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Empieza a perfilarse el crepúsculo del Estado Islámico

  • Martes 3 de enero de 2017
  • en Mundo

  • Resalta Hollande avances en la lucha

PARÍS, Francia. (OEM-Informex).- Hay un nexo evidente entre el
atentado del sábado, en Estambul y la visita del presidente
francés François Hollande al frente de operaciones en Irak: la
próxima caída del bastión de Raqqa y la derrota del grupo
yihadista Estado Islámico (EI).

El ataque de Nochevieja en una discoteca en Estambul, que
provocó 39 muertos, es una clara represalia por la participación
directa de Turquía en la guerra civil siria, como reconoció el
grupo terrorista en la reivindicación que difundió ayer, a
través de sus canales oficiales de propaganda. La réplica del EI
atañe tanto al cierre de las fronteras entre Siria y Turquía -que
está asfixiando a las fuerzas yihadistas-, como a los bombardeos
turcos, así como a la participación del presidente Recep Tayyip
Erdogan en la tregua impuesta a la guerra civil siria en alianza
con Rusia e Irán.

Para el “Estado islámico” creado por el califa Abu Bakr al
Baghdadi, esa troika representa una hidra diabólica de tres
cabezas. El presidente ruso Vladimir Putin es un enemigo acérrimo
de los islamistas, primero en las repúblicas musulmanas de la ex
URSS y desde octubre de 2015, en apoyo del régimen de Bachar al
Assad contra los bastiones yihadistas en Siria. Irán -con sus
Guardianes de la Revolución y sus milicias chiitas encabezadas por
el Hezbolá-, fue el principal enemigo militar y religioso del EI
sunita. Erdogan, que había sido un aliado al Baghdadi contra el
enemigo común Assad, dio un giro de 180 grados hace algunos meses
a fin de aliarse con Putin para repartirse los despojos de Siria y
tratar de imponer un nuevo orden geopolítico en la región.

En ese marco, el atentado de Estambul es un ataque contra el
miembro más frágil de la troika y el único -acaso– que puede
ser desestabilizado por una serie de conmociones en cadena. Al
reaccionar de esa forma, el grupo yihadista puso en evidencia al
mismo tiempo su extrema debilidad.

Actualmente, el EI ha logrado mantener su posición militar en
la ciudad de Mosul, a pesar de la ofensiva lanzada el 17 de octubre
por la coalición anti-yihadista formada por las fuerzas chiitas de
Irak, los peshmergas kurdos, algunos efectivos de élite turcos,
varias decenas de consejeros franceses y norteamericanos y los
aviones de la coalición internacional. El avance de la coalición
se realiza a un ritmo mucho más lento de lo previsto por la tenaz
resistencia que oponen los yihadistas, pero también porque han
comenzado a usar a la población como escudos humanos. Pese a todo,
la frágil situación del EI no podrá resistir la segunda parte de
la ofensiva que acaba de comenzar.

En forma simultánea, los kurdos rodearon Raqqa a fin de
preparar el asalto final de la “capital” simbólica del
califato, que comenzará apenas termine el ataque contra Mosul.

Esas dos ciudades, más algunas pequeñas localidades aisladas
en Siria son las últimas posiciones que le quedan al EI. El grupo
yihadista incluso parece haber perdido definitivamente Libia, donde
en su mejor momento había llegado a implantar entre dos mil a tres
mil combatientes sobre una franja costera de 250 km de largo y 50
km de profundidad en torno de la ciudad de Sirte, más otros
bolsones ubicados en las inmediaciones de Trípoli, Sabratah,
Bengasi y Derna, a orillas del Mediterráneo, así como en Sebba,
en el centro del país. El último bastión de Sirte cayó a
principios de diciembre, pero ese acontecimiento no llegó a trepar
a los titulares de prensa y pasó casi inadvertido.

Ese panorama demuestra que el sueño del “califato” de
Baghdadi entró en su fase crepuscular. Hollande lo dijo claramente
ayer durante sus visitas al frente de operaciones cerca de Mosul:
“En la batalla de Mosul la victoria está cerca. Es una cuestión
de semanas”, aseguró. Luego, en un plano más general, no dudó
en afirmar que “2017 será el año de la victoria contra el
terrorismo”.

Esa profecía tiene grandes posibilidades de cumplirse.
Militarmente, el EI está al borde de la derrota, pero no es
imposible que su derrumbe se produzca en medio de un cataclismo de
sangre y destrucción, como ocurrió con el régimen nazi en 1945.
Aun así, esa hecatombe no pondrá término a la amenaza terrorista
en el exterior.

El precedente de la resistencia palestina está aún vivo para
recordar que la capitulación militar dio origen a una legión de
grupúsculos de terroristas fanáticos que continuaron asolando el
mundo durante años.