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Húngaros votan este domingo sobre cuota de refugiados

  • Viernes 16 de febrero de 2018
  • en Mundo

PARÍS, Francia.- Si no fuera dramático, sería curioso. Parece
difícil imaginar que el ritual de exclusión que van a celebrar
hoy (domingo) ocho millones de húngaros se realiza en pleno siglo
XXI en uno de los países de Europa Central que más sufrió las
atrocidades del nazismo y luego del comunismo.

Hungría, en todo caso, concurrirá hoy a las urnas para votar
en un referéndum que debe pronunciarse sobre las cuotas de
refugiados establecidas por la Unión Europea (UE). El Gobierno
populista del primer ministro Viktor Orban resumió ese trágico
dilema humano y geopolítico en una pregunta binaria: “¿Quiere
que la Unión Europea tenga derecho a determinar una cuota
obligatoria de ciudadanos no húngaros en Hungría sin el
consentimiento del Parlamento?”.

Esa consulta, sobre todo planteada de esa forma, representa un
claro desafío a la política migratoria definida en 2015 por la
mayoría de los miembros del bloque. Los sondeos predicen que el
“no” obtendrá una neta mayoría. Pero la victoria solo será
vinculante si la participación es superior al 50 por ciento de los
inscriptos. De lo contrario, la consulta no será válida. Las
encuestas dudan de que se pueda alcanzar ese límite.

En cambio, solo acuerdan un porcentaje insignificante al voto
por el “sí”, respaldado únicamente por pequeños grupos de
oposición de la izquierda liberal urbana, artistas e
intelectuales. En su mitin de cierre de campaña, esos sectores
reunieron menos de 5 mil personas en Budapest, una ciudad que tiene
más de dos millones de habitantes.

La gran mayoría de la población, incluyendo la juventud, es
partidaria de un rechazo contundente de la inmigración. El
Gobierno aprovechó esa tendencia para dramatizar la campaña,
haciendo una grotesca amalgama entre refugiados e islamismo. “No
podemos correr el riesgo”, dicen los carteles oficiales que
invitan a votar “no” el domingo. “¿Sabía que los
terroristas de París eran refugiados?”, dice -falseando la
verdad- otro afiche ampliamente difundido en Budapest.

La amplia propaganda del Gobierno desde el año pasado,
intensificada en las semanas previas al referéndum, estimuló un
fuerte rechazo social a la instalación de refugiados en el país:
76 por ciento de la población considera que los migrantes aumentan
la amenaza de terrorismo y 82 por ciento están convencidos de que
serán un lastre económico para el país, según los resultados de
una reciente encuesta del Pew Research Center. En verdad, según el
sistema de cupos establecido por la Comisión Europea (CE),
Hungría debería aceptar apenas mil 500 personas.

Orban -xenófobo, autoritario y poco respetuoso de las
libertades democráticas- lanzó la idea del referéndum en
febrero, para aprovechar la exasperación de la opinión pública
después de que unos 400 mil refugiados atravesaron el país en
2015 con la esperanza de poder llegar a Alemania. Orban fue el
primer dirigente europeo que -en plena crisis de refugiados-
decidió instalar una barrera de alambres en sus fronteras con
Serbia y Croacia para impedir que continuara el flujo
migratorio.

Su Gobierno también adoptó, con el respaldo del Parlamento,
una dura legislación que reprime hasta con cinco años de cárcel
el cruce ilegal de las fronteras. Además aprobó otra reforma
legal que permite trasladar a los países vecinos a los refugiados
interceptados cerca de las fronteras.

En el verano de 2015, el mundo presenció con estupor las
imágenes de miles de refugiados hacinados en campos improvisados
sin comida, agua ni condiciones sanitarias dignas. En esa época,
otra escena ilustró el desprecio de la sociedad húngara con los
refugiados: la zancadilla de la periodista Petra Laszlo a un
refugiado que corría desesperado con un niño en brazos para
tratar de eludir un cordón policial.

En ese contexto, es probablemente que el “no” obtenga un
respaldo abrumador, según las encuestas.

Aun si la participación no llega al mínimo necesario de 50 por
ciento, Orban podrá explotar los resultados para exhibirlos como
un respaldo a su política de rechazo a los refugiados y su
hostilidad al sistema de cuotas adoptado por la UE en 2015.

“Si no se llega a la obligación legal de 50 por ciento, igual
se conseguirá el papel político que Orban confiere al
referéndum” para presentar los resultados como un escudo para
impedir que la Unión Europea le imponga una cuota de refugiados,
interpretó Gergely Gyulas, vicepresidente del Parlamento y hombre
fuerte del partido gubernamental Fidesz.

El gran dilema reside en que la virtual rebelión de Hungría
frente a la UE pueden alentar a los otros países de la región
-como Polonia, Eslovaquia y la República Checa- a imitar el
ejemplo. Esos países, que forman el llamado grupo de Visegrado,
resisten tenazmente a la propuesta sobre inmigración lanzada por
la UE en 2015 que consistía en reubicar a 160 mil refugiados antes
de fines de 2017.

En Bruselas, numerosos dirigentes argumentan que la UE no puede
seguir tolerando esa indisciplina. Hay quienes proponen incluso que
se expulse a los cuatro países del grupo. La canciller Angela
Merkel es una de las más inquietas porque la rebelión de Orban
amenaza con repercutir dentro de su país. A un año de las
próximas elecciones generales, los partidos germanos de extrema
derecha comienzan a exigir que el Gobierno alemán se inspire del
ejemplo húngaro y convoque a un referéndum sobre los refugiados o
modifique la generosa política que autorizó el ingreso de un
millón de migrantes en 2015.

Los líderes más moderados de Bruselas, sin embargo, son
partidarios de actuar con mesura para evitar que una nueva crisis
-sumada a todas las que existen en la UE- pueda poner en peligro la
supervivencia del bloque.