abc Radio


Desconfían aliados por relación Trump-Putin

  • Domingo 15 de enero de 2017
  • en Mundo

El servicio secreto israelí y las principales agencias occidentales de espionaje están tratando de evaluar por su cuenta las denuncias sobre la trama rusa de Donald Trump —en forma preventiva—, y dejaron de compartir información clasificada con la comunidad de inteligencia de Estados Unidos.

El Mossad (Israel), el SecretIntelligenceService (SIS) británico que reúne al MI5 y MI6, la DGSE francesa, el BND alemán y los australianos del ASIS temen que ciertas informaciones sensibles puedan terminar en poder del Servicio Federal de Seguridad Interior (FSB) y el Servicio de Inteligencia Exterior (SVR), las dos ramas en que se dividió el ex KGB después de la era soviética.

Los responsables de los organismos occidentales se reunieron hace una semana para discutir la forma de evitar la “transferencia” de información a Estados Unidos, después del ingreso de Donald Trump a la Casa Blanca. El más inquieto fue el delegado israelí, quien confesó su temor de que puedan filtrarse los métodos operativos clandestinos que utiliza el Mossad en Irán. El principal objetivo del espionaje israelí consiste en monitorear la evolución del programa nuclear del régimen de los ayatolas para evitar que alcancen el nivel suficiente para desarrollar una bomba atómica. La preocupación del Mossad obedece a los vínculos y a la cooperación que existe entre el FSB ruso y el VEVAK iraní, según admitió el especialista Ronen Bergman al diario israelí YediotAhronot.

Los dirigentes de las grandes agencias occidentales de espionaje están escandalizados por la improvisación que prevalece en el equipo de Trump. La mayor desorganización se advierte en el caos que reina para integrar la cúpula de un organismo clave, como es el Consejo Nacional de Seguridad (NCS), sostuvo David Rothkopf, considerado como uno de los mejores especialistas del tema. Dentro de ese organismo se armaron en dos meses, tres equipos de transición y, a una semana de acceder al poder supremo todavía no están nombrados los principales responsables del NCS. “Es la peor transición de la historia”, asegura Rothkopf, responsable la revista ForeignPolicy.

A una conclusión similar llegaron los consejeros de la canciller alemana Angela Merkel, que viajaron a Washington a fin de conocer las intenciones del nuevo presidente en materia de seguridad y política internacional. El equipo volvió a Berlín rascándose la cabeza y totalmente desconcertado, “sin haber podido lograr un panorama claro, coherente y comprensivo de los objetivos del nuevo Gobierno”, reconoció en público el portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores, Martin Schaefer.

El mismo pandemonio se advierte en la comunidad de inteligencia, que resultó totalmente desestabilizada por las revelaciones sobre los vínculos de Trump con el líder ruso Vladimir Putin. Ninguna de las 17 agencias que integran la comunidad de inteligencia norteamericana, incluyendo el FBI, fueron capaces de hacer una investigación coherente sobre las denuncias formuladas por el ex espía británico Christopher Steele en un documento de 35 páginas.

Altas esferas del Gobierno británico confirmaron que desde mediados del año pasado el FBI conocía las informaciones descubiertas por Steele. Las mismas fuentes ratificaron que el ex espía británico entregó una copia de su informe al Intelligence Service de su país.

Alarmadas por esa parálisis, seis agencias occidentales de inteligencia lanzaron investigaciones independientes para verificar la naturaleza de las relaciones que existen entre Trump y el Kremlin, determinar si el futuro ocupante de la Casa Blanca ofrece algún “ángulo vulnerable” y evaluar la extensión de los daños. El informe de 35 páginas redactado por Steele es solo “uno de los numerosos documentos” que existen sobre la conexión de Trump con Moscú, afirmó un miembro del Mossad. Esa información fue luego confirmada por un agente de la GGSE francesa.

Esas organizaciones procuran confirmar si, como afirman numerosas fuentes, existen grabaciones de audio y video que podrían ser utilizadas por el Kremlin para chantajear a Trump.

Los espías profesionales no comprenden por qué, desde mediados del año pasado, Trump se declaró dispuesto a reconocer la anexión rusa de Crimea y después propuso al Partido Republicano pronunciarse en contra de la ayuda militar al Gobierno de Ucrania para poder luchar eficazmente contra los rebeldes separatistas en el este del país. Esos temores se acentuaron el viernes último, en plena tormenta política por las denuncias sobre la trama rusa, cuando Trump declaró al diario Wall Street Journal que apenas ingrese a la Casa Blanca levantará las sanciones económicas y políticas impuestas a Rusia por la anexión de Crimea en 2014.

En ese marco, Estados Unidos corre el riesgo de entrar el 20 de enero en un periodo de aislamiento que puede alejarlo de sus aliados y dejarlo peligrosamente expuesto a nivel global. Una situación de esa naturaleza luego podría exigir años de esfuerzos para reparar los daños.