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Francisco y el dilema Donald Trump

  • Jueves 2 de febrero de 2017
  • en Mundo

Muchos se preguntan por qué el jefe de la Iglesia Católica no se ha pronunciado públicamente de frente a la ofensiva del nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, contra la inmigración latinoamericana y sobre todo mexicana, y de la procedente de países musulmanes. Iniciativas que tocan el corazón de la estrategia del Pontífice argentino, que ha hecho de este tema una bandera durante sus casi cuatro años de pontificado. La respuesta estaría en las dudas de Bergoglio acerca de la “doctrina” de Trump.

Por lo pronto, Francisco, contrariamente a su carácter y su línea, ha preferido, con una prudencia inusual, movilizar a sus “tropas”, es decir las conferencias episcopales nacionales, y sobre todo la de Estados Unidos, además de algunos cardenales y de sus órganos de información, como el “Osservatore Romano”, que interpretan fielmente su sentir y que, por lo tanto, manifiestan la crítica y la preocupación de la Iglesia por las medidas de Trump.

La prudencia manifestada por Francisco sobre Trump, según algunas fuentes vaticanas, se debe a que ha preferido no alimentar la polémica, política y cultural, que está dividiendo a Estados Unidos y al mundo occidental. Por lo tanto, considera más oportuno aplicar la sugerencia de los diplomáticos de alto rango del Estado pontificio y de la Iglesia en general, en tratar tanto con gobernantes cercanos a la doctrina eclesiástica, como con quienes están del otro lado de la barrera.

Y no obstante su temperamento y la extrema preferencia dada al tema de la inmigración, Francisco ha preferido esta vez actuar con “diplomacia eclesiástica”, aun con el riesgo de contradecir la línea que ha seguido hasta ahora.

El hecho es que, como recodo el “Corriere della Sera”, por un lado, está la ofensiva contra los inmigrantes, principalmente de los latinoamericanos, que representan un poco el “pueblo de Bergoglio” que hace dos años llego a Washington como representante de esa área del mundo y de los “excluidos”. A esto se agrega la prohibición a ingresar en Estados Unidos a los ciudadanos de siete países musulmanes.

Sin embargo –puntualiza el cotidiano- “por otro lado está también la ‘Marcha por la vida’ y contra el aborto, apoyada públicamente por Trump y su ejecutivo.

En este último aspecto se incluye también el nombramiento como juez de la Suprema Corte de Estados Unidos de Neil M. Gorsuch, conocido por su línea anti-abortista.

Dos argumentos opuestos y que contribuirían de manera determinante a alimentar el dilema de Francisco y explican su actual “prudencia diplomática”.

Esta, por lo tanto, muy lejos aquel 18 de febrero de hace un año, cuando regresando de México, Bergoglio definió “no cristiano” a quien construye muros, refiriéndose claramente al entonces candidato a la Casa Blanca. Trump es ahora el Presidente de Estados Unidos también gracias al voto de una parte no indiferente del electorado católico.

Por ahora, y quien sabe por cuánto tiempo más, Francisco prefiere callar, concretándose a los mensajes (diplomáticos) de felicitación enviados por él mismo y por su “primer ministro”, el cardenal Pietro Parolin, al 45º presidente estadunidense el día de su investidura.

De esta manera, el Vaticano ha confiado su reacción esencialmente a los obispos estadunidenses, además del cardenal Peter Turkson, el cual habló públicamente de “preocupación” de la Santa Sede “por la señal que se da al mundo” con las medidas adoptadas por Trump.

A ellos se agregó ayer el diario vaticano “Osservatore Romano”, que refiriéndose a la política migratoria de Trump escribió que “cerrar las puertas a los inmigrantes, así como la construcción de muros no significan progreso”.

“La historia demuestra –preciso el cotidiano- que Estados Unidos ha construido su potencia económica, y por lo tanto su influencia política, gracias al trabajo de los inmigrantes”.

El “Osservatore Romano” subrayó que las iniciativas del nuevo presidente afectan a personas provenientes de siete países de mayoría musulmana considerados en riesgo de exportar terroristas –Ir-án, Irak, Libia, Sudán, Somalia, Siria y Yemen- y no de otros con los que Estados Unidos mantiene “estrechas relaciones económicas”.

A este respecto, algunos analistas han destacado el hecho de que en esta lista negra no están Arabia Saudita y Emiratos Árabes, de donde procedían algunos de los terroristas autores de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, “también porque en estos países Donald Trump tendría fuertes intereses económicos”.