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Europa, de la inquietud a la desconfianza con las políticas de Donald Trump

  • Lunes 27 de febrero de 2017
  • en Mundo

  • Los “tres únicos adultos del Gobierno” del magnate no
    lograron restaurar los daños

Carlos Siula, Corresponsal

PARÍS, Francia. (OEM-Informex).- Desde que Donald Trump llegó
a la Casa Blanca, Europa y en general todos los aliados de Estados
Unidos tienen la sensación de estar presenciando una nueva
versión del mito de Sísifo. La mitología griega relata que,
castigado por haber insultado a los dioses, Sísifo fue condenado a
transportar una roca hasta la cima de una colina, pero —al llegar
a la cúspide— la piedra rodaba hacia abajo, obligándolo a
repetir el frustrante proceso ad infinitum.

Esa es la sensación que dan el vicepresidente, Mike Pence; el
secretario de Defensa, general James Mattis, y el responsable de la
diplomacia norteamericana, Rex Tillerson. Todo lo que construyen
pacientemente durante el día, Trump lo destruye por la noche.

Durante los tres días que permanecieron recientemente en
Múnich y Bruselas, los tres únicos adultos del Gobierno de Trump
—como los llama la revista Foreign Policy—, no lograron
restaurar los daños causados por el nuevo presidente a las
relaciones con Europa y con la Organización del Tratado del
Atlántico Norte (OTAN).

Cinco semanas después de la llegada de Trump al poder, la
crisis de confianza entre Europa y Estados Unidos es evidente,
grave y profunda. Por el momento, en el horizonte no se percibe
ningún indicio que permita esperar una evolución de la
situación.

Europa espera que esa “incertidumbre masiva” —como la
definió el presidente de la Conferencia de Seguridad de Múnich,
Wolfgang Ischinger— comience a disiparse durante la visita que
realizará Trump a Bruselas. A fines de mayo el ocupante de la Casa
Blanca debe realizar una visita a la Unión Europea (UE) y asistir
a una cumbre especial de la OTAN, institución que el presidente
norteamericano definió como “obsoleta”.

En la gestión del tiempo que tiene el presidente
norteamericano, tres meses es largo plazo. Pero, en todo caso, ese
periodo permitirá aclarar las incógnitas que pesan sobre el
panorama político europeo, pues ya se conocerán los resultados de
las elecciones en Holanda y Francia, y la actitud del líder ruso
Vladimir Putin sobre el conflicto en el este de Ucrania. Pence
explicó al respecto que la Casa Blanca esperaba que Moscú
respetara los acuerdos de Minsk.

Antes o después de su viaje a Bruselas, Trump deberá definir
la política que espera aplicar con Moscú.

Las cancillerías europeas miran con creciente preocupación la
actitud de la Casa Blanca en ese dossier clave de las relaciones
entre Rusia y Occidente.

Hasta hace algunos días, el abogado Michael Cohen —amigo
personal de Trump— trabajaba discretamente, al margen del
Departamento de Estado, para coordinar con el Kremlin un plan de
paz para poner término al conflicto en el este de Ucrania, que
provocó cerca de 10 mil muertos en tres años. Un acuerdo entre
las milicias rebeldes pro-rusas y el Ejército oficial ucraniano le
permitiría a Trump explicar su acercamiento con Moscú y hasta
justificar el eventual levantamiento de las sanciones económicas
aplicadas a Rusia después de la anexión de Crimea.

El plan también sugiere, al parecer, que los ucranianos decidan
por referendo si prestan a Rusia, por 50 o por 100 años, el
territorio de Crimea. Algunos detalles de ese proyecto, revelado
por The New York Times, permiten pensar que se trata de un acuerdo
claramente favorable a los intereses de Rusia.

Cohen y la Casa Blanca desmintieron la existencia de un plan
secreto que, por lo demás, entraña otro grave riesgo político:
debe tratarse del primer acuerdo con el Kremlin redactado sin
ninguna participación del servicio diplomático norteamericano.
Ese corto circuito de las esferas oficiales no es ilegal, pero es
inquietante porque deja el futuro de la posición de Estados Unidos
en ese conflicto de dimensiones geopolíticas en manos de Cohen, un
hombre que tiene vínculos familiares con Ucrania, país natal de
su esposa.

Los otros actores privados que intervinieron en esas
negociaciones también tienen conflicto de intereses: el empresario
Félix Sater ayudó a Trump a hacer negocios en Rusia y Andrei
Artemenko es un diputado ucraniano del Partido Radical, que
actualmente discute si lo expulsa o no.

“Ese tipo de ideas solo pueden ser lanzadas o apoyadas por
personas que representan abierta o secretamente los intereses
rusos”, se apresuró a denunciar el embajador ucraniano en
Washington, Valeriy Chaly.

En ese marco, es evidente que Ucrania va a ser la primera prueba
de fuego diplomática para Trump. El presidente no podrá
permanecer en silencio sobre ese conflicto durante mucho más
tiempo, pues —en forma simultánea— enfrenta la presión del
presidente Vladimir Putin. El hombre fuerte del Kremlin no disimula
su impaciencia frente a la incompetencia, improvisación,
indecisión e imprevisibilidad que muestra Trump y, de manera
general, todo el equipo de la Casa Blanca.

“¿Cuánto tiempo la primera potencia del mundo puede seguir
sin definir su política exterior?”, se alarmó recientemente
Daniela Schwarzer, investigadora del Consejo Alemán de Relaciones
Exteriores. Esa interrogante no puede permanecer abierta demasiado
tiempo sin poner en peligro la estabilidad mundial.