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Vandalismo y pandillerismo, fenómeno netamente urbano

  • Martes 10 de enero de 2017
  • en México

*La “semana negra” en la República; el joven vándalo y sus deficiencias

|Primera de dos partes| 

La llamada “semana negra” con la que se estrenó 2017, en la cual vándalos y pandilleros -en un alto porcentaje integrantes del semillero del crimen organizado y de la delincuencia común-, saquearon comercios en grandes ciudades de 20 entidades de la República Mexicana, convoca a la reflexión sobre el incremento del vandalismo y el pandillerismo en México, un fenómeno netamente urbano que cumple 47 años.

Considerado por los organismos internacionales como el resultado de la urbanización rápida y descontrolada, el elevado número de hombres jóvenes que no trabajan ni estudian, la elevada desigualdad económica, un historial de conflicto armado reciente, acontecimientos violentos en países vecinos, migraciones masivas y, sobre todo, de la presencia de narcotráfico y grupos armados altamente estructurados, el vandalismo y el pandillerismo se salieron de control (si es que en algún momento han sido acotados), con motivo de la abolición al subsidio de las gasolinas.

Foto: Diario del Sur

Foto: Diario del Sur

Desde el 2 al 5 de enero ocurrieron los saqueos, muchos de los cuales fueron iniciados por jóvenes vándalos o integrantes de pandillas estructuradas, convocados vía redes sociales.Cientos fueron detenidos.

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Tales conductas destructivas en más de la mitad de las entidades de la República no se habían visto en México en tal magnitud. Por la similitud observada en la capital del país hace poco más de cuatro años, el día de la toma de posesión del presidente Peña Nieto, a través de la actuación de los narcos y los saqueos durante los desastres ocasionados por los huracanes en Acapulco, Guerrero y Los Cabos, en Baja California, se podría señalar que eran agujas en un pajar.

Pero llegaron los vándalos. Considerados por los psicoanalistas como la “posible delincuencia organizada del mañana”, segmentos de las sociedades que están siendo estudiados en todo el mundo.

Los especialistas, en el blog spot problemas criminológicos actuales, exponen: “…la mayoría de los estudios descriptivos de la carrera del vándalo señalan una serie de factores individuales, sociales y familiares que caracterizan al joven y que llevan a la conclusión de que el vándalo es una persona con un gran conjunto de deficiencias y una de ellas es que comete delitos”.

Mencionan en un decálogo las características que distinguen al joven que forma parte del vandalismo: impulsivos, con afán de protagonismo, necesidad de pertenencia, baja autoestima, faltos de afectividad, agresivos, sin habilidades sociales, poco equilibrio emocional, inadaptados y frustrados.

En los saqueos ocurridos en nuestro país la semana pasada, perpetrados en primera instancia por grupos de pandillas de diversas poblaciones y seguidos por oportunistas e irreflexivos, se observa el incremento que este fenómeno ha tenido en México en los últimos cinco años.

“…Una de las advertencias de un marero indica que tan solo en la Ciudad de México ya existen unos mil 300 mareros distribuidos en siete clicas, que son la columna vertebral de los Salvatrucha en este país”, advirtiendo que si hoy se preocupan de que estén llegando tantos pandilleros “no han visto nada todavía”, escribió el doctor en Sociología, de la Universidad Nacional Autónoma de México, Héctor Castillo Berthier, en “México Social” en 2013.

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Por otra parte, hay quienes aseguran que, en México, hasta el año pasado,60.5 por ciento de los delitos graves habían sido ejecutados por jóvenes, la mayoría de ellos iniciados en pandillas antes de involucrarse con la delincuencia organizada.

Recientemente se calculó que unas 468 mil personas trabajaban en México en actividades relacionadas con el comercio ilícito de drogas, de los cuales 75 por ciento son jóvenes, no obstante que el Código Penal Federal desde 2014 señala en su artículo 164 Bis:

“Se entiende por pandilla, para los efectos de esta disposición, la reunión habitual, ocasional o transitoria, de tres o más personas que sin estar organizadas con fines delictuosos, cometen en común algún delito”.

Además, en el 164 especifica:

“Al que forme parte de una asociación o banda de tres o más personas con propósito de delinquir, se le impondrá prisión de cinco a diez años y de cien a trescientos días multa…”.

UN AÑEJO PROBLEMA

¿Por qué no se ha atacado este fenómeno en aumento? De acuerdo a los estudios en la materia, “las primeras manifestaciones de corte pandilleril violento en México se presentan en la década de 1970 hasta principios de los 80, particularmente en ciudades del Centro y Norte del país (como Tijuana, Juárez, México y Monterrey), siguiendo como modelo expresiones nacidas una década antes en urbes de la costa Este de Estados Unidos por integrantes de las minorías étnicas más representativas, particularmente la afroamericana”.

En México, se ha observado que las pandillas localizadas en los Estados que conforman la frontera norte del país, están altamente influenciadas por pandilleros de Estados Unidos, mientras que, en el sur del país, la presencia de integrantes de la “Mara Salvatrucha”, de El Salvador, es fundamental para los pandilleros y jóvenes que reproducen sus prácticas, códigos y valores”.

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Esta y otras agrupaciones delictivas surgieron después de “las tres décadas de violencia política experimentadas en el istmo centroamericano durante el tercer cuarto del siglo XX, la sustitución de Gobiernos democráticos por dictaduras militares, el estallido de guerras civiles y la sucesiva aparición de grupos insurgentes y paramilitares, al margen de profundos e históricos rezagos económicos y sociales…”.

Hubo un esfuerzo en el sexenio pasado en nuestro país. Hace cinco años se trabajaba en ese tema. De acuerdo a un análisis realizado por la Secretaría de Seguridad Pública, (específicamente por la Subsecretaría de Prevención y Participación Ciudadana y la Dirección General de Prevención del Delito y Participación Ciudadana), en 2010 se advertía:

saqueos

 

“…un estudio a nivel nacional revela que 41 por ciento de los jóvenes con estudios de bachillerato han visto que sus compañeros llevan armas, 63 por ciento dice estudiar entre pandillas y 28 por ciento que se venden drogas en torno a la escuela”.

Además, “…91.4 por ciento de los jóvenes inscritos en las preparatorias del Distrito Federal, afirma vivir en torno a las actividades de pandillas. Lo mismo ocurre en Baja California y Nayarit, donde el fenómeno dicen vivirlo 80 por ciento de los jóvenes, y en Morelos y Oaxaca poco más del 71 por ciento. Zacatecas, Veracruz, Guerrero, Aguascalientes e Hidalgo son los Estados donde los jóvenes experimentan esos mismos fenómenos de portación de armas, violencia, consumo y acceso a las drogas en proporciones más bajas de todo el país, que van del siete al 35 por ciento”.

También, “…independientemente del perfil de sus integrantes, de las territorialidades y de las infracciones o delitos que cometan, la presencia de pandillas en el territorio nacional es cada vez mayor. Por ejemplo, en Baja California se tiene registrada la operación de 120 pandillas, tan solo en Mexicali, se habla de 88 organizaciones detectadas en 2004 por los servicios de inteligencia policial, de las cuales ocho se relacionan directamente con las pandillas de California”.

El estudio es extenso y por ejemplo…

“En Guadalajara se tienen registradas más de 200 pandillas integradas no solo por adolescentes: también hombres y mujeres de más de 35 años se reúnen en la vía pública para consumir alcohol o drogas. Dentro de las principales destacan, por su número de integrantes: “Quinto Abismo”, en la colonia Independencia, “Los Rojos” y “Los Trampas”, en Mezquitán Country, “Florencia 13”, “Los Pitufos y “La Banda del Pañal”, en Oblatos, “Los Pazuzus”, en la Echeverría, “Los Bunga”, “La 22” y “Los Privas”, en Polanco, “Barrio Pino” y “XK”, en el Sauz, “Los Cuates”, del Fresno, “Los Chúntaros”, “Los Chichos” y “Los Pipos”, en la Alameda Tetlán, “Los Sureños” y “Los Caballos”, en Huentitán El Alto, “El Cobrita”, en la colonia Atlas y en la zona del mercado Felipe Ángeles “Los Bernardelli”.

Hace casi seis años del acucioso análisis, hoy sin lugar a dudas no se han atacado las causas. Ese tipo de pandillas se han incrementado y ya pudimos observar su coordinada actuación la semana pasada, no por el aumento de los precios de la gasolina, sino porque aprovecharon las marchas de las personas de bien, para delinquir y sacar provecho de las circunstancias.

Otra cosa son los que actuaron irracionalmente en la marabunta que salió a las calles.

QUÉ PASÓ CON EL PLAN “SENSORES JUVENILES”

En aquel tiempo (el sexenio pasado) hubo un programa denominado “Sensores Juveniles”, (independientemente de los acuerdos en el renglón de pandillas delictivas desarrollados en colaboración entre México y los países centroamericanos, así como entre México y Estados Unidos).

La Secretaría de Seguridad Pública Federal de México (SSP), señaló en su momento que  cuenta con el programa “Sensores Juveniles”, que transmite una metodología a Gobiernos estatales y organizaciones civiles para crear redes de jóvenes capacitados en evitar la aparición de conductas de riesgo entre sus pares, que pudieran convertirse en actos de delincuencia. Los jóvenes trabajan en su entorno inmediato, llevando a cabo labores de prevención social del delito y de promoción de la denuncia anónima entre la ciudadanía.

Tal programa operaba“a nivel nacional con jóvenes voluntarios de entre 18 y 23 años que desean realizar actividades significativas y socialmente constructivas para prevenir la aparición de delitos entre otros jóvenes, en coordinación con los representantes de las organizaciones civiles o escuelas donde participan”.

Los sensores juveniles son entrenados bajo el lema “prevenir es saber decidir” con base en los siguientes objetivos:

1.- Detección de conductas de riesgo que pueden derivar en delitos graves.

2.- Intervención temprana para evitar consecuencias disciplinarias.

3.- Derivación temprana, no disciplinaria, para buscar un cambio positivo.

4.- Difusión de información por medio de Diálogos Juveniles por la Legalidad, impartidos a otros jóvenes.

¿Qué pasó con el programa?

Es un enigma.

(Continuará)