la pasan muy mal. A duras penas
sobreviven.

Nada nuevo nos relató el muy serio Luis Raúl González Pérez.
No exagera. No acentúa los tintes dramáticos. Uno ha visto cómo
se despoja a los del Valle del Mezquital. “De cada peso destinado
a su salud, les llegaban apenas cinco centavos… Vaya a ver a los
de Pluma Hidalgo, en Oaxaca. Toda la familia recolecta café. Viven
en galerones. Alumbrados por ocotes. Padres y niños. En la Mixteca
oaxaqueña “se muerde la miseria”. Los indígenas tejen
sombreros. Les pagan una miseria. Y los de Clakini, en Campeche que
los tejen en cuevas. La humedad mantiene flexible la fibra… Y en
Coaixtlahuaca… Y en la Sierra de Puebla. En el vértice Puebla,
Oaxaca, Veracruz.

El presidente de México Enrique Peña Nieto asegura: “Este
Gobierno no soslaya los problemas de los indígenas mexicanos. Ya
avanzamos. Pero falta mucho. La tarea toca a muchos; a todos. Esta
administración no ceja en su afán.

“El mejor homenaje a la memoria de Rodolfo Stavenhagen
-sentenció- es, será proseguir sus estudios. Repasar sus
observaciones. Que Antropólogos, sociólogos, educadores ilustren.
“TE VAMOS A EXTRAÑAR, RAFA”: PRESIDENTE PEÑA NIETO ANTE
CENIZAS DE TOVAR Y DE TERESA

Y de nueva cuenta reconoció el esfuerzo, el arrojo de los
integrantes de las Fuerzas Armadas nacionales. Compartió su
interés en que pronto se den condiciones para que vuelvan a
cuarteles. Todo depende de la estrategia que se adopte en el
combate a la terrible delincuencia.

A buenas horas la señora Elia del Carmen Gutiérrez Ortiz -la
apoyadora, estimulante compañera de don Rodolfo Stavenhagen-
narró amables perfiles del hombre que detestaba la burocracia.
“Infatigable examinador de teorías y opiniones. Riguroso en su
trabajo. Admirador de todas las expresiones del arte.

“Llegó a México cuando el nazismo se impuso en Alemania y
amó tanto a México que le dedicó sus más elevados afanes. Con
buen humor. Con alegría. Fue un tránsito feliz”…

La viuda del señor Stavenhagen recibió la atención cálida
del presidente Enrique Peña Nieto. También un diploma y un
cheque.

Tolerancia. Igualdad. Inclusión. Respeto. Estudio. Cuidado.

Expresiones muy usadas ayer en la ceremonia en honor del trabajo
del científico social-quien hace años fue muy amigo de Enrique
Jackson y su “toquis” Enrique Rubio Lara- Rodolfo
Stavenhagen.

Auditorio muy serio. Asistentes silenciosos. Quizá se incrustó
un “palero” que quiso provocar aplausos. U otro que como
impulsado por un resorte se alzó para aplaudir con frenesí a uno
de los oradores.

Se quedó muy solo.

Ante la mirada dura de cientos, se empequeñeció; se
hundió.

Y luego, a toda velocidad, al homenaje en reconocimiento del
trabajo -y la personalidad- de Rafael Tovar y de Teresa.

“Te vamos a extrañar, Rafa”, pronunció el Presidente ante
la urna que conserva las cenizas del que fue talentoso
mexicano.

Hizo la primera guardia. Junto a la familia del desaparecido
secretario de Cultura. Se animó y tocó la madera. Flores blancas
la protegían. Su viuda hizo lo mismo. Un segundo después el
presidente Enrique Peña Nieto inauguró una
larga-emocionada-ovación.