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“Falta de oficio” y “autoritarismo” las primeras críticas contra Macron

  • Sábado 22 de julio de 2017
  • en Mundo

La crisis del presidente Emmanuel Macron con las Fuerzas Armadas comienza a inquietar a los medios políticos franceses, que cuestionan su falta de oficio y perciben una peligrosa tendencia autoritaria.

En una semana, el jefe del Estado cambió dos veces de posición en relación al presupuesto del Ministerio de Defensa, criticó en público al jefe del Estado Mayor General, general Pierre de Villiers, al punto de obligarlo a renunciar y luego formuló un inesperado elogio a sus cualidades militares.

La crisis, que parecía haber concluido después de esa tensa secuencia, sufrió ayer una sorpresiva reactivación cuando el portavoz del gobierno, Christophe Castaner atacó violentamente al jefe militar en una entrevista exclusiva concedida al diario Le Figaro: el general de Villier “fue desleal en su comunicación -porque- escenificó su renuncia”, comentó.

El vocero del Presidente -que parece haber actuado respondiendo a instrucciones directas de Macron- juzgó que el factor “inaceptable” del militar fue su “comportamiento”. Por un lado se negó a respetar el pedido de Macron de postergar el anuncio de su renuncia durante 48 horas, señaló. Por otra parte, “jamás se vio que un jefe de Estado Mayor se expresara a través de un blog, formulara comentarios en off a la prensa e interpelara a los candidatos durante la campaña presidencial”, enumeró.

“Actuó como un poeta reivindicativo”, comentó en términos claramente peyorativos. “Habría sido más positivo escuchar su visión estratégica en lugar de sus comentarios presupuestarios”, agregó.

Castaner también confesó que, durante los dos meses que Macron y el general de Villiers trabajaron juntos, su relación careció de “confianza recíproca”.

Las declaraciones del portavoz del gobierno -de una severidad poco habitual- provocaron una cascada de reacciones en los medios políticos. “Visiblemente furioso de que nadie apoyara su estrategia de humillación pública, -Macron- envió a su portavoz a difundir el verdadero pensamiento presidencial”, denunció el Partido Socialista en un comunicado.

“Castaner trata de ensuciar al general de Villiers, que en ningún momento abandonó su deber de reserva”, comentó por su parte el secretario general del Frente Nacional (FN) de extrema derecha.

La crítica más severa provino del exministro de Defensa, Gérard Longuet, del partido de derecha conservadora los Republicanos (LR). Después de considerar que las declaraciones de Castaner sólo sirvieron para “reactivar una polémica que era preciso apaciguar”, acusó directamente a Macron de haber tomado esa decisión.
“Para tratar una crisis militar grave, Macron no puede recurrir a un ministro debutante”, sentenció.

Desde que asumió el poder, el 14 de junio último, es la primera vez que la mayoría de la clase política juzga abiertamente con severidad el comportamiento de Macron.

Tanto la oposición, como los sindicatos y la prensa consideran que la actitud del Presidente en este episodio fue desafortunado tanto en el fondo como en la forma. Por un lado, modificó su posición dos veces en menos de una semana y, por otra parte, actuó con el alto jefe militar como un maestro con un niño rebelde. Su forma de proceder puso de relieve que Macron, de 39 años, no tiene todavía el oficio ni la sangre fría de un político profesional.

Esa evidencia sorprendió incluso a los miembros de su propio partido La República en Marcha (LREM), pero esos diputados y ministros carecen de suficiente peso político, autonomía y experiencia como para atreverse a criticar al hombre que los condujo al poder.

El Presidente tampoco contó con los consejos apropiados de un ministro de Defensa habituado a tratar con militares. La titular de esa cartera, Florence Parly, tiene experiencia en la dirección de empresas públicas y como exsecretaria de Estado de Presupuesto de 2000 a 2002. Pero no tiene ninguna familiaridad con las particularidades de una cartera tan singular como el Ministerio encargado de las Fuerzas Armadas y la Defensa Nacional.

Los brutales recortes de presupuestos que precipitaron la renuncia del general de Villiers fueron sólo la parte más visible del iceberg. Una batería de decisiones similares también afectaron, en diversa medida, a otros sectores de la actividad pública. Alcaldes y responsables de otras colectividades no ocultan su irritación por las drásticas reducciones de gastos dictadas por Macron desde el Palacio del Elíseo sin ninguna concertación previa.

Ese contexto de tensiones augura un mal comienzo para las primeras escaramuzas con los sindicatos cuando el Parlamento comience a tratar el fondo de la reforma laboral a partir de la semana que viene. Macron dispone de la mayoría necesaria para hacer aprobar la ley, pero si persiste en actuar sin consulta corre el riesgo de enfrentar una tenaz oposición popular, dispuesta a dar batalla en la calle.