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Detectarán a terroristas en enfermos mentales

  • Viernes 25 de agosto de 2017
  • en Mundo

Un escándalo político amenaza con estallar en Francia, después que el ministro del Interior, Gérard Collomb, afirmó que “un tercio de las personas radicalizadas padece disturbios sicológicos”.

El número dos del gobierno de Emmanuel Macron propuso igualmente “movilizar a los hospitales siquiátricos y a los siquiatras” particulares y a los que trabajan en institutos carcelarios para que “detecten a las personas con inclinaciones” a cometer atentados.

Aunque fue formulada con infinitas precauciones retóricas, su iniciativa desencadenó un vendaval de reacciones entre los profesionales, que consideran inapropiada la idea de identificar a las personas inestables a partir de las informaciones que figuran en el Fichero de Señalamiento y Prevención de la Radicalización y el Terrorismo (FSPRT).

Para respaldar su propuesta, Collomb afirmó que los recientes arrollamientos con vehículos y apuñalamientos en Francia no fueron cometidos por personas radicalizadas, sino por individuos que salían de clínicas siquiátricas o que presentaban un perfil de aguda inestabilidad

mental.

El hombre que el lunes pasado mató a una persona con un vehículo e hirió a otra el lunes pasado en Marsella “salía de una clínica siquiátrica, tenía antecedentes carcelarios y había cometido un asesinato”, explicó.

En muchos casos como ese, “no se trata de terrorismo (…) sino de un fenómeno de imitación”, estimó Collomb. “Algunos espíritus débiles pueden dejarse arrastrar a actuar por mimetismo”, argumentó.

El ministro sugirió “obtener la ayuda de los servicios psiquiátricos” en cooperación con el ministerio de Salud. Pero, como “el secreto médico es sagrado”, propuso “evidentemente actuar en acuerdo con el colegio”

de la orden. “El respeto del secreto médico es un principio fundador del ejercicio profesional. Solo puede haber excepciones en caso de peligro inminente o de amenaza grave para la sociedad”, le respondió de inmediato Jean-Marie Faroudja, responsable de la sección ética de la Orden Médicos.

El siquiatra Jean-Louis Senon, fue más duro aun al poner en duda la veracidad de las estadísticas citadas por Collomb. “Los estudios internacional muestran una débil proporción de enfermos mentales entre los terroristas: entre 4% y 7%”, indicó el experto y profesor de la Facultad de Medicina de Poitiers.

El psiquiatra Fethi Benslama, por su parte, denunció que las cifras mencionada por Collomb son, “evidentemente estadísticas del fichero de radicalización”, al cual los especialistas no tienen acceso. “¿Qué autoridad tienen esos servicios para pronunciarse sobre el estado de salud mental de esas personas?”.

“Collomb está realizando una peligrosa amalgama entre dos problemas de naturaleza diferente”, denunció Jean-Marc Elchardus, exsiquiatra del Hospital de Lyon. “Hay que terminar con ese discurso tendiente a hacer creer que los “locos” son peligrosos o terroristas, y que los terroristas son “locos””, agregó.

Para el doctor Jean-Claude Pénochet, la primera respuesta del médico “debe ser ocuparse del paciente ansioso que tiene pensamientos agresivos o un razonamiento radical, si es necesario medicarlo y eventualmente ingresarlo en un hospital”. Pero consideró que la misión de los profesionales “no es colaborar con el ministerio del

Interior”.

Después de la ola de terrorismo que sufrió Gran Bretaña hace algunos meses, el British Medical Journal lanzó una severa advertencia contra la idea de pensar que los terroristas son enfermos mentales “porque los datos que poseemos no confirman esa

presunción”.

Por otra parte, asegura la prestigiosa revista académica, “los pacientes que sufren de disturbios siquiátricos no cometen más homicidios que la población en general (…) En cambio, con mayor frecuencia son víctimas”.

La Orden de los Médicos Británicos también había puesto límites a la tentación de las autoridades de obtener la “colaboración” de los siquiatras, que recuerda las prácticas del hitlerismo, recordó David Gourion, autor de La fragilidad de la psiquis de los adultos jóvenes. “La mayor experiencia de colaboración entrepsiquiatras y poder político -concluyó- condujo a la “eutanasia” masiva (de “locos”) en la Alemania nazi”.