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Italia revive el debate sobre la eutanasia

  • Lunes 27 de febrero de 2017
  • en Mundo

ROMA, Italia (OEM-Informex).- En Italia se reabre el debate
sobre un tema sumamente delicado: la eutanasia. La falta de una ley
que reglamente la voluntad de poner fin a la propia existencia abre
escenarios dramáticos para quien desea recurrir a este acto
extremo. Es el caso de Fabio Antoniani, de 40 años, de profesión
disc-jockey, desde hace casi tres años tetrapléjico y ciego a
causa de un grave accidente con su motocicleta y quien se sometió
el lunes voluntariamente al llamado “suicidio asistido” en una
clínica suiza.

La ley helvética autoriza desde hace años este método, es
decir, un acto con el cual un enfermo terminal decide
conscientemente morir sin la intervención directa de un médico,
cuya función es en práctica la de ayudar al enfermo a realizar su
deseo, suministrándole los medios para lograr su objetivo. Es
decir, la sustancia mortal, que el paciente bebe voluntariamente:
El ex disc-jockey se concretó a morder un botón para activar la
introducción del fármaco en su organismo.

Diversamente, la eutanasia prevé la intervención directa de un
médico, que por ejemplo desconecta los aparatos clínicos que
mantienen en vida artificialmente al enfermo o bien suministra,
también directamente, los fármacos mortales.


Análisis: 


Hablemos
sobre eutanasia, rompamos el tabú / María Esther Estrada,
corresponsal



La semana pasada, Antoniani se había dirigido (inútilmente) al
parlamento y al mismo presidente de la Republica, Sergio Matarella,
para que finalmente se discutiera y se aprobara un decreto de ley
que reglamente, en base a la “libertad individual de cada
persona”, el recurso a la eutanasia o al “suicidio asistido”.
De frente al silencio recibido como respuesta, el joven paciente
decidió ir a Suiza para poner fin a su drama.

“Finalmente llegué a Suiza y lo hice, lamentablemente, con
mis propias fuerzas y no con la ayuda del Estado (italiano)…”,
afirmo Antoniani antes de ingerir la sustancia mortal y de
agradecer al activista Marco Cappato, miembro de una asociación
que se pronuncia en favor de la eutanasia. “Gracias – le dijo
Fabio- por haberme sacado de un infierno hecho de dolor”.

Cappato, quien se encargó de transportar a Suiza al enfermo,
corre el riesgo de sufrir una pena de hasta 12 años de prisión
por “inducción al suicidio”.

El debate sobre este espinoso y dramático tema ya es objeto de
análisis y entrevistas en los medios de comunicación italianos.
Ahora se espera que en breve el parlamento lo afronte y apruebe
finalmente una ley, como la relativa al llamado
“biotestamento”, con el cual una persona establece su voluntad
futura en caso de encontrarse en situaciones, por ejemplo, como la
de Fabio Antoniani. Una ley siempre evocada pero nunca hecha.

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Comprensiblemente, el argumento es muy delicado también porque
atañe aspectos profundamente religiosos. La Iglesia es netamente
contraria a la eutanasia o al “suicidio asistido” y subraya que
la vida debe ser respetada y tutelada “desde su concepción hasta
su fin natural”.

El Vaticano está de acuerdo en cambio con la suspensión del
llamado “ensañamiento terapéutico”, o sea, cuando el enfermo
ha sido desahuciado y por lo tanto es inútil seguirle
suministrando ulteriores fármacos. Sin embargo, al mismo tiempo la
Iglesia puntualiza que el mismo paciente debe ser alimentado e
hidratado artificialmente hasta su muerte natural. Toca ahora al
Estado italiano legislar al respecto.