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¿El mundo acaba de entrar en una crisis mayor?

  • Sábado 8 de abril de 2017
  • en Mundo

PARÍS, Francia, (OEM-Informex).– En tres minutos, con 59 misiles “Tomahawk” disparados contra la base siria de Shayrat  –a un costo de 23.6 millones de dólares–, Donald Trump colocó al mundo al borde de la crisis geopolítica más grave de los últimos años.

Aunque sus motivaciones pertenecen más al campo de la psicología que de la estrategia internacional, el presidente estadunidense no es el único responsable de la escalada de tensiones que vive el planeta desde hace 24 horas. El ataque constituyó una represalia al bombardeo con armas químicas perpetrado el martes pasado por el régimen de Bashar al Asad contra una población civil de Khan Cheikhun, en Siria, que provocó por lo menos 86 muertos, entre ellos 30 niños.

Las razones que invocó para justificar ese castigo pueden ser legítimas desde una óptica emocional, pero son insuficientes  –y peligrosas–  desde el punto de vista jurídico y estratégico: sancionar en forma unilateral al protegido de Moscú, sin mandato de la ONU ni respaldo de sus aliados, ridiculizó al presidente ruso Vladimir Putin a nivel internacional y lo colocó en situación de tener que reaccionar en forma proporcional.

Foto: AP

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No resultó sorprendente entonces que el Kremlin interpretara el ataque a su aliado Assad también como una agresión contra Moscú. La represalia de Estados Unidos en Siria es una acción “al límite del conflicto militar con Rusia”, advirtió el primer ministro Dimitri Medvedev.

Yuri Chvytkine, uno de los vicepresidentes de la Comisión Parlamentaria de Defensa, completó la amenaza al decir que ahora el Kremlin “se reserva el derecho de reaccionar convenientemente a los ataques de Estados Unidos”.

En su primera reacción, Rusia suspendió el acuerdo de coordinación firmado con Washington a fines de 2015 para evitar incidentes entre aviones militares de ambas potencias en el espacio aéreo sirio. Desde ayer, esos aparatos pueden encontrarse en cualquier momento frente a frente a más de 2 mil km por hora sobre un territorio de 181,100 km2, equivalente a la superficie del Estado de Sonora. En la práctica, esa forma de operar puede convertirse  –sin hacer un mal juego de palabras–  en una “ruleta rusa” supersónica.

El director de Estudios Geopolíticos del Instituto Europeo de Relaciones Internacionales, Pierre-Emmanuel Thomann, prefiere creer que se trata de una advertencia. “Rusia trazó una línea roja para Estados Unidos a fin de indicarle que aumentar la escalada supondrá un peligro para Estados Unidos”, conjeturó.

A diferencia de la actitud que adoptó Nikita Khruschov durante la crisis de misiles de 1962, cuando abandonó a su aliado cubano Fidel Castro y optó por privilegiar los intereses soviéticos, el líder ruso Vladimir Putin parece resuelto a proteger formalmente a su aliado. Pero ciertos indicios detectados en Moscú sugieren que  —acaso más tarde—  Rusia arreglará sus cuentas en silencio con Bashar al Asad El Kremlin intuye que Asad utilizó las armas químicas, sin consultar con su protector ruso, para crear un electroshock político internacional a fin de bombardear literalmente las negociaciones de paz piloteadas por Moscú, cuyo desenlace ponía en peligro los intereses y las expectativas del régimen sirio.

Foto: AP

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No solo Assad arrastró a Putin al borde de una crisis geopolítica grave, sino que agravó las tensiones entre Rusia e Irán, cada vez más hostil a una solución de posguerra que deje fuera de juego al Hezbollah chiíta. Los ayatolas de Teherán necesitan el territorio que controla esa milicia en Siria para crear un corredor que, pasando a través de la zonas chiítas de Irak, les permita tener acceso directo al Mediterráneo.

Mantener la integridad territorial de Siria después de la guerra, como pretende Assad con el apoyo de Rusia, contradice el principal objetivo estratégico iraní en ese conflicto.

Hay otro detalle que no escapó a la atención de Putin. En las semanas previas al ataque del jueves, Trump recibió sucesivamente en la Casa Blanca al primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y a los dirigentes de Arabia Saudita, Egipto, Jordania y al presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, todos hostiles al eje Siria-Irán y extremadamente reservados con la estrategia de Rusia en Oriente Medio. Putin teme que Estados Unidos intente volver a cubrir el enorme vacío creado por el repliegue de facto en esa región decidido por Barack Obama.

Si el olfato de Putin no le induce al error, los 59 “Tomahawks” disparados el martes suenan como la salva anunciadora de una crisis geopolítica mayor de imprevisibles consecuencias.