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Festeja China el Año Nuevo Lunar con austeridad

  • Sábado 28 de enero de 2017
  • en Mundo

BEIJING, China (Agencias).- Los pueblos y ciudades de toda China se preparaban este fin de semana para celebrar el Año Nuevo lunar, aunque muchas de estas festividades se verán afectadas por la crisis económica que ha golpeado duramente a este gigante asiático en el último año.

Sin embargo, pocos festejos son tan elaborados como el que se llevó a cabo en Liuminying, una aldea en los alrededores de Beijing.

Cuatro hombres en ropajes tradicionales de color amarillo tocaban grandes tambores para anunciar el inicio del banquete de Año Nuevo en el pueblo de Liuminying, una aldea ubicada en los alrededores de Beijing.

Dentro de la sala de reuniones del pueblo había 100 mesas puestas con una docena de platos llenos de salchichas, frutos secos y fruta.

Después de varios platos llegó el manjar estrella: las empanadillas, o jiaozi, que la gente de todo el norte de China considera una pieza obligada de la celebración del Año Nuevo

Después de varios platos llegó el manjar estrella: las empanadillas, o jiaozi, que la gente de todo el norte de China considera una pieza obligada de la celebración del Año Nuevo

En un almacén externo esperaban miles de empanadillas con forma de media luna, preparadas a mano el día anterior, listas para ser cocidas y servidas.

Lo que comenzó con una comida discreta patrocinada por la rama local del Partido Comunista se ha convertido en un festival que este año sirvió comida a má de mil personas durante un espectáculo de tres horas, con cantos y bailes.

El espectáculo comenzó a las 10 de la mañana con música y aplausos. Un grupo de niños agitaba pompones en un baile sincronizado. Después hubo un sorteo, se presentó un gran cartel conmemorando el Año Nuevo y se ofrecieron otras canciones y discursos.

Conforme avanzaban las actuaciones, los asistentes empezaron a pelar naranjas y abrir nueces. Unos pocos fumaban cigarrillos en sus mesas, algo que no se ve a menudo en los restaurantes de Beijing desde que la ciudad prohibió fumar en el interior de los establecimientos hace dos años.

Fuera, docenas de trabajadores preparaban estofados de carne y verduras en grandes parrillas. Uno colocaba carbón bajo las parrillas, provocando grandes llamas.

Unas pocas horas después de que se abrieran las puertas, se llevaron los primeros platos. Se retiró el plástico que cubría muchos de los platos de la mesa. Los comensales descorcharon botellas de vino y en unas pocas mesas, abrieron las cajas rojas en el centro. Dentro había botellas de un licor chino de grano llamado baijiu, que se pasaron de mano en mano para una serie de brindis.

Después de varios platos llegó el manjar estrella: las empanadillas, o jiaozi, que la gente de todo el norte de China considera una pieza obligada de la celebración del Año Nuevo.

El festín terminó cuando los asistentes apilaron sus platos y boles, provocando un ruido que iba creciendo conforme más gente empezaba a marcharse.

Fuera encontraron los sonoros estallidos de los fuegos artificiales, otra tradición del Año Nuevo. Aunque las autoridades en Beijing han limitado las ventas de fuegos artificiales, Liuminying está lo bastante lejos como para que fuera fácil encontrar vendedores en la calle. El cielo era azul claro, en un respiro poco habitual del smog que cubre el norte de China en invierno.

Sin embargo, las celebraciones del presente año se han visto acotadas por una crisis económica que afecta a China en general.

El Gobierno pidió a los habitantes que durante los festejos de la Fiesta de la Primavera, como también se conoce a los festejos del Año Nuevo, que moderaran sus gastos, ante una desaceleración que ha sufrido la economía del país y a un menor dinamismo en sus exportaciones.

Sin embargo, es la ocasión más importante que tienen muchos para reunirse con sus familiares.

En días anteriores, millones de chinos se agolparon delante de la estación de tren en Beijing, a -5 ºC, para ir a ver a sus familiares con motivo de la celebración del Año Nuevo del Gallo, que empieza este sábado.

Estas vacaciones, llamadas “la Fiesta de la Primavera”, son las más importantes del año en China y son sinónimo de reunión familiar, comidas fastuosas e impresionantes fuegos artificiales.

Las autoridades prevén que se efectuarán cerca de 3 mil millones de trayectos durante 40 días, según la agencia oficial china Xinhua. Se trata de la mayor migración humana del mundo.

Con los asientos limitados, los chinos lo tiene difícil para encontrar billetes de tren. Qi Xi, de 23 años, forma parte de los afortunados.

Gracias a una aplicación de móvil para comprar boletos, consiguió uno de estos billetes. El único problema es que al estar completos todos los trenes rápidos, tendrá que conformarse con una plaza en un convoy que tardará todo un día en recorrer los mil kilómetros hacia su provincia natal, en Heilongjiang. Pero podría haber sido peor. “Mi colega de trabajo todavía no ha conseguido encontrar billetes. Y no podrá volver” a su casa, declara el joven, mientras fuma un cigarrillo tras otro delante de la estación.

Según las estadísticas oficiales, unos 282 millones de chinos originarios del campo trabajan en zonas urbanas. También muchos ejecutivos viven en grandes ciudades de otras regiones por razones profesionales.

Para muchos, el Nuevo Año lunar es el único momento del año en el que podrán reunirse con su familia, muchas de las cuales están a cargo del hijo único que han dejan los padres para poder ir a trabajar a las ciudades. Según cifras oficiales, el país cuenta con 61 millones de niños “dejados” por su padres en el campo tras emigrar a los centros urbanos.